Celda de un Carmelita Descalzo

Carmelitas Descalzos cantando durante la Santa Misa Solemne

Santa Misa Rezada

Comunidad R.R.P.P Carmelitas Descalzos

R.R.PP. Carmelitas Descalzos.

Del Monasterio de los R.R.P.P Carmelitas Calzados tradicional de EEU, 14 Carmelitas de la bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, (entre ellos 10 sacerdotes, 2 legos y 2 profeso simple), piden vivir la descalced ,y nada mejor que donde empezó, en España.

Se ponen en contacto con S.I.Rvdma.Sr.D. Pablo de Rojas en 2018 pidiendo estar bajo su protección y establecerse en Vizcaya. D. Pablo dió viabilidad al proyecto, pero hasta el 2 de julio de 2019 no se bendice la Casa que hace de Monasterio, en Neguri, y se establece la nueva comunidad religiosa para vivir la Santa Regla Primitiva de San Alberto.

Son un Monasterio autónomo, cuyo Prior es el Rvdmo. P. Carlo Pereira. D. Pablo les puso una condición, que el Prior dispensara a algunos P.P. Carmelitas y colaborasen en el apostolado de la Pía Unión  de San Pablo Apóstol, atendiendo a las Madres Carmelitas Descalzas y Religiosas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús. Aceptando la petición de D. Pablo, y concediéndole cierta autoridad sobre ellos, esta es el único Carmelo de R.R.P.P. Carmelitas Descalzos Católicos en Europa.

Historia de la Orden de los Carmelitas Descalzos.

 Los primeros Padres Carmelitas se establecieron como eremitas en el Monte Carmelo (Palestina) durante el período de las Cruzadas, venidos a Tierra Santa ya como peregrinos o como caballeros cruzados.

Estos monjes adoptaron de particular manera un modelo de vida inspirado en la devoción a la Santísima Virgen María y la vida del profeta Elías, carisma que ha sido transmitido y preservado a las generaciones sucesivas.

San Alberto, Patriarca de Jerusalén (1149-1214), por solicitud de San Brocardo, prior del monasterio del Monte Carmelo, redactó la Regla que regiría en lo sucesivo a esta orden contemplativa, estableciendo la forma de vida a través del cual los carmelitas buscan a Dios y la perfección en la vida cristiana. Este breve documento regula los elementos básicos que deben sostener la vida de estos monjes, destacando la estricta obediencia al prior del monasterio, oración individual y comunitaria, votos de obediencia, castidad y pobreza, así como un estricto régimen de ayuno y abstinencia. Esta regla fue posteriormente aprobada, sin mayores modificaciones, por los papas Honorio III en 1226 y Gregorio IX en 1229.

Con el paso del tiempo y, debido al establecimiento de la dominación musulmana en territorio palestino, la Orden Carmelita se encontró en medio de una feroz persecución, viéndose forzados a abandonar su ubicación original en el monte Carmelo.

Hacia el año 1238 estos monjes se trasladaron primero a Chipre y Sicilia, para luego instalarse en el año 1242 en las localidades de Aylesford y Hulne, Inglaterra. A contar de esa fecha, el número de fundaciones y vocaciones a la vida carmelita presenta un desarrollo exponencial en toda Europa, y particularmente en la isla británica. Este incremento está particularmente vinculado al gobierno de San Simón Stock (1165-1265), a quien la Santísima Virgen otorgó el escapulario del Carmen y quien fuera elegido superior de la orden en 1245.

Hacia el año 1274 existían más de cuarenta fundaciones entre Inglaterra y Francia, once en España, tres en Escocia, así como otros conventos en Italia y Alemania. Debido a su nueva ubicación en Europa y las necesidades evangelizadoras de la Iglesia, nació en esta Orden la intención de renovar su estilo monacal para adaptarlo al de las órdenes mendicantes propias de la baja Edad Media, como la Orden de Santo Domingo y la Orden Franciscana. El Papa Inocencio IV, mediante la bula Quem honorem Conditoris (1274), modificó la Regla de la Orden. Por de pronto, las fundaciones ya no tendrían que estar necesariamente ubicadas en lugares aislados, permitió la recitación del Oficio Divino comunitario y relajó las reglas de abstinencia.

Durante los siglos XIV y XV, los Carmelitas, así como otras órdenes religiosas, experimentaron un declive, que hizo imperativa su reforma. En 1432, los Carmelitas obtuvieron del Papa Eugenio IV la bula Romani pontificis, que mitigó la Regla de San Alberto y su modificación de 1247, bajo el argumento de ser extremadamente exigente para los monjes. Los principales cambios corresponden al relajamiento del estricto ayuno impuesto por la regla original y la obligación de permanencia en sus celdas individuales, la autorización para comer carne hasta tres veces a la semana, y el permiso para deambular por los pasillos y el claustro. Si bien esta reforma que asimiló la Regla Carmelitana y la de otras órdenes mendicantes, constituyó una fuente de tensión en el interior de la Orden. Para muchos religiosos significó una pérdida del espíritu y objetivo original de la misma. Fruto de estas tensiones, tres prioratos ubicados en Valais, Toscana y Mantua rechazaron la bula papal y conservaron la estricta observancia de la Regla original. Si bien el papa Eugenio IV reconoció a este capítulo de monasterios como independientes y con el derecho a conservar la observancia a la regla original, fue gracias a los esfuerzos reformadores del beato Juan Soreth (1394-1471), fundador de la Segunda y Tercera orden Carmelitana, que estos monasterios se reconciliaran y se reintegraran en la orden original.

