Mons. de Rojas. 1.). Parte. Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la Raza Aria Mediterranea.

 

Programa de higiene racial

Geneticistas y conductistas

Dos tablas maravillosas, joyas del Museo del Prado, muestra del inmortal genio de Alberto Durero, representan a nuestros primeros padres en momentos de plácida felicidad. Contempla extasiado Adán la espléndida hermosura de Eva, que, fascinada por la serpiente, no corresponde en aquel momento a la admiración y embeleso de su compañero. Resplandecen los desnudos cuerpos de armonía en las proporciones, impecabilidad de las líneas, exuberancia de la salud. La florida adolescencia de la magnífica pareja no merecerá tilde del más exigente de los eugenistas; y con dificultad comprendemos que de tan bello tronco hayan brotado frutos como los monstruos retratados por Velázquez. Si la Naturaleza prodiga tales fenómenos al cabo de los siglos, débese a que el bello edificio humano ha sido corroído por las injurias del tiempo y ha sufrido intoxicaciones e infecciones que menoscabaron su primitiva belleza y salud, surgiendo en el transcurso del tiempo tipos deformes.

Entendía Platón por Eugenesia el cultivo de la virtud en los padres para transmitírsela a los hijos como legado en aras de noble descendencia. Desde que Galton resucitó el vocablo, se ha escrito demasiado y se ha hablado mucho más todavía de eugenesia, deformando los primitivos conceptos del filósofo griego y del sociólogo británico. Se ha desfigurado equivocadamente el primitivo concepto eugenésico galtoniano, que por sus principios concedía a la eugenesia jerarquía de ciencia social, virando, impulsada por influencias materialistas, hacia una orientación arteramente biológica o antropológica, con la cual ha conseguido reducir sus horizontes, sin alcanzar verdadera independencia científica. Partiendo del postulado positivista de que el individuo debe ser sacrificado en beneficio de la comunidad, se ha circunscrito la eugenesia a la selección de los individuos antropológicamente perfectos, cometiendo para lograrlo graves atentados contra la libertad individual, pues con tales preceptos eugenésicos retrocedemos a tiempos de omniminosa esclavitud, en beneficio de una pseudocivilización cuyas conquistas no han logrado, por cierto, la felicidad del hombre moderno.

Existen actualmente dos tendencias doctrinales que aspiran ambas en igual manera al mejoramiento de la personalidad humana, tendencias que olvidan en sus exclusivismos que la formación de la personalidad humana depende a la vez de la herencia y de los factores ambientales y externos que influyen en el desarrollo. Proclaman los conductistas que la educación y el medio ambiente son capaces de moldear a nuestro antojo el ser humano a los fines de obtener el biotipo que deseamos: la educación lo sería todo; la herencia, nada. Piensan, en cambio, los geneticistas y antropólogos que la herencia impónese al hombre, y que la salud de la especie no puede encontrarse en otra parte que en el mejoramiento de la herencia, importando muy poco la educación y las influencias externas.

Medio ambiente y herencia participan en la formación y desarrollo del hombre, demostrando tanto la observación como la experiencia que la contribución proporcional de los factores exógenos y endógenos varía para cada individuo, sin que en la inmensa mayoría de los casos podamos determinar su fuerza respectiva. Ejercen los genes inexorable influencia sobre el individuo y le imponen caracteres cuyo desarrollo completo depende de que se dejen desenvolver libremente las influencias ancestrales o se modifiquen mediante fuerzas ambientales. Las semejanzas en la forma corporal, estatura, rasgos fisonómicos, temperamento y personalidad de hijos de los mismos padres, educados en igual manera, son de origen ancestral, pero siempre existirán entre ellos diferencias impresas por la actuación del medio ambiente.

Bases biológicas de la eugenesia 

Persigue la eugenesia geneticista la selección de los elementos procreadores, a fin de que padres biológicamente perfectos procreen hijos sanos y mejoren progresivamente las razas. Trátase de una selección de los genes, basada biológicamente en una serie de principios, que, según Mestre Medina (Joaquín Mestre Medina, Herencia y Eugenesia, Bilbao 1935), son los siguientes:

Tendencia natural de las especies a conservarse en el tiempo, sin perjuicio de modificarse y poder evolucionar por efecto de la selección, transmitiéndose, a la par que esa facultad conservadora, los caracteres nuevos grabados en el germen de las estirpes.

Conocimiento de un «substrátum» efectivo de los fenómenos hereditarios, localizado en los cromosomas nucleares de las células sexuales, perfectamente estudiado con la más exquisita experimentación y universalmente admitido.

Sistematización matemática de los hechos ocurridos en los cruzamientos, que parte de los trabajos de Mendel y que ha demostrado su certeza al coincidir perfectamente con los modernos resultados de la investigación cromosómica.

Reiterado estudio estadístico de hechos de esta naturaleza, iniciado por la escuela galtoniana, indispensable para substituir en el hombre los métodos experimentales, donde son imposibles.

Descubrimiento de la teoría de las mutaciones, explicativa de los cambios que el medio opera en el patrimonio hereditario adquirido.

Existencia de fenómenos de contraselección en los procesos degenerativos de las razas, compensados por la reacción antidegenerativa natural.

Los precedentes postulados, principios o fórmulas biológicas que sirven de base a la eugenesia geneticista, surgen de la aplicación de una serie de métodos que permiten determinar si un carácter es hereditario o adquirido, si en caso de ser hereditario sigue o no las leyes mendelianas, base de la moderna genética.

De la exposición de los precedentes principios infiérese que la eugenesia se fundamenta en el conocimiento y aplicación práctica de las leyes de transmisión de los caracteres hereditarios y adquiridos; pero para que sea una ciencia exacta precisa probar si en nuestra especie rigen las leyes mendelianas de la herencia. Parece lógico que el hombre esté supeditado a idénticas leyes hereditarias que los mamíferos, animales pequeños y plantas; pero hasta la fecha no han podido comprobarse en la especie humana las leyes de la herencia con la misma facilidad que en otras inferiores. 

Hemos de tener presente en primer término que en el hombre compensa la selección natural en mayor escala que en los animales, las diferencias biológicas transmitidas por herencia y que tienden a mejorar la raza, debido a que la inteligencia preside la lucha por la existencia. Por otra parte, el hombre hállase sumergido en un medio ambiente artificial y que perjudica sus condiciones de vitalidad, por entregarse a placeres y tóxicos que degeneran sus propiedades biológicas transmisibles por herencia.

Tiene la selección natural por sí misma la virtud de eliminar los caracteres hereditarios desfavorables, pero no crea favorables, sino que vigoriza los existentes. Pero la intensidad y las directrices de la selección las condiciona siempre el medio ambiente, que el hombre puede modificar artificiosamente. Prácticamente es imposible seleccionar los hombres, clasificándolos en vigorosos y sanos y enfermos e inválidos, para cruzar los primeros e impedir la procreación de los últimos, pues en los cruzamientos entre hombres intervienen una serie de factores que impiden la perfecta selección.

En lo que a las enfermedades respecta, prodúcese una selección relativa, puesto que el número de descendientes del individuo enfermo disminuye en relación a los descendientes del individuo sano. Sabemos que los sordomudos se casan más frecuentemente que los ciegos, pero más raramente que los normales. Los asténicos e hipoplásicos están afectos simultáneamente de debilidad constitucional y genésica, disminuyendo con ello las probabilidades de procreación. La mayoría de las enfermedades mentales y nerviosas trastornan en tan alto grado la vida social del individuo, que las posibilidades de fecundación descienden considerablemente. La selección de los homosexuales es automática, por ser en ellos frecuente la infecundidad. Los psicópatas tienen menos probabilidades de procrear que los normales, a causa de sus frecuentes reacciones antisociales, y también por suicidarse con frecuencia. Los morfinómanos suelen tener escaso número de hijos, por hallarse inhibido su instinto genésico, al contrario que los alcohólicos, cuya descendencia suele ser numerosa, pero de tan escasa vitalidad que la mortalidad infantil es terrible en las familias de alcohólicos.

La eugenesia ha de estudiar otros factores que los biológicos, pero como en ella es fundamental el conocimiento de la herencia, abordaremos inmediatamente tan interesante asunto.

Antropología social 

La antropología social (O. V. Verschaner, loc. cit.) es una ciencia dedicada al estudio de los fenómenos antropológicos en los grupos sociales humanos. Investiga la antropología social si la pertenencia a determinado grupo social está ligada a la posesión de determinadas propiedades somáticas o psíquicas y si tales propiedades distinguen a unos grupos humanos de otros. Tales grupos sociales pueden estar unidos por propiedades biológicas o por las características de determinada civilización. La tendencia moderna no es considerar la familia propiamente dicha (padres e hijos) como grupo social, sino como unidad biológica. La unidad social está constituida, en el caso de la familia, por los lazos familiares establecidos por las costumbres o las leyes, o los comunes amores y necesidades. Son factores que agrupan a los hombres en unidades sociales: la amistad, la profesión, las ideas políticas, &c.

La pertenencia de un individuo a un grupo social hace que sea influido, en manera permanente o pasajera, por los restantes sujetos del grupo. La influencia mutua será tanto mayor cuanto mayores sean las trabazones sociales entre los individuos de la unidad social. Puede decirse en términos generales que el incremento de la civilización y de la técnica intervienen para que el hombre se halle pesadamente envuelto en el medio ambiente social, mientras ha perdido influencia el medio ambiente natural.

Las condiciones de la vida natural del hombre han experimentado una modificación radical consecuentemente a su vida en perpetua relación social. Quizás escape a tal influencia ambiental la vida intrauterina, pero de todas suertes está sometido el feto indirectamente a los daños que pueda sufrir la madre y también a la vida de ésta durante la gestación.

Durante la vida extrauterina la influencia del medio ambiente es directa y permanente. La alimentación artificial, los vestidos infantiles incómodos y estrechos, la falta de aire y de luz y tantos otros factores sociales pueden perjudicar el desarrollo del lactante, mientras pueden influir beneficiosamente sobre el organismo la lucha contra la mortalidad infantil, la difusión de las medidas higiénicas en el pueblo, &c. Pasada la infancia, las circunstancias ambientales sociales son muchas veces de decisiva influencia sobre la raza: por ejemplo, la alimentación, el vestido, la vivienda, el ejercicio, las influencias psíquicas paternas, docentes y de otros hombres, la clase de trabajo, los goces de la vida, la posición social, &c. 

Las influencias ambientales mencionadas hállanse en muchos casos determinadas por mecanismos sociales, de manera que los grupos de individuos están influidos por el medio ambiente, en su desarrollo, con arreglo al grupo social a que pertenecen, aunque sus propiedades hereditarias sean semejantes. Pero hemos de determinar si las distintas propiedades antropológicas de los grupos sociales son transmisibles por herencia, perdiendo interés para el antropólogo si tales investigaciones resultan negativas. 

Interesa especialmente a la antropología social el conocimiento de si las resultantes de las propiedades individuales hereditarias de un grupo social humano pueden ser influidas u originarse, total o parcialmente, por algunas o todas las condiciones de vida externa del grupo. El problema es de trascendencia, puesto que intentamos conocer la medida en que los cambios del medio ambiente pueden producir variaciones en las propiedades biológicas hereditarias, ya que en último término implican para el hombre un cambio en el medio ambiente cada progreso en la civilización, cada adelanto en la técnica, cada nuevo invento que mejore sus condiciones de vida. El descubrimiento de la electricidad, del vapor, del transporte por el aire, significan cambios en el medio ambiente, como también el de los rayos X, o el de las ideas filosóficas y sociales de Kant, Spengler, Marx, Stalin, &c. El comunismo, por ejemplo, ha determinado en Rusia un cambio radical en las condiciones del medio ambiente, que quizás haya influido sobre las cualidades biopsíquicas de la raza eslava. 

Se ha valido la antropología social especialmente de la estadística para formular algunas conclusiones respecto a la condicionabilidad social del hombre en relación con sus propiedades biopsíquicas; pero son todavía mucho más importantes las investigaciones efectuadas en gemelos univitelinos, con objeto de averiguar la importancia que el medio ambiente social ejerce en la modificación de las cualidades hereditarias. Pártese del hecho, tan conocido, de que los gemelos bivitelinos suelen presentar algunas diferencias en sus caracteres antropológicos aunque estén sometidos a idéntico medio ambiente y se dediquen a igual clase de trabajo. Los gemelos univitelinos apenas se diferencian uno de otro en tales condiciones.

Se observaron durante algún tiempo dos gemelos univitelinos, de los que uno era grabador y otro aserrador de árboles, ocurriendo al cabo de los años que el último se hacía mucho más robusto y aumentaba sus diámetros transversales, también la talla, mientras que el gemelo sometido a una vida sedentaria, aumenta de peso y alarga su cuerpo. 

2.). Parte

Pudo también estudiarse un caso sumamente demostrativo de cuatro gemelos, una de cuyas parejas era bivitelina y otra univitelina, ambas sometidas durante la infancia al mismo medio ambiente. Los gemelos univitelinos apenas podían diferenciarse, mientras que los bivitelinos, no solamente presentaban diferencias en su aspecto somático y medidas antropológicas, sino también diferían en que uno de ellos mostraba aficiones y aptitudes para el trabajo mental, mientras el otro se conformaba con el trabajo manual.

Hemos de llegar a la conclusión de que las diferencias observadas en los gemelos bivitelinos son, en parte, debidas a la herencia, y en parte al medio ambiente, mientras que las que se observan en los univitelinos débense exclusivamente al medio ambiente.

Segregación

Agradezcamos al filósofo Nietzsche la resurrección de las ideas espartanas acerca del exterminio de los inferiores orgánicos y psíquicos, de los que llama «parásitos de la sociedad». La civilización moderna no admite tan crueles postulados en el orden material, pero en el moral no se arredra en llevar a la práctica medidas incruentas que coloquen a los tarados biológicos en condiciones que imposibiliten su reproducción y transmisión a la progenie de las taras que los afectan.

El medio más sencillo y fácil de segregación consiste en internar en penales, asilos y colonias a los tarados, con separación de sexos. Cuentan la mayoría de los países en su archivo legislativo preceptos que mantienen a criminales, delincuentes, mendigos y vagabundos encerrados en establecimientos y en condiciones tales que sea imposible o difícil la paternidad. Preténdese además modificar las condiciones psicopatológicas de los internados a beneficio de una reeducación que eleve sus aptitudes morales y para el trabajo.

Belgas e ingleses han prestado extraordinaria atención al problema de la separación y reeducación de los indeseables biológicos. Clasifícanse los tarados en grupos de imbéciles, alcohólicos, perversos, peligrosos, &c., según su edad, sexo, antecedentes psicopatológicos y demás circunstancias que impongan una separación y régimen especial en la vida y reeducación. Durante el tiempo previsto sométense los internados a una vida higiénica, reeducación cultural, moral y aprendizaje remunerado de un trabajo, concediendo, cuando llega el caso, períodos de libertad condicional y vigilada. La privación definitiva de libertad o el alta llegan a su tiempo, según el comportamiento del individuo y resultados obtenidos. A primera vista, ningún método de segregación de los indeseables puede ofrecer ventajas que superen al internamiento en los asilos y colonias de reeducación; pero el método ofrece graves inconvenientes y sus resultados no han sido, por desgracia, muy satisfactorios.

La segregación ha de limitarse: por parte de los inferiores biológicos, a los inválidos, que necesariamente han de ingresar en los hospitales de incurables o vivir a expensas de la familia; por parte de los tarados psíquicos, a los delincuentes conocidos que no hayan escapado a la acción de la policía y a los psicópatas menores de edad e incorregibles cuyos padres busquen en el internamiento la paz del hogar y su tranquilidad personal. Los enfermos mentales apresurase la familia a internarlos en el manicomio en seguida que representen un peligro o una carga.

Ni en el grupo de indeseables somáticos ni en el de los psíquicos es completa la segregación. Un repaso de la lista de enfermedades y defectos transmisibles por herencia (capítulo VI) nos informa de su infinito número y variedades y de la imposibilidad de segregación en muchos casos, donde tampoco es necesaria. Mayor importancia tendría la segregación de los inferiores biológicos minados por la tuberculosis, la sífilis o las intoxicaciones, que necesariamente han de engendrar una progenie paupérrima; pero ello es imposible, por razones sociales y económicas fáciles de vislumbrar. 

La segregación del grupo numeroso de psicópatas antisociales es la que ofrece mayores escollos. Estos individuos inestables, vagabundos, estafadores, dipsómanos, cleptómanos, pendencieros, paranoides, pululan en los bajos fondos sociales, llevan una vida ajustada a sus tendencias instintivas, sin estar sometidos a ley alguna, mirados con indiferencia, si no con complacencia, por la sociedad, para la que son peligrosos, no obstante lo cual tolera sus malos hábitos.

En el supuesto de que una legislación perfecta y la suficiencia de medios económicos permitieran la segregación de los antisociales, no son, ciertamente, muy alentadores los resultados obtenidos en la inmensa mayoría de estos sujetos. Luego de haber pasado algunos años en el reformatorio y de haber guardado una conducta normal, de haberse transformado el antisocial en un sujeto moral y trabajador, al salir del establecimiento parece como si la energía antisocial almacenada tuviera necesidad de expansión, y vuelven, quizás con mayor pertinacia, a sus antiguos malos hábitos y costumbres.

No puede fundamentarse la higiene racial en la segregación de los psicópatas antisociales; en primer término, porque puede ocurrir que la descendencia no posea las taras de las progenitores, además de que únicamente podremos impedir la reproducción durante el espacio de tiempo, breve o prolongado, de permanencia en el correccional o reformatorio.

En defensa de los imbéciles

Los imbéciles o inferiores mentales están condenados a la segregación, y más modernamente a la esterilización, contra la que se revuelven sociólogos, economistas, filósofos, moralistas y hasta teólogos, sin que falten denodados paladines que defiendan los postulados eugenésicos geneticistas.

Es muy difícil decidirse por uno u otro campo: en primer lugar, por los amplios grados de la deficiencia mental, y en segundo lugar, por la variedad y complejidad de los factores etiológicos de la oligofrenia congénita o adquirida en los primeros años de la vida.

Algunos propugnan la esterilización de los individuos que no alcancen determinado grado de inteligencia, porque el déficit intelectual coloca en condiciones de inferioridad para la lucha por la vida, incapacita para subvenir a las necesidades materiales de los hijos, e inhabilita para proporcionar a la prole la necesaria educación. Adúcese también que la oligofrenia suele ser compañera inseparable de la miseria, del alcoholismo, de la sífilis y de toda suerte de lacras sociales. Como además suele ser muy numerosa la descendencia de los débiles mentales, todavía aumentan las dificultades para criar y atender la prole.

Admitimos que el progenitor deficiente mental está en condiciones de inferioridad respecto de las personas inteligentes para mantener y educar a sus hijos; pero ¿sólo prosperan en la vida los inteligentes? Creemos todo lo contrario, pues observamos frecuentemente que las dotes éticas y la constancia en el trabajo suplen con exceso las escasas facultades intelectuales, logrando mucho más el oligofrénico trabajador que el holgazán inteligente. Son muchos los que desperdician sus talentos y aptitudes, derrochando preciosas facultades en la frivolidad y el escándalo, mientras que mediocres afanosos logran ascender en jerarquía social gracias a la continuidad en el esfuerzo. Tenemos el ejemplo de nuestros «indianos», aldeanos ni muy cultos ni muy inteligentes, que han llevado a cabo magníficos negocios en Sudamérica y hoy ocupan puestos de decisiva influencia social.

La herencia de la debilidad mental de grado mediano o leve está por demostrarse de un modo concluyente. Únicamente sabemos que el promedio de buenas capacidades es mayor cuanto más elevado el nivel social de una familia; pero ello no quiere decir otra cosa sino que las familias que tienen medios para educar a sus hijos con buenos maestros logran en el transcurso de las generaciones la elevación del nivel mental familiar.

El análisis de numerosos trabajos dedicados al estudio de la herencia de la debilidad mental llévanos a la conclusión de que la transmisión hereditaria no es un hecho fatal. Cierto es que en las familias oligofrénicas abundan los inferiores mentales, los psicópatas, los delincuentes, los amorales; pero escapan a la tara hereditaria elevado porcentaje de individuos. La abundancia en tales familias de degenerados débese más bien a la influencia de variadas causas exógenas, sobre las que debe intervenir tanto la eugenesia como la higiene mental, la higiene general, la sociología y la economía.

Eugenesia positiva

Hemos visto que la eugenesia geneticista ofrece una orientación eminentemente negativa, pues sus medidas tienen por objeto eliminar de la paternidad al mayor número posible de inferiores biológicos y psíquicos. Cierto es que también alienta y propaga la reproducción de los selectos biopsíquicos, pero sucede en la práctica que tales selectos tienen escasas aficiones a la paternidad, o muchas mujeres selectas son estériles, y también ocurre que los hijos de padres seleccionados resultan raquíticos o tontos. 

Sabida es la importancia, que la genética concede al estudio de los caracteres transmitidos a los gemelos univitelinos, pues son dos individuos distintos que se han repartido por igual la masa hereditaria, y los cromosomas presentan idénticas cualidades. Los gemelos univitelinos poseen la misma constitución genética, y, consecuentemente, habrían de ser idénticos en su configuración corporal, en su fisonomía, en su temperamento, en sus reacciones caracterológicas, además de padecer también las mismas enfermedades endógenas.

Dos gemelos univitelinos pueden ser tan semejantes de cuerpo que difícilmente se distinguen uno de otro. En sus hábitos y costumbres parecen también iguales. Cuando se trata de una enfermedad endógena –por ejemplo, locura o hipertiroidismo–, pueden incluso padecerla en las mismas fechas y con idénticos síntomas. Pero cada uno de ellos tendrá una personalidad diferente, será distinto el nivel intelectual, o uno más aplicado que el otro; también las aficiones y aptitudes profesionales marchan por camino diferente. Tales diferencias resultan de que la personalidad psicológica individual se superpone, adapta, configura, y termina por subyugar a la personalidad somática. La diferencia entre dos gemelos univitelinos será tanto mayor cuanto más grande sea el nivel intelectual de uno de ellos, pues únicamente se parecen las inteligencias rudimentarias o mediocres.

Racionalmente suponemos que el mejor medio de impedir la degeneración de la raza será multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles, para que no predominen en la masa de población. Si mejoramos los inferiores, si los colocamos en condiciones favorables de subsistencia, perjudicaremos a los selectos, cuyas ideas e inventos serán aprovechados por los degradados y mediocres, que, nutriéndose a expensas de la actividad vital de los fuertes, terminan por dejarlos exhaustos.

Dice Nietzsche en una de sus obras más vulgarizadas, en el Ocaso de los Dioses, que «la compasión hacia los degenerados, la igualdad de los derechos de los inferiores, constituye la mayor de las inmoralidades, pues se tiene por moral lo contrario a la naturaleza». Inhumano el concepto, tampoco refleja exactamente los principios de la moral, al menos de la moral cristiana, predominante en el mundo civilizado. Los inferiores orgánicos y mentales tienen tanto derecho a reproducirse como los selectos, encargándose la Naturaleza de velar por estos derechos con sus numerosas excepciones a las llamadas leyes de la herencia.

A nuestro entender, para impulsar la regeneración de la raza, mejor que selección de los biotipos, perfeccionamiento de los fenotipos, mediante una acción constante sobre cada individuo para mejorarlo física y moralmente. En esta acción consiste la eugenesia positiva, pues otra es materialmente imposible, y más imposible todavía reglamentar la reproducción de los humanos como la de los animales. 

Parécenos que mucho más que las condiciones antropológicas de los progenitores influyen en la descendencia, por razones que ampliamente expondremos, las ideas morales y culturales del pueblo. Han fracasado los intentos de mejorar artificialmente la calidad biológica de los inferiores. No creemos que haya sido seguido de resultados prácticos el ensayo propuesto por Lossen de actuar mediante los rayos Roentgen sobre los elementos germinales contenidos en las glándulas sexuales. La técnica biológica moderna ha de tardar mucho en lograr mediante artificios que una tara hereditaria de carácter dominante se transforme en recesiva.

Observamos, por otra parte, que un cuerpo social entregado a la baja sensualidad de las naciones decadentes, una sociedad preocupada exclusivamente de su mejoramiento material, una cultura fomentadora del egoísmo, una moral subjetiva e individualista, podrán proporcionar, en el mejor de los casos, padres capaces de engendrar magníficos ejemplares humanos desde el punto de vista de la salud corporal, triunfadores en las olimpíadas, hércules atléticos; pero también creará un pueblo bárbaro y materializado, de potentes músculos y cerebro microgiro, esclavo de su fuerza física.

Sería absurdo un programa de mejoramiento eugenésico del pueblo fundamentado en la eliminación de los indeseables. Hay que mejorar los más aptos para el perfeccionamiento de la raza, lo cual reclama una previa selección, por otra parte no siempre es fácil de efectuar. Frente a la selección natural, dominante en los gobiernos oligárquicos y aristocráticos, tenemos la selección artificial, que únicamente es factible en los países de organización estatal y marxista. La experiencia esta a favor de la selección natural, de la aristocrática, que favorece a los superdotados, pero simultáneamente también a los inferiores biológicos, aunque sin perjudicarlos.

 

3.). Parte.

 

Múltiples son las pruebas a favor de la selección natural. Hace muchos siglos que llamó Teofrasto la atención acerca de la diversidad de costumbres, caracteres, vicios y virtudes de los griegos, no obstante estar situada toda la Grecia bajo el mismo cielo y educados sus habitantes de la misma manera. Enseña la sagaz observación del discípulo de Aristóteles que siempre existirán atletas y enclenques, estúpidos y genios, superhombres e imbéciles, por idénticas que sean las condiciones climatológicas, la alimentación y otros factores higiénicos que influyen sobre el individuo.

Eugenesia e higiene racial

Dice el profesor Fischer, de Berlín, que antes de planear los medios y objetivos de una política nacional eugenésica, deben sacarse conclusiones exactas acerca de lo que sabemos de las leyes de la herencia, han de estudiarse las condiciones demográficas del país, y tenerse también presentes las ideas culturales que influyen, consciente e inconscientemente, sobre el pueblo. Tienen importancia los postulados del profesor alemán, porque si bien es cierto que los grandes progresos efectuados en los últimos lustros por la genética nos permiten formular un pronóstico hereditario biológico, todavía ignoramos si los hijos heredan las propiedades psíquicas de los padres, y en virtud de qué leyes tiene lugar tal transmisión hereditaria. Acaso tenga razón Mussolini para decir que, por no ser igualmente inteligentes el hombre y el caballo, también han de ser distintas las normas de su crianza, fundamentando en esta distinción su política racial.

Los políticos nacionalsocialistas inclínanse del lado del fundador del fascismo, estableciendo fundamental diferencia entre eugenesia e higiene de la raza, al contrario que los políticos liberales y marxistas, quienes pretenden se olvide la palabra higiene de la raza, para substituirla por la anodina de eugenesia. Ha constituido honda preocupación de los directivos de la política nacionalsocialista el estudio de todos los problemas biológicos relacionados con el mejoramiento de la raza, polarizándolos en un aspecto higiénico social, con el grave inconveniente de promulgar atrevidas medidas legislativas por mera preocupación antisemita, tal la esterilización de los tarados neuropsíquicos, que ya ha merecido en otro párrafo nuestra atención.

Quiere el doctor Mestre Medina (loc. cit.) que el verdadero concepto de la higiene racial sea impersonal y sin fronteras, tendente al cuidado y mejora de las generaciones humanas presentes; no con vista a las pasadas, sino con la esperanza puesta en las futuras, para que ni se agoten ni empeoren sus caracteres hereditarios, y a ser posible los perfeccionen, ideas que el autor mencionado ha tomado de Graf, quien considera que el punto de partida de todas las tendencias de la higiene racial no está en la distinción entre las diferentes razas humanas, sino en la selección de los potenciales hereditarios beneficiosos, para evitar los perjudiciales.

El autor español última y repetidamente mencionado, no cree en la existencia de una raza. Entiende por raza la población de una nación en un momento cronológico, producto de las más diversas mezclas de genotipos y de nuevos cruzamientos. Pronúnciase en contra de la llamada comúnmente política racial, que más bien parece detener la evolución natural de las razas precisamente en aquel punto en que nuestras conveniencias nacionales o nuestra sensibilidad lo consideran más agradable o conveniente, pero privándose quizá de conducirla a otro mejoramiento. Considera la selección racista como una selección de castas, retrógrada, pues al cruzarse genes de tipos antropológicos distintos, no se perjudicarían y hasta sobrevendrían mejoras.

Si pudiéramos separar lo corporal de lo anímico, en la unidad cuerpo-espíritu que constituye el hombre, tendrían sobrada razón Graf y Medina; pero a la luz de la biología contemporánea, después de los modernos estudios de la escuela de Kretschmer, francamente evolucionista, confírmase la unión de cuerpo y espíritu mantenida por Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Llegados a tal conclusión científica, la política racial hemos de orientarla en el sentido de mejorar el fenotipo, no de conservar el genotipo, y el fenotipo es regional, local; esto es, racial. No obstante lo dicho, los principios de la política racial son universales, aplicables a todos los pueblos y a todas las razas, progresando eugenésicamente el pueblo que mejor aplique los principios en que creemos radica la higiene de la raza.

Los modernos pensadores hablan de higiene de la raza en el sentido de un perfeccionamiento de los hombres superiores pertenecientes a ella, mientras que la eugenesia limítase a la conservación de los genes sanos de la totalidad del pueblo. El caudal hereditario de una raza está corroído, en la esfera somática, por las infecciones o intoxicaciones que haya podido sufrir el plasma germinal en el curso de las generaciones, o por las agresiones de un medio ambiente poco apropiado para la conservación del cuerpo; en la esfera moral y afectiva, está constituido el caudal hereditario por virtudes y vicios, bondad y perversidad, generosidad y egoísmo. La higiene racial exaltaría las cualidades excelsas de la raza actuando conjuntamente sobre el individuo y sobre el medio.

Han seguido los geneticistas el equivocado camino de proponer exclusivamente medidas negativas, restrictivas, para mejorar la especie. En cambio, la higiene racial, por hallarse sustentada por la higiene mental tanto como por la física, se apoya en la biología, fundamenta sus principios en la psicología aplicada, tiende a neutralizar también las desviaciones instintivas de la personalidad que, deformando los sentimientos, influyen sobre las restantes esferas de la actividad psíquica. Por eso, en la defensa de la salud psíquica del pueblo aparecen estrechamente unidas la moral tradicional y la higiene mental, aunque sus medios sean distintos.

Higiene mental e higiene racial

Repetidamente hemos hablado en los precedentes párrafos, de constitución biopsíquica, de personalidad, de genotipo y fenotipo, conceptos que, para mejor comprensión de los principios de la higiene racial, conviene explicar brevemente.

Los términos personalidad y constitución biopsíquica son equivalentes, sinónimos también de carácter, definiéndose personalidad como el conjunto de disposiciones hereditarias mediante las cuales se caracteriza la idiosincrasia individual, desarrolladas y enriquecidas a beneficio de la experiencia. El «genotipo» equivale al soma hereditario y comprende todas las propiedades contenidas en las gónadas que se transmiten a la descendencia según ciertas leyes. Denominase «paratipo» a la totalidad de los factores ambientales que actúan sobre el ser durante el curso de su evolución vital. De la actuación del paratipo sobre el genotipo resulta el «fenotipo», entendiéndose por tal aquello que nos ofrece un individuo en el momento de nuestra observación.

La personalidad está incluida en el fenotipo, elemento que comprende a la vez cualidades físicas y psíquicas heredadas y adquiridas; en el genotipo hallamos únicamente cualidades heredadas, por ejemplo, el orgullo y la forma de la nariz de ciertas familias; en el paratipo, únicamente cualidades adquiridas, verbigracia, la perversión moral consecutiva a la encefalitis epidémica.

Es importante saber, porque en ello radica la esencia de la higiene racial, que las propiedades constitucionales de las gónadas que imprimen su carácter al genotipo, pueden modificarse gracias a la influencia del ambiente, modificación que es tanto más profunda cuanto más precoz y prolongadamente se ejerce la influencia ambiental sobre las propiedades heredadas. Claro está que la modificación debida al ambiente puede ser favorable o desfavorable para el fenotipo, siendo la misión del higienista de la raza procurar que la modificación resulte beneficiosa para el individuo y sus descendientes.

Colígese de las precedentes nociones el camino que debemos seguir en la higiene racial: seleccionar y mejorar los genotipos, e impedir que degeneren los fenotipos, evitando o neutralizando los agentes morbosos que puedan actuar sobre aquéllos. La eugenesia geneticista hemos visto que se ha orientado en un trabajo de selección; consiste, por una parte, en anular los genotipos deficientes para que no se reproduzcan, y por otra parte, en facilitar la abundancia de los mejores para que se prodiguen. Pero esto no es suficiente, y para que el fenotipo sea perfecto hemos de trazar amplio programa a la higiene racial, que actúa principalmente sobre el medio ambiente, conforme quieren los conductistas.

La atmósfera pura, presupuesto determinado grado favorable de calor y humedad, favorece el desarrollo de las plantas cuando sus raíces reciben de la tierra el suficiente alimento. También el hombre se desarrolla espléndidamente cuando la higiene crea condiciones ambientales propicias, pero no solamente físicas, sino también morales, pues hemos de atender al alma y al cuerpo si queremos que las tendencias instintivas perjudiciales al desarrollo de la personalidad no anulen otras tendencias que contribuyen a su perfeccionamiento. Para ello es preciso que el individuo se halle continuamente sumergido en una atmósfera sobresaturada de moralidad, a gran tensión ética, con objeto de que sus emanaciones se incrusten en el fenotipo y se transformen en fuerzas instintivas susceptibles de transmitirse hereditariamente. Pretende la higiene racial obtener genotipos perfectos a fuerza de crear fenotipos ideales.

Cuando nos enfrentamos con la higiene racial en la forma que la hemos concebido, rozamos constantemente las prácticas de la higiene integral, pero principalmente las de la higiene mental, pues corresponde a ésta y a la higiene racial señalar los rumbos de la educación infantil, con el fin de modificar las tendencias afectivas perversas del niño y substraerle a vivencias perniciosas; inculcar al joven principios éticos y estéticos que le aparten de la sífilis, del alcohol y del libertinaje; dirigir la educación sexual de la juventud para evitar la formación de complejos afectivos subconscientes, espinas psíquicas causa de futuras neurosis; elevar el nivel cultural del pueblo y dulcificar las relaciones sociales, como medio de paliar los conflictos internos creados incesantemente en la lucha por la vida. Siguiendo las prácticas de la higiene mental, influimos sobre el porvenir de la raza, puesto que pretendemos una educación del pueblo en principios de severa moral, cultivamos sentimientos altruistas y mantenemos un ambiente espiritual que permite, conforme al principio platoniano, transmitir a los hijos los altos valores espirituales de los padres y obtener noble descendencia.

Concepto de la raza

Los intelectuales materialistas se han revuelto contra el concepto, netamente genérico, de la raza, que quieren aplicar en un sentido estrictamente biológico. Todavía existen algunos pueblos inferiores, como  indios, negros, judíos, japoneses, que, gracias a un aislamiento endogámico, conservan relativa pureza.  dentro de su inferioridad racial. La mayoría de los pueblos hállanse constituidos por el cruzamiento de genotipos diferentes y numerosos, no pudiendo hablarse en ellos de raza, si concedemos al concepto una aplicación exclusivamente zoológica.

Cuando Oswald Spengler habla de raza, no lo hace en el sentido que hoy está de moda entre los semitas de Europa y América, esto es, en un sentido darwinista-materialista. Dice el mencionado filósofo que la pureza de raza es un término grotesco, ante el hecho de que hace milenios que se han mezclado todas las especies y estirpes, habiendo acogido gustosas al extranjero, precisamente las estirpes guerreras, las más ricas y sanas en su porvenir. Lo que importa no es la raza pura, sino la raza fuerte que un pueblo integra. La mujer de raza no quiere ser «compañera» o «amante», sino «madre», y madre de muchos hijos. La mera reflexión sobre el número de hijos deseado o temido delata la extinción del instinto de perduración de la raza. El hombre quiere tener hijos esforzados que continúen y acrecienten en el futuro, más allá de su propia muerte, su nombre y sus hechos, lo mismo que él se siente heredero del renombre y de la obra de sus mayores.

Creemos, con Spengler, que lo que importa es la raza fuerte que integra el pueblo o nación. Raza fuerte en cuerpo y en espíritu, como tantas veces hemos repetido. Al hablar nosotros de raza, nos referimos a la raza hispana, al genotipo ibérico, que en el momento cronológico presente ha experimentado las más variadas mezclas a causa del contacto y relación con otros pueblos. Desde nuestro punto de vista racista, nos interesan más los valores espirituales de la raza, que nos permitieron civilizar tierras inmensas e influir intelectualmente sobre el mundo. De aquí que nuestro concepto de la raza se confunda casi con el de la «hispanidad».

No podemos los españoles hablar de pureza del genotipo racial, menos quizás que otros pueblos, pues las repetidas invasiones que ha experimentado la península han dejado sedimento de variadísimos genotipos. Mezclados los antiguos iberos con griegos y latinos, han sufrido las invasiones africanas, las infiltraciones judía, germana, gala e incluso nórdica, de manera que más que de una raza trátase de un pueblo sometido a muchas influencias civilizadoras y cruces de genotipos.

 

4.). Parte.

 

En la raza ibérica no existe unidad en el biotipo, y así el vasco nos ofrece una figura corporal, un temperamento y un carácter que le hacen muy distinto del andaluz, del catalán, del gallego y del castellano. Pero la raza ha rebasado los límites territoriales y ha poblado o repoblado muchas naciones americanas, infundiéndoles no solamente caracteres biológicos, sino ideas, hábitos, idioma, religión y cultura, de manera que el argentino, el peruano, el chileno, el mejicano, ofrecen tales semejanzas con el castellano, por ejemplo, que podemos hablar de unidad racial. Empero repetimos que no hemos de dar importancia ni al ángulo facial ni al color de la piel, porque lo que llamamos raza no está constituido exclusivamente por las características biológicas que pueden transmitirse al través del plasma germinal, sino por aquellas que son luz del espíritu, como el pensamiento y el idioma.

Depurada la civilización ibérica primeramente en el crisol hispano-romano-visigótico, pulimentada por la influencia arábiga, alcanza el máximo esplendor en el Siglo de Oro, para declinar, a partir de entonces, en triste decadencia. A pesar de la decadencia política internacional y de la merma del poderío guerrero, el pensamiento español subsiste vigoroso y mantienen los pensadores españoles su prestigio hasta mediado el siglo XVIII. Todavía iluminan el mundo chispazos del ingenio hispano después de los grandes desastres que nublaron los postreros años del rey inmortalizado por Velázquez y el reinado de su cretino vástago. Consúmase la decadencia con la guerra de sucesión, comenzando con la dinastía borbónica una invasión de aventureros, cortesanos y lacayos franceses, irlandeses y saboyanos, carcoma de España, culpables de la ruina de la filosofía hispana, baluarte de la raza.

La política racial tiene que actuar en nuestra nación sobre un pueblo de acarreo, aplebeyado cada vez más en las características de su personalidad psicológica, por haber sufrido la nefasta influencia de un círculo filosófico de sectarios, de los krausistas, que se han empeñado en borrar todo rastro de las gloriosas tradiciones españolas. Somos en la actualidad, tanto desde el punto de vista biológico como psicológico, un pueblo inculto, arrivista, materializado. Podríamos remozarnos con el recuerdo de glorias pasadas, pero hasta de esto se quiere despojarnos, y una prensa a sueldo del marxismo internacional se ha dedicado, con finalidades políticas, a derribar los ídolos de nuestra historia. El hecho de substituirse en un grupo escolar el nombre de Lope de Vega por el de un obscuro maestro argentino, revela claramente lo que puede esperarse de nuestra «raza».

Necesitamos emprender denodada lucha higiénica contra los gérmenes morbosos que carcomen la raza hispana para conducirla a la más abyecta de las degeneraciones. No se trata de volver a los valores humanos del siglo XV o XVI pura y simplemente. Trátase de reincorporados al pensamiento, hábitos y conducta del pueblo, a los fines de sanear moralmente el medio ambiente, de manera que se refuerce psicológicamente el fenotipo para que no degenere el genotipo. La política racial comprende en sus medios todo lo que enseña la biología y la higiene, pero atiende como supremo fin a la civilización dimanada de la formación filosófica, traducida siempre en sana moral del pueblo.

Se ha propuesto la segregación de los inferiores biológicos y psíquicos, y se abren las puertas de la cárcel para que influyan en la vida pública una serie de psicópatas antisociales y amorales. Se aísla a las gentes afectas de enfermedades infecciosas y no a quienes contaminan el cuerpo social con ideas disolventes que conducen a la corrupción, la criminalidad y la locura. De esta suerte es imposible una raza sana de cuerpo y de espíritu, impregnada del espíritu de la hispanidad. 

Concepto de la Hispanidad

Hemos llegado los españoles a un punto de nuestro desenvolvimiento histórico sumamente delicado para el porvenir de la raza; pues o nos dejamos arrastrar por las corrientes positivistas y materialistas que dominan en la mayor parte del mundo, o, con los pueblos italiano y alemán, volvemos a la demanda de nuestros valores espirituales y raciales, que nos permitieron civilizar tierras inmensas, todavía, ligadas a la Madre España, después de un siglo de independencia, por los lazos de una civilización común.

Un patriota español residente en la Argentina, don Zacarías de Vizcarra, propuso hace pocos años que el titulado Día de la Raza se denominase en lo sucesivo Día de la Hispanidad. El concepto Hispanidad comprende y caracteriza a la totalidad de los pueblos hispanos. Un ilustre pensador, don Ramiro de Maeztu, recogió la idea del sacerdote argentino, erigiéndose en paladín de la Hispanidad. Del libro Defensa de la Hispanidad (Editorial Fax, Madrid 1934) recogemos las siguientes ideas: 

Desde que España dejó de creer en sí, en su misión histórica, no ha dado al mundo de las ideas generales más pensamientos valederos que los que han tendido a hacerla recuperar su propio ser. No hay un liberal español que haya enriquecido la literatura del liberalismo con una idea cuyo valor reconozcan los extranjeros, ni un socialista la del socialismo, ni un anarquista la del anarquismo, ni un revolucionario la de la revolución.

Lo que nos hace falta es desarrollar, adaptar y aplicar los principios morales de nuestros teólogos juristas a las mudanzas de los tiempos. El ímpetu sagrado de que se han de nutrir los pueblos que ya tienen valor universal, es su corriente histórica. La corriente histórica nos hacía tender la Cruz al mundo entero.

Hizo brillar el Padre Vitoria con su doctrina de la gracia la esperanza de la salvación en todos los mortales. Con ello se salvó en el hombre la creencia en la eficacia de su voluntad y de sus méritos, idea que inspiró la legislación de las tierras americanas descubiertas. De la posibilidad de salvación se deduce la de progreso y perfeccionamiento, no solamente ético, sino también político. Es comprometerse a no estorbar el mejoramiento de sus condiciones de vida y aun a favorecerlo todo lo posible.

El ideal hispano está en pie. Lejos de ser agua pasada, no se superará mientras quede un solo hombre en el mundo que se sienta imperfecto. Cuando volvemos los ojos a la actualidad, nos encontramos, en primer término, con que todos los pueblos que fueron españoles están continuando la obra de España. Si ha de evitarse la colisión de Oriente y Occidente, existe una necesidad urgente de que se resucite y extienda por todo el haz de la tierra aquel espíritu español que consideraba a todos los hombres como hermanos, aunque distinguía los hermanos mayores de los menores.

Hace doscientos años que el alma se nos va en querer ser lo que no somos, en vez de querer ser nosotros mismos, pero con todo el poder asequible. Estos doscientos años son los de la Revolución.

El hombre inferior admira y sigue al superior, cuando no está maleado, para que le dirija y proteja. El hidalgo de nuestros siglos XVI y XVII recibía en su niñez, adolescencia y juventud una educación tan dura, disciplinada y espinosa, que el pueblo reconocía de buena gana su superioridad. Todavía en tiempos de Felipe IV y Carlos II sabía manejar con igual elegancia las armas y el latín. Hubo una época en que parecía que todos los hidalgos de España eran al mismo tiempo poetas y soldados.

Pero cuando la crianza de los ricos se hizo cómoda y suave, y al espíritu de servicio sucedió el de privilegio, que convirtió la Monarquía Católica en territorial, y a los caballeros cristianos en señores, primero, y en señoritos luego, no es extraño que el pueblo perdiera a sus patricios el debido respeto. En el cambio de ideales había ya un abandono del espíritu a la sensualidad y a la naturaleza; pero lo más grave era la extranjerización, la voluntad de ser lo que no éramos, porque querer ser otros es ya querer no ser, lo que explica, en medio de los anhelos económicos, el íntimo abandono moral, que se expresa en ese nihilismo de tangos rijosos y resignación animal, que es ahora la música popular española.

La historia, la prudencia y el patriotismo han dado vida al tradicionalismo español, que ha batallado estos dos siglos como ha podido, casi siempre con razón, a veces con heroísmo insuperable, pero generalmente con la convicción intranquila de su aislamiento, porque sentía que el mundo le era hostil y contrario al movimiento universal de las ideas.

El mundo ha dado otra vuelta, y ahora está con nosotros, porque sus mejores espíritus buscan en todas partes principios análogos o idénticos a los que mantuvimos en nuestros grandes siglos. Y es que han fracasado el humanismo pagano y el naturalismo de los últimos tiempos. El sentido de la cultura en los pueblos modernos coincide con la corriente histórica de España. Hay que salir de esta suicida negación de nosotros mismos con que hemos reducido a la trivialidad a un pueblo que vivió durante más de dos siglos en la justificada persuasión de ser la nueva Roma y el Israel cristiano.

El espíritu de la Hispanidad fortalecerá los débiles, levantará los caídos, facilitará a todos los hombres los medios de progresar y mejorarse, que es confirmar con obras la Fé Católica y universalista.

Esencia de la raza

La esencia de la raza radica en el patriotismo. No puede existir Raza mientras no haya Patria: habrá «población», pueblo, conjunto de habitantes de un territorio, sin características psicológicas propias que eleven y extiendan su pensamiento, y con ello su influencia, por todo el universo.

El patriotismo es un concepto muy complejo, y cada cual lo entiende a su manera. Comprende el patriotismo el territorio, la raza, los valores culturales, tales como las letras, las tradiciones, las hazañas históricas, la religión, las costumbres, etc… El concepto que tienen el intelectual, el político y el aldeano de la patria es enteramente distinto, apreciando unos el territorio, otros la raza, otros la cultura y los elementos espirituales.

El hombre normal ama el territorio nacional porque es el que le ha nutrido; quiere a las gentes de su raza porque son pedazos de su tierra y porque las entiende mejor que a las de otros países; aprecia más los valores culturales patrios porque los encuentra más compenetrados con su tierra, su gente y su alma. Hoy puede decirse que en España ha desaparecido aquel patriotismo instintivo que ya trató Cánovas de despertar con su desesperada fórmula: «Con la Patria se está con razón o sin ella, como se está con el padre y con la madre.» 

Ha sido el espíritu patriótico el que ha levantado a los pueblos caídos en la miseria y en la desgracia después de la catástrofe de la Gran Guerra. Las razas que han sabido encontrarse a sí mismas, las naciones que han mirado a su historia, los pueblos que han luchado por la recuperación de sus valores espirituales y resucitado las antiguas tradiciones, éstos, cual fénix, han renacido de sus cenizas y han podido enfrentarse con el mundo entero para mantener su personalidad racial. 

Mantiene el patriotismo el espíritu racial. El espíritu racial es aquella parte del espíritu universal que nos es asimilable, por haber sido creación de nuestros padres en nuestra tierra, patrimonio que nos han legado para que lo incrementemos y enriquezcamos, no para destruirlo y malbaratarlo. La raza es espíritu, España es espíritu, la Hispanidad es espíritu. Perecerán las razas, las naciones y los pueblos que por extranjerizarse no sepan conservar su espíritu.

El espíritu racista siempre ha estado latente en España, como lo pregonan los expedientes de limpieza de sangre necesarios en pasados siglos para habilitarse para los cargos públicos y pertenecer a las corporaciones gremiales. Cierto es que la limpieza de sangre se refería más bien al origen judío o morisco, pero era esto con objeto de asegurar la pureza de la fe. El extranjero que se asimilaba el espíritu de la hispanidad y la cultura hispana transformábase en exaltado patriota e hispanófilo, incorporándose gustoso a nuestra raza.

Llama la atención Maeztu (loc. cit.) acerca de que siempre se han manifestado contrarios a las supremacías raciales aquellos españoles no creyentes. Una parte de ellos son resentidos, hostiles a nuestra verdadera civilización, porque sus instintos les impulsan a combatir a sangre y fuego todo aquello que sea selecto, a causa de que su plebeyez espiritual impídeles formar en las filas de la aristocracia cultural. Otros son pedantes infatuados, sectarios de escuelas filosóficas extranjeras, astígmatas intelectuales que divisan deformado el campo visual del pensamiento universal. Para éstos carece de valor la raza hispana; les interesa tan sólo que sea fuerte la especie.

5.). Parte.

 

Es patriota quien quiere para su país la prosperidad, el respeto de sus derechos y su verdadero lugar en el concierto mundial. El patriotismo territorial es peligroso, porque hace olvidar que la vida de los pueblos debe ajustarse a los principios generales del derecho y de la moral. Si una nación roba y mata a otra por engrandecerse, somete a su albedrío la moral universal, es innoble en su conducta, y su pensamiento no adquirirá universalidad.

La raza es cuerpo y espíritu, y la política racial verdadera consiste en vigorizar física y moralmente al pueblo, para que fructifique su propio pensamiento tradicional, que por haber nacido de las circunstancias ambientales constituye la raigambre histórica de su existencia.

Regeneración de la raza

Sabemos que los caracteres hereditarios no se reciben exclusivamente de los padres, sino que en la masa hereditaria individual intervienen todos los ascendientes. De aquí que el saneamiento y regeneración eugenésico de un pueblo o raza requiera que se actúe sobre la «totalidad» de los individuos que le constituyen, y no limitarse a la selección de padres aislados, pues las apariencias engañan frecuentemente en biología, y la pureza de sangre –en sentido biológico– es mucho más difícil de averiguar que la limpieza de sangre que se exige para el ingreso en las Ordenes Militares aristocráticas.

La regeneración de una raza impone una política que neutralice el daño que puede venirle al plasma germinal de los agentes patógenos, tanto físicos como psíquicos, materiales como morales. Coincidimos con los nacionalsocialistas en que cada raza tiene un significado cultural particular, y unas características biopsíquicas que deben exaltarse en sus facetas excelsas. Los españoles no tememos ni hemos temido enlaces bastardos; nos hemos cruzado despreocupadamente con las más diversas razas, sin perder nuestra individualidad, antes afirmándola, mientras hemos conservado la esencia de la hispanidad que alimentaba nuestra personalidad psicológica.

Lejos de nuestro ánimo propugnar una política racial enfocada en el sentido endogámico de las sociedades primitivas. Nunca nos pronunciaremos en contra de la mezcla de las castas superiores e inferiores de nuestra raza. Pero abogaremos por una supercasta hispana, étnicamente mejorada, robusta moralmente, vigorosa en su espíritu. Para ello hemos de estimular la fecundidad de los selectos, pues en biología la cantidad no se opone a la calidad.

Dícese que las razas peligran por el incremento en la reproducción de los tarados y enfermos, e incluso afirma Grote que el médico no puede ser higienista de la raza, pues al luchar en favor de la salud de enfermos y degenerados, conserva la vida a individuos inaptos para engendrar hijos robustos. Ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir acerca de la falibilidad de las leyes de la herencia y de los procesos de degeneración y regeneración; también hemos combatido los métodos propuestos por la eugenesia geneticista, habiendo de insistir todavía sobre algunos puntos capitales.

No es cierto en absoluto que la degeneración de una raza sobrevenga por contraselección, por ser menor la fecundidad da los individuos normales y vigorosos que la de los deficientes físicos y mentales. Hay una multitud de factores que influyen en la degeneración de la raza, por lo cual creemos que la regeneración de la raza estriba en el aumento de la natalidad, con objeto de que todas las clases sociales se reproduzcan proporcionalmente, a fin de que se mantenga el equilibrio en la transmisión de los valores raciales.

Compréndese que si es necesaria tal proporcionalidad en la reproducción, impónese urgentemente y en primer término una radical reforma social comprensiva de la totalidad de los factores físicos, culturales y morales, que mejore las condiciones ambientales en que se reproducen los individuos inferiormente dotados. Ha de abonarse el terreno con abonos de la mejor calidad, para que las generaciones futuras reciban rica savia, robustecedora principalmente de las cualidades de los inferiores. Únicamente así podremos despojar a los genes dañados de sus taras. Con suprimirlos nada adelantaremos, puesto que persisten las condiciones nocivas del medio ambiente que actúan sobre ellos perniciosamente.

Enemigos de la segregación y supresión de los tarados y enfermos, partidarios de mejorar sus condiciones de vitalidad, no por eso creemos que la higiene racial deba impulsar denodadamente la procreación de los inferiores. Pero tampoco hemos de limitarnos a estimular la fecundidad de los selectos. Nuestro programa tiende a despertar en los individuos de todas las clases sociales un deseo de ascender a las jerarquías selectas, aristocráticas de cuerpo y espíritu, ambicioso programa que reclama la colaboración de sociólogos, economistas y políticos. Nos referimos a los políticos de doctrina, no a los políticos de partido, porque éstos ejercen una influencia funesta y demoledora sobre la raza.

La regeneración de la raza ha de sustentarse necesariamente en la regeneración de la institución familiar, porque la familia constituida con arreglo a los tradicionales principios de la moral cristiana representa un vivero de virtudes sociales, una coraza contra la corrupción del medio ambiente, un depósito sagrado de las tradiciones. Si buscamos la exaltación de los valores espirituales del pueblo, necesitamos de incubadora y de estufa que los haga germinar y florecer, aun en contra de condiciones atmosféricas desfavorables. La familia viene a ser una especie de célula en el cuerpo social que forma la raza. El vigor y la salud de muchas células defiende al cuerpo de las infecciones e intoxicaciones, además de prestarle vitalidad. Muchas familias sanas y prestigiosas terminan por vigorizar una raza decadente.

Cultura y religión son consubstanciales con la familia cristiana, de la que irradia hacia el ambiente una influencia depuradora moral que consolida y mantiene los valores raciales. Las civilizaciones griega y romana han subsistido veinte siglos gracias a la depuración efectuada por el Cristianismo. El pueblo árabe, heredero también de la civilización griega, sufrió al cabo de pocos siglos un colapso degenerativo del que no ha logrado levantarse. Reflexionemos unos instantes sobre las bases de la institución familiar tal como la comprende el Catolicismo, y nos convenceremos del sólido apoyo que encuentra en ella la regeneración de la raza.

Las familias no pueden ser selectas si los individuos que las forman abandonan el autoperfeccionamiento de sus condiciones innatas de elevada jerarquía biopsíquica. El potencial energético racial almacenado en cada individuo necesita desarrollarse, para que no se extingan la familia y la raza.

Autoperfeccionamiento de los preselectos

La raza que no quiere estar subyugada por los inferiores y débiles de cuerpo y de espíritu debe engrandecer los biotipos de buena calidad hasta lograr que predominen en la masa total de la población. Una raza debe reproducir sus mejores elementos, no aniquilarlos, no asfixiarlos. Ha de escoger los individuos de elevado potencial biopsíquico y colocarlos en las mejoras condiciones posibles de desarrollo. Política contraria a la democrática, que ha nivelado las clases sociales, en beneficio de los inferiores, en perjuicio de los selectos, para proporcionar medios de vida a la multitud de mediocres.

Precisa un automejoramiento de los selectos en potencia. Es necesario que cada uno de nosotros modifiquemos nuestro modo de existencia, imponiéndonos una disciplina mental, una austeridad, una moral y una actividad altruista que nos haga dueños de nosotros mismos. Puesta la mira en los elevados ideales de la hispanidad, autoperfeccionándonos individualmente, llegaremos, por simpatía afectiva, a constituir grupos sociales de idénticas tendencias, donde fermenten los deseos de automejoramiento del «yo ideal» que todos nos hemos forjado.

Siempre que sintonizamos afectivamente con un tercero, tratamos de imitarle en todo o en parte: fenómeno, elemento o proceso psíquico que los psicoanalistas denominan identificación. El proceso de identificación representa las primicias de las relaciones del niño con sus familiares, pero se renueva en épocas ulteriores de la vida, cuando advertimos comunidad de deseos e intereses en otras personas. Siempre deseamos identificarnos con la persona a quien veneramos y que nos entusiasma, debido a que tal persona es el «yo ideal» a que todos aspiramos. Imitemos a los superselectos de la raza, a los personajes egregios de la ciencia, de las letras y de las armas que nos han legado el espíritu racial hispano. Nunca más identificarnos con toreros, boxeadores o caudillos políticos, astros refulgentes de un día, pronto sumidos en la sombra de la nada.

No es indiferente que el niño se identifique con el Gran Capitán o con Charlot, que se entusiasme con el detective o con el bandido, con Don Juan Tenorio o con Iñigo de Loyola. Infinitos los ejemplos de grandes hombres influidos en su niñez por determinados héroes de la antigüedad. Acaso las glorias de Napoleón engendráronse en su esfuerzo por imitar las virtudes y los pensamientos aprendidos en las páginas de Plutarco. Don Quijote hizo muchas locuras, pero aprendió caballerosidad en los libros de caballería.

Divulguemos en el pueblo, en la masa juvenil principalmente, vidas heroicas que puedan ser otros modelos de «yo ideal». Imite la juventud a los selectos y superdotados, no a los ídolos de la plebe. Es la única manera de dotar a la raza de una aristocracia espiritual que favorezca el desenvolvimiento y desarrollo de las potencialidades raciales de superior categoría.

Propone Carrel un eugenismo voluntario, haciendo comprender a los jóvenes los peligros a que se exponen matrimoniando con personas en cuyas familias existan antecedentes de cáncer, tuberculosis, &c. Igualmente que los jóvenes saben escoger muchachas con dote y sacrifican frecuentemente el amor a los intereses materiales, o se enamoran solamente de ricas herederas, deben pretender muchachas con todas las garantías exigidas por la eugenesia. El problema ofrecería muchas menos dificultades si interviniera el médico de familia como consejero, pues el consejo desinteresado del médico puede evitar muchas uniones que, desde el punto de vista biológico, han de presumirse desgraciadas.

Conformes con la proposición del sabio francés, creemos que el eugenismo voluntario debe comenzar por el mismo individuo, adiestrado desde pequeño a someterse a las reglas de la higiene, además de imponerse severa disciplina moral, para sustraerse a la influencia de un medio ambiente deletéreo. La disciplina constituye el más fuerte baluarte contra el contagio psíquico, por representar un elemento imponderable de educación de la voluntad.

Somos partidarios de una disciplina social muy severa, divisando en ella la salvación de la raza, por imponer a la masa las ideas de los dirigentes responsables. La disciplina educa a las masas, por inculcar el respeto a la jerarquía, que es el respeto a sí mismo. Pero, además, contribuye al autoperfeccionamiento de los preselectos, por recibir y dar ejemplo de subordinación.

Muchos son los métodos pedagógicos de formación del carácter y de educación de la voluntad. Puede seguirse cualquiera de ellos, pues todos son buenos, con tal de que desenvuelvan la inteligencia, el sentido moral y la virilidad. El individuo aislado lucha con dificultad contra un medio ambiente materializado y corrompido; necesita asociarse en pequeños grupos con otras personas que pretendan igualmente el automejoramiento eugenésico. Diez selectos fundaron la Compañía da Jesús, cuya acción se irradia a todo el mundo y que tanto participó en la civilización de los pueblos descubiertos a partir del siglo XVI.

Las Ordenes de Caballería, las Ordenes monásticas y otras instituciones medioevales, nacidas en tiempos de lucha contra la barbarie, eran rigurosas en las pruebas exigidas a los aspirantes y en la conducta observada por sus miembros. Al relajarse los austeros principios fundamentales, también cayeron tales instituciones en franca decadencia. Quienes hayan alcanzado aisladamente cierto grado de autoperfeccionamiento deben agruparse, al objeto de que el mutuo ejemplo corrija las flaquezas y desfallecimientos.

La nación que quiera velar por el porvenir de su raza, debe crear una aristocracia eugenésica, no constituida exclusivamente por atletas, sino por selectos autoperfeccionados y ansiosos de superarse, tanto en la esfera corporal como en la espiritual y moral. Ha de estimularse por todos los medios posibles el desarrollo de las potencialidades de elevada cualidad que se descubran en jóvenes y niños, en lugar de permitir que se derrochen y esfumen en el libertinaje. Ello no quiere decir que hayamos de proletarizar la cultura. 

Proletarización de la cultura

Más de una vez nos hemos pronunciado contra la tendencia de aplebeyar las profesiones liberales proletarizando la cultura. Ya hemos dicho en otra ocasión que la ejecutoria de hidalgo puede no ser necesaria para obtener el título de licenciado en Medicina; pero que la caballerosidad es condición ineludible para convivir profesionalmente. Hemos protestado contra las facilidades para lograr títulos universitarios. Ambiciones comprensibles han apartado a muchos jóvenes del oficio de sus padres para convertirlos en pseudoseñoritos titulados, en ejercitantes de una profesión para la que carecen de aptitudes genotípicas. Un obrero no es un señorito, por muchos títulos que tenga. 

Las profesiones liberales ejercen mágica atracción sobre el hijo del artesano, del labrador y del menestral. Se ha roto la secular tradición de que el hijo siga el oficio del padre, seguramente su mejor maestro. Nada se opone a que el descendiente del portero luzca la toga del letrado o la muceta del doctor, si la ha ganado en buena lid. Pero alternar las glorias del foro o de la clínica con el mostrador del padre, mercantiliza las profesiones. El genotipo contiene incrustadas tendencias difícilmente eliminables en la primera generación.

En España carecemos de buenos  artesanos, tejedores de seda, a cambio de tener abogados cobradores del tranvía y médicos guardias de asalto.

 

6.). Parte.

No tratamos de adscribir la cultura a determinada clase social, ni de impedir que las clases humildes tengan acceso a las profesiones liberales. Combatimos el aplebeyamiento y proletarización de la cultura mediante el método marxista de titular mediocres, empujando a quien carece de aptitudes por el camino de las clases intelectuales.

Los intelectuales han de ser siempre la aristocracia de la raza. Nivelar la cultura general del pueblo, constituye una quimérica ilusión: siempre habrá superdotados e imbéciles. El hombre estúpido, holgazán, inconstante, inatento, voluble, caprichoso o amoral no tiene derecho a recibir una educación cultural superior, porque la desperdiciará. Los mediocres y los inferiores intelectuales tienen perfectamente definido su puesto social, en el que pueden prosperar y engrandecerse, pero nunca entre las clases intelectuales.

La «standardización» cultural de los humanos mediante los métodos democráticos de educación termina por degenerar las razas. Es imposible formar los inferiores por los mismos métodos que los superdotados. La proletarización de la cultura hace que las universidades se conviertan en escuelas de artes y oficios. Nadie se dedicará a las ciencias especulativas, prefiriéndose las de aplicación práctica.

Afortunadamente, encierra la cultura imponente fuerza selectiva y es la creadora de las castas raciales aristocráticas. Dentro de las esferas culturales márcanse espontáneamente las jerarquías. Teólogos, filósofos, matemáticos, juristas, biólogos, etcétera, forman en el cuerpo social una especie de castas que viven cada una en su islote, sin apenas mantener relaciones ambientales. Sus ideas e inventos son recogidos por castas intelectuales inferiores, que los aplican a las necesidades de la vida práctica. Inteligencias todavía más inferiores han de contentarse con el trabajo manual.

No obstante la natural tendencia selectiva de las castas intelectuales, necesita una raza que el nivel cultural general sea elevado, en primer término para comprender el lenguaje de los selectos. Además, la cultura adquirida influye sobre el genotipo a la larga, y por eso en algunas aldeas todos son listos y en otras todos torpes. Vía libre para la cultura de todas las clases sociales. Restricciones –recuérdense los principios de la psicotecnia y selección profesional– para que los deficientemente dotados no se introduzcan subrepticiamente donde no son aprovechables.

Importa mucho al porvenir de la raza que el granjero, el artesano, el menestral, el artífice eleven su cultura, para que no se proletaricen y desciendan al analfabetismo del jornalero. También el jornalero debe recibir la suficiente instrucción para que aspire por su propio esfuerzo, constancia en el trabajo e inteligencia a llegar al grado de pequeño propietario o maestro en el oficio que ejerce. Empero cuando estas clases anhelan ascender a las intelectuales, entonces, como forzosamente han de quedar en los grados inferiores a la intelectualidad, por su masa tratarán de absorber a los mejor dotados, llevarán la lucha de clases a las profesiones liberales y las degenerarán proletarizándolas. Algunos pastores han llegado a poetas y pintores, pero su producción ha sido mediocre en la inmensa mayoría de los casos.

Más perjudicial todavía para la raza, proletarizar al profesor, al sacerdote, al maestro, al investigador, etc…. Tratase de una clase que en la vida social moderna debe considerarse aristocrática, para la que debemos vindicar el respeto y la estimación, retribuyendo dignamente su trabajo. Convertir a los intelectuales en proletarios, no solamente constituiría una vergüenza eterna para la civilización científica, sino que aniquilaría la savia más rica de la raza. Al superdotado hay que formarlo con especial cuidado, a fin de que se desarrollen en grado óptimo sus aptitudes. Las clases intelectuales han de constituir en el cuerpo social una minoría selecta, sin que por eso absorba a todas las demás fuerzas vivas de la raza.

La proletarización de la cultura extingue la inteligencia y el sentido moral de las masas, destruye la belleza y el refinamiento, aplebeya las ideas, fomenta insensatas ambiciones, desplaza a muchos biotipos del lugar social que les corresponde por sus aptitudes y degrada, al fin, la raza. 

El 23 de agosto de 1938, el Caudillo autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era investigar las raíces biopsíquicas del marxismo.

 

             +Paulus de Rojas. Episcopus Sancta Ecclesia Domini Nostri, Grandis Hispaliae, et Sacri Imperii Duc, ex Voluntate Dei ac Divinae Providentiae.

 

 

Quien desee obtener más información al respecto, puede escribir al siguiente correo  electrónico: secret.monsrojas@hotmail.es, o llamar por teléfono al 680 813 102. Será un placer atenderles. 

Mons. de Rojas. 1). Sentencia de S.E.Rvdma sobre la Eugenesia.

{ *Independientemente de que en toda la especie humana, y todas sus castas, clanes y familias, los mediocres superan en número a los eminentes. “stultorum infinitus est numerus”, célebre frase de algún transformador efectista y estupendo de la original traducción latina vulgata, transformación genial, cuyo texto fue errónemente considerado, por la versión vulgata sixgo-clementina, la más fiel traducción de San Jerónimo, del vers. 1 del Cap. XV del Eclesiastés. Ingeniosa frase de anónimo que no es ni de San Jerónimo [[ “quod deficiens est numerari non potest ” = lo [que hay de] deficiente no se puede contar (= es innumerable) ]] , ni de un autor material de la Biblia (” מְעֻוָּ֖ת לִתְקֹ֑ן וְ מְעֻוָּ֖ת לֹא־ יוּכַ֣ללֹא־  לֹא־יוּכַ֥ל לְהִמָּנֽוֹת׃ “) [=”lo que falta no se puede sopesar”], pero sí es una impresionante sentencia hiperbólica, cuya formulación desahoga al rodeado de estúpidos, una frase cuyo sagaz precedente es el gran Marcus Tullius Cicero, (“stultorum plena sunt omnia”, Epistula ad familiares, 9.22.4) [[“todo [el mundo] está lleno de necios”]] 

Y en cuanto a elemento corporal indispensable, concausa o instrumento de (su y) la más alta coproducción civilizatoria, la cuál, por tanto, se entendía que resultaba imposible sin la configuración racial y las predisposiciones naturales beneficiosas que tenían sus (ora eminentemente agraciadas por Dios, ora inmanentemente “divinas”) Etnias, o sea, las respectivas índole y determinación o conformación biológicas “sui generis” y biológicamente hereditarias propias exclusivas de dichas estirpes singulares. Millones y millones y millones de europeos blancos, residentes o nó en el continente europeo, e independientemente de su nacionalidad, tanto la sociológica, cuanto la de mero <>  (término técnico filosófico escolástico),  nuestra gente, que no ha escrito sobre su propio racismo, todos sabiendo lo que es la casta, que “de casta le viene al galgo”, han sido, como el espléndido célebre populoproverbialista literato Reverendísimo Arcipreste de Talavera, del Siclo XV, espontánea, libre y tranquilamente racistas, BLANQUISTAS, y linajistas (aristocráticistas defensores de los mejores linajes dentro del pueblo, o la raza sociedad) entendiendo que era obvio tener que serlo, por sencilla observación, comparación, jerarquíca de valores, historia (la poca, o mucha, que supieran) y por íntima natural apreciación de la propia excelente típica idiosincrasia y Civilización, cotejada con lo que se sabía y algunos veían de marrones moros, negros y gente exótica, algunos de los cuáles, a su vez, eran y son, mucho más racistas, de un racismo equivocado y torpe, de puro orgullo de vellacos,  añadiendo, frecuentemente, odio, desprecio e insolencia hacia nosotros y nuestra Civilización parcial e indispensablemente substentada en nuestros cuerpos, su conformación  racial, sus predisposiciones biológicamente hereditarias y su idoneidad como instrumenro de genio y Civilización naturalmente pinaculares. 

La gente de a pié blanca, europea, u oriunda europea, su mentalidad, sus estereotipos, sus tebeos, eran racistas a favor de su propia identidad racial blanca plural, pero vista como sociedad de sangres generalmente valiosas bien conjuntadas. Hasta el propio antropólogo fenotípicamente no arionórdico, pero sí arionordicista Prof. Dr. Hans F.K. Günter encomia hibridaciones entre razas arias excelentes y a determinados híbridos.

La palabra mestizaje no expresa “simpliciter” (o sea, siempre y en todo contexto) el mismo concepto que hibridaje, pues éste último es una especie de mestizaje, según una diferencia específica establecida por la ley múltiple de Mendel. Recuérdese que Su Excia. Rvma, el Abad Mons. Gregor Mendel era un Clérigo católico, Contrarreformista, tridentino, Tridentinista y Tradicionalista, no un positivista, ni empirista, y además era un científico de Ciencia empírica. En el Clero católico prevaticanosegundista, no el apóstata impugnador del “Syllabus” y la tradición dogmática anterior implícita y la que se explicita en ulterior formulación tradicional, está el genio y talento, cuyos descubrimientos y fórmulas intelectuales del nuevo conocimiento logrado por clérigos (Presbíteros y algúnos Obispos y Abades) de la realidad así descubierta, o más descubierta que antes, a nuestras mentes, es la base del racismo científico, contrapuesto al pseudocientífico e inconfesamente mítico, religiosoateo, o filosófico equivocado y en gran parte contituido de hipótesis, no de experiencias empíricas y verdaderas leyes, como fue el caso del arionórdico sajón del Norte en Anglia, Charles Darwin, que formuló sus subjetivas leyes de la raza y la evolución según sus hipótesis o criterios hipotéticos  muy infundados en las pertinentes realidades empíricamente constatadas (y eso que estudió y registró muchas, no bien interpretadas), los cuáles presentó parece que convencido (hay duda de lo estuviera al final de su vida) cual leyes naturales u objetivas descubiertas por él.

Otro caso, si bien no darwinista, de interpretación filosófica equivocada fue el del ensayista y oriundo judío Alfred Rosenberg, pues sostenía que el ser humano era exclusivamente corpóreo o constituido sólo de “materia secunda”, y afirmaba que semejante materialismo era un logro típico de la mentalidad propia y racialmente inspirada, de la Raza Aria Nórdica. Este racismo filosófico equivocado y otros semejantes defendidos por políticos de cierto alto rango, y ensayistas nacionalsocialista no censurados por el Estado fue la causa de que los Obispos Residenciales alemanes, que eran magníficos, cultos, piadosos, disciplinados, germánico Romanos, de gran talla intelectual, moral y de hortodoxia católica, tridentinistas, nobles, aristocraticistas, de boato y sentido de la belleza magnificentes, CLASICISTAS, EUROPEOS, no ensalzaran explícitamente, con las palabras “raza”, “ario”, “arianidad”, etc. al arianismo que de cierto profesaban cuando encomiaban a su propio “Volk” germánico, y a su “Germanentum”. A la sazón el vocablo “Volk” tenía clara y notable connotación racial, de modo que el lema del NSDAP, su Régimen y Estado, era “Ein Volk, ein Reich, ein Führer”, y los Obispos cantaron alegres y convencidos el himno a su heróica y Altísima insuperable Patria “Deutschland über Alles, über Alles in der Welt”. Siempre pusieron mucho énfasis en su patriotismo, con el concepto TOMISTA de Patria muy presente. Das “Vaterland”, la Patria fundamentalmente de sus Padres, Padres genitores, ascendientes de Sangre, mas, por el motivo dicho, cuando hablaban de raza, “Rasse”, solían hacerlo dentro de la crítica católica a los racismos anticristianos y equivocados. Si alguien piensa que para alguno de esos obispos un no alemán valía tanto para los compatriotas alemanes, como un alemán, y el obispo creía que judíos y raleas no blancas eran capaces de crear Civilización tan alta como la germánica, o Aria, se equivoca absolutamente. Lo peor es que esa equivocación es la que judíos y pseudoiglesia moderna de Alemania pretende hacer pasar por no error, no mentira, sino verdad. EL EPISCOPADO ALEMÁN CATOLICO AUTENTICO FUE SIEMPRE UNÁNIME Y EMINENTEMENTE RACISTA Y DIO OFICIALISIMA Y PASTORALISIMANENTE SU “PLACET” A LOS PUNTOS PROGRAMÁTICOS TODOS DEL NSDAP. 

No obstante a veces se usa, ráramente, el vocablo híbrido, como sinónimo de mestizo, yo lo hago así, en sentido peculiar, en pocas ocasiones en casos de bellos ejemplares producto de buena mezcla racial. La hibridación es una especie de mestizaje que permite la recuperación de las razas puras de los ascendientes, no es mestizaje de sólo nuevas razas resultantes, sino una mezcla de la que puede obtenerse individuos de cada raza pura de los respectivos ascendientes.

No todos los mestizajes son iguales, como no son iguales todas las razas. Manteniendo la doctrina y ascésis, o disciplina, que haga a un pueblo racialmente excelente, preservándose masiva y selectivamente del mestizaje y siendo prolífico, es racional, parece que bueno, e inofensivo para dicho pueblo, que una porción de él eleve, por mezcla racial suya con otro pueblo relativamente inferior, a éste último. “Bonum difusivum sui”:  cuando “se desborda” el número de sus integrantes, el mestizaje cualitativamente selectivo (con control consciente, al menos privado), con los actuales y futuros medios de reconocimiento, clasificación y control profesional genético de la índole racial de los especímenes, no sería, pero sólo en teoría práctica o en principio, un peligro técnico para la unidad societaria,  pureza e identidad raciales de las poblaciones constituidas por ejemplares puros u obtenidos racialmente puros y de mayor valía natural racial. Se trataría de ” no perder con el dar”. No obstante ese altruismo es un peligro sociológico y político, con manejos, casos de oculta corrupción administrativa, sobornos, favoritismos, amiguismos particulares, y vista gorda, por cuanto es preferible la seguridad que proporciona abstenerse de todo mestizaje, o tenerla como meta de un plan político y social.  Los Ejemplares en sentido de cánones, modelos canónicos, son causa ejemplar (tecnicismo escolástico) del divinonaturalmente privilegiado “Pueblo Elegido” antijudío total; y los de menor ejemplaridad o tipicidad, o menos dotados de perfecciones subraciales, pueden, si se puede prescindir de ellos, y de ningún modo como la opción más recomendable, ser, en períodos de bonanza natalicia y demográfica, y presuntamente sin atentar contra la libertad natural del individuo, cedidos para mejora racial de otros gupos genéticos diferentes. Esto se hace en Zoología y Zootecnia constantenente desde hace siglos. El ser humano, todo ser i, de naturaleza animal, si bien los métodos de selección, ayuntamiento y crianza de la prole han de adecuarse a las facultades humanas y al respeto político al libre albedrío de los sujetos, de modo que, en su caso, se cuente con voluntarios planeada y viabilizadamente incentivados a serlo.

Planteo ahora la nueva cuestión de si es lícito a la Autoridad competente imponer penas que coarten la libertad sexual o los derechos de apareamiento. Normalmente está constreñido por voluntad  de los padres, para obtenerlo dentro de matrimonios concertados por éstos para sus hijos, en sociedades de tradición antigua.  Planteo si es lícito que la Autoridad o gobierno legítimo establezca, imponga y ejecute penas de alguna privación o restricción de la libertad sexual. Es en principio lícito imponer penas de esterilización a los criminales, de estirpes mediocres, que se hayan hecho acreedores de castigos. Es, con criterio superficial meramente jurídico lícita la castración penal, pero, como diré a continuación, no es ni necesario, ni conveniente.  Es licito imponerse la pena de poderse, si el reo lo quiere, aparear sólo con una persona determinada consintiente, y estatuir penalmente que sea la única con que pueda casarse, o prohibiendo se case con otra.  Si es lícita la pérdida penal del derecho concreto a la propia vida biológica del criminal justamente condenado a pena de muerte, “a fortiori” puede perderse penalmente un derecho natural menor. Los delincuentes de potencial genético valioso es bueno que sean eximidos de la pena de esterilización. A los sodomitas y lesbianas de gran potencial valioso genético lo idóneo es preceptuarles civilmente la prolificidad, y, en caso de incumplimiento, juzgarlos, condenarlos e imponerles “penas” alternativas, condicionalmente eludibles o conmutables, en el sentido de que dichas penas les hagan preferir a los reos casarse, y procrear, con alguna o algunas de las contrapartes candidatas a contraer matrimonio con los penados. 

La posición del Dr. Vallejo Nágera ante la cuestíon de la castración penal es contraria a tan radical y deshonrosa mutilación, con secuelas psíquicas muy indeseables, y yo tampoco abogo por ella, por las mismas razones psiquiátricas, pero el Gran Lobo no se opone a una ley de autorización de la esterilización terapéutica para ciertos casos: http:/www.filosofia.org/hem/193/acc/e02142.htm

2. Parte). Parte.

Por otro lado dice : “Sale, sin embargo, de nuestro propósito discutir la necesidad y las indicaciones del aborto provocado. Será suficiente con sentar el principio de que habremos de abstenernos en absoluto mientras dispongamos de algún recurso para salvar la vida de la madre, y este recurso no falta en la inmensa mayoría de los casos. En los excepcionales, cada cual obrará en conformidad con su conciencia; la Iglesia Católica ha definido su doctrina. La profilaxis del embarazo en los casos de grave enfermedad, no ha de buscarse en el campo de la ciencia, sino en las medidas de protección social. El certificado prenupcial puede evitar y evita muchas catástrofes familiares. La verdadera eugénica reside en apartar del matrimonio a los que no pueden cumplir sus fines.”  

“Amicus Plato, sed magis amica veritas”: digo: “en los casos excepcionales” el ginecólogo no obrará según su conciencia sin más, sino según la conciencia recta, que preceptúa“sub gravi” no matar a un ser humano inocente (el hijo vivo en el vientre de su madre), para salvar a otro (dicha madre). Si fuera lícito asesinar a un inocente, para salvar a otro, o bien no importa para qué fin de gran importancia, TODO SERIA LICITO EN BASE A LA LIBRE ELECCIÓN “BAJO CONCIENCIA SUBJETIVA” DEL AUTOR, Y SI EL SER HUMANO INOCENTE NO TIENE EL DERECHO A LA VIDA EN CUANTO SEA LICITO CONVERTIRLO EN OBJETO DIRECTO DE UN ASESINATO, NINGÚN OTRO DERECHO NATURAL, DE SUYO INFERIOR AL DE LA VIDA DEL INOCENTE, EXISTIRIA. SE IMPONDRÍA LA ETICA ANTIÉTICA Y  DESHUMANIZANTE POSITIVISTA. NO HABRIA DERECHO NATURAL ALGUNO.

 “No es oro todo lo que reluce” y ahí, menos mal que en 1932 (en el 36 o 37 le hubieran “dado un buen palo en las orejas” , disciplinario, claro) asoman las del gran Lobo, nada de, a la sazón, pedisecuo rigurosísimo de la capital ontología moral católica versante sobre aborto presuntamente terapéutico, sí sobre la fertilidad con morbos graves hereditatarios y diagnósticos tanto de los seguros (con lícita opinión de opción por la esterilización circunstancial del enfermo peligroso, externa a su cuerpo, (descartando pues castración y esterilización intraindidual somática), o ciertos. Para los casos inciertos SS Pío XI, se opone a toda restricción (presupongo que no penal) del derecho natural reproductivo del súbdito. El Dr. aboga por un tipo, que no define ahí exhaustivamente, de esterilización externa al cuerpo individual o “persona física” : “La verdadera eugénica reside en apartar del matrimonio a los que no pueden cumplir sus fines.”  Este aserto es categórico, aunque no define qué apartamiento, ni cómo, ni con qué medios concretos jurídicos, ni explicita el contenido esencial, que se propusiese, de éstos. Su tesis, tras la promulgación de la Encíclica” Casti Connubii”, deberá limitarse a los casos ciertos, o sea, sobre los que haya certeza de que los individuos referidos no pueden cumplir los fines esenciales e imprescindibles del matrimonio, se sobreentiende que de sujetos fértiles y sin “voto josefino” de castidad, capaces de cumplirlo, básico de un matrimonio del tipo adoptado por María Santísima y San José.

Curioso: “Unos se llevan la fama y otros escardan la lana” , Vallejo Nágera no es una excepción del refrán. El Gran Lobo Pasa, entre los dilectantes historiadorcillos y para el público rojo de los fabricadores de la “MemoriaHistórica” zapateril, “Memoria sectariamente desmemoriada Histórica”, por ser el principal y más radical eugenista. Lo cuál no es cierto. En su artículo citado ¡De 1932, 4 años antes del Alzamiento! y en los siguientes se opone argumentadamente a la Eugenesia castrante y frívolamente esterilizadora, que era y es la radical, así como a la quirúrgica penal, se sobreentiende que no sea necesaria para salvar la salud del propio paciente. Pero los rojos lo cojen como cabeza de turco por lo que llaman “el robo de niños” franquista, en realidad: redención de niños inocentes españoles de padres malignos marxistas a los que en vez del paredón se les regaló seguir viviendo, pero sin la posibilidad de dañar y corromper a sus hijos. Con ún indigno siervo de Dios podían haber dado, habrían quedado lo hijos, pero no los padres de mente subversiva y pretensiones ora potencialmente, ora actualiter violentas contra los inocentes militantes de cualquier política antirrevomucionaria, y, a la más mínima rebelión, tiro en la cabeza, por decreto judicial militar de juicio sumarísimo, pero, claro, él fue médico y yo “obispo”, no había nacido mi Merced y sobre mí no pudo estar el áura de “TERMINATOR, III” . Por cierto, enhorabuena al Director, por descartar el puritanismo en mostrar la figura del austríaco Arnold Schwarzenegger, desgraciadamente yanki ado.  En cuanto al Magisterio papal enciclical NO DOGMATICO véase:http://www.notivida.com.ar/Articulos/Esterilizacion/Esterilizacion_Iglesia.html. Pero téngase en cuenta que las insólitas y recientes, de Pío XII, sobre la esterilización de enfermos con órganos enfermos y portadores de graves enfermefades hereditarias son novedad absoluta, aparentemente rompen con el magisterio eclesial ordinario de cerca de dos milenios de moral tradicional católica, y no se condena, expresamente señalándolo en tales nuevas declaraciones, régimen político concreto alguno, ni el hitleriano, ni el estadounidense de políticas concretas contingentes eugenésicas, sí reprobadas por el Catolicismo. 

Hoy día la subpuerca democracia de nombre postizo, la oligarquía capitalista y demoliberal bajo inspiración judeomasónica, conduce hacia la extinción a los pueblos que somete, y los desincentiva a ser prolíficos, por cuanto con algunos pueblos, como el nórdicoario y otros remotos y antropológicamente de gran interés hay que instituir una política de conservarlos con sumo cuidado, como al tigre, oso y leopardo blancos. Parece que lo blanco “tiene la negra”, un sino maldito por los negros de espíritu y abductores hacia el más negro de los destinos, y cuantos negros destinos es posible deparar a los hombres, a unos más, a otros menos, según sean más, o menos, fuertes, las víctimas. Los héroes son los que luchan por no someterse a la tiranía del Mal, y “mártires” o héroes caidos gloriosamente  en combate son los que previamente han optado por el riesgo (“Vive pericolosamente!), y prefieren ser muertos a vivir bajo el yugo esclavizador de sus enemigos perversos. En las actuales circunstancias el Mestizaje de muy buena calidad no es generalmente la mejor opción, si bien no se la puede calificar de” simpliciter” mala, y a veces resulta óptima, pero desde luego nunca es buena la extrema de la “Rassenschande”. El hibridaje en sentido estricto, y con linajes de buena casta, aunque intervengan individuos de mala, en una de las dos partes progenitoras, deja abiertas posibilidades de regeneración racial.

Cuando los hechos históricos, sirven de argumento o enervan las tesis de los revolucionarios, éstos optan premeditadamente por falsear la Historia, por negar un informe hechos que ya no son presente, y, cuando tal negación corre el riesgo de ser refutada por los hechos probados o los que se puede fácilmente probar, los dogmatistas falsarios hacen lo siguiente: apropiarse de archivos de legítimo dominio ajeno, escamotearlos, destruir los que decidan eliminar; confeccionar falsos en apoyo de falsedades, y prohibir el libre conocimiento o la divulgación de los documentos y testimonios que el contrario desee alegar en prueba de los asertos aborrecidos o condenados por la peste revolucionaria gobernante.

Adultos y niños del pueblo llano, de la clase media, los miembros del ejército, la Nobleza Histórica, la aristocracia política no de la masonería moderna, la científica de Humanidades y de otros campos (medicina, física, matemáticas, química, ingeniería industrial, etc.) eran (¿casi?) unánimemente racistas, sin odio o con él, siempre con menosprecio  – de algunos países blancos respecto de otros igual –  de lo ajeno que no fuese portentosamente superior al propio nivel, como generalmente lo fue en muchos ámbitos de la actividad humana y típicamente europea la Alemania de su Siglo de Oro en que está incluido el III Reich. Claro que se trataba de lo ajeno relativo, lo extraño a lo materialmente característico del propio país, pero ajeno dentro de lo propio europeo, con la idea inmediata y facilmente obtenida, elemental, común y al alcance de cualquiera, que he definido al principio de mi