Sin duda, uno de los momentos más significativos en la historia de la Orden fue la labor reformadora llevada a cabo en España por Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591). Al igual que Santa Teresa de Jesús San Juan de la Cruz siente una gran insatisfacción con el modo de vivir la vida contemplativa en el Carmelo, le hacen considerar irse a la Cartuja, pero en 1567 regresa a Medina del Campo por unos pocos días para ser ordenado presbítero y celebrar su primera misa en presencia de su hermano, el resto de su familia y sus amigos del convento y allí conoce a Teresa de Cepeda y Ahumada, futura santa Teresa de Jesús, que había llegado a la ciudad para fundar una nueva sede de su «Reforma carmelita», los llamados Carmelitas Descalzos. Santa Teresa convence a San Juan de la Cruz y lo une a su causa de reforma de su orden, que tropezó con una gran hostilidad de los Carmelitas Calzados.

fray Juan regresa a Salamanca e inicia estudios de teología durante el curso 1567-1568, pero sólo termina un curso de cuatro por lo que no obtuvo ni siquiera el grado de bachiller.

En agosto abandona Salamanca para acompañar a Teresa en su fundación femenina de Valladolid. El 28 de noviembre de 1568 funda en Duruelo (Ávila) el primer convento de la rama masculina del Carmelo Descalzo siguiendo la «Regla Primitiva» de San Alberto esto es, un establecimiento que propugna el retorno a la práctica original de la orden.

Durante la ceremonia cambia su nombre por el de fray Juan de la Cruz. En 1570 la fundación se trasladó a Mancera,​ donde fray Juan desempeñó el cargo de subprior y maestro de novicios. En 1571, después de una breve estancia en Pastrana, donde puso en marcha su noviciado, se establece en Alcalá de Henares como rector del recién fundado Colegio convento de Carmelitas Descalzos de San Cirilo.

fray Juan se convierte en uno de los principales formadores para los nuevos adeptos a esta reforma carmelitana. En 1572 viaja, invitado por Santa Teresa de Jesús, al Convento de la Encarnación en Ávila, donde asumirá las tareas de vicario y confesor de las monjas. Permanecerá aquí hasta finales de 1577, por lo que acompañará a la madre Teresa a la fundación de diversos conventos de descalzas, como el de Segovia.

Durante este periodo, en el seno de la Orden del Carmelo se habían agravado los conflictos jurisdiccionales entre los carmelitas calzados y descalzos, debidos a distintos enfoques espirituales de la reforma; por lo demás, el pleito se enmarcaba también en la confrontación entre el poder real y el pontificio por dominar el sector de las órdenes religiosas.

Así, en 1575, el Capítulo General de los Carmelitas decidió enviar un visitador de la Orden para suprimir los conventos fundados sin licencia del General y de recluir a la Madre Teresa en un convento.

Finalmente, en 1580 el Carmelo Descalzo se erige en Provincia exenta y en 1588 es reconocida como tal. En este contexto es en el que se produce el encarcelamiento de Fray Juan de la Cruz, quien ya en 1575 había sido detenido y encarcelado en Medina del Campo durante unos días por los frailes calzados.

La noche del 3 de diciembre de 1577 San Juan de la Cruz es nuevamente apresado y trasladado al convento de frailes carmelitas de Toledo, donde es obligado a comparecer ante un tribunal de frailes calzados para retractarse de la Reforma teresiana. Ante su negativa, es recluido en una prisión conventual durante ocho meses. Durante este periodo de reclusión escribe las treinta y una primeras estrofas del Cántico espiritual (en la versión conocida como protocántico), varios romances y el poema de la fonte, y los canta en su estrecha reclusión para consolarse.

Tras concienciarse de que su liberación iba a ser difícil, planea detenidamente su fuga y entre el 16 y el 18 de mayo de 1578, con la ayuda de un carcelero, se escapa en medio de la noche y se acoge en el convento de las Madres Carmelitas Descalzas, también en Toledo.

Para mayor seguridad, las monjas lo envían al Hospital de Santa Cruz, en el que estuvo mes y medio. La fuga se da en la madrugada del 15 de agosto de 1578: la anécdota tiene que ver con que el santo quería celebrar misa en honor de la Virgen, lo comunica días anteriores y el Superior le responde "Jamás en mis días".

En 1578 se dirige a Andalucía para recuperarse completamente. Pasa por Almodóvar del Campo, cuna de los místicos San Juan de Ávila y San Juan Bautista de la Concepción, y luego llega como Vicario al convento de El Calvario en Beas de Segura, Jaén. Entabla amistad con Ana de Jesús, tras algunas visitas a la fundación de Beas.

En junio de 1579 se establece en la fundación de Baeza donde permanece como Rector del Colegio Mayor hasta 1582, en que marcha para Granada tras ser nombrado Tercer Definidor y Prior de los Mártires de esa ciudad. Realiza numerosos viajes por Andalucía y Portugal, por razones del cargo.

En 1588 es elegido Primer Definidor y Tercer Consiliario de la Consulta, la cual le traslada a Segovia. Tras un nuevo enfrentamiento doctrinal en 1590, es destituido en 1591 de todos sus cargos, y queda como simple súbdito de la comunidad. Durante su viaje de vuelta a Segovia, cae enfermo en el convento de La Peñuela de La Carolina y es trasladado a Úbeda, donde muere la noche del 13 al 14 de diciembre.

A diferencia de la Orden descalza que se inclinó por adoptar el Misal Romano una vez que este fue Promulgado por San Pío V, la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo conservó el Rito Carmelitano hasta la Reforma Litúrgica introducida por el malogrado CVII.

 

Quien desee obtener más información al respecto, puede escribir al siguiente correo electrónico: secret.monsrojas@hotmail.es, o llamar por teléfono al 680 813 102. Será un placer atenderles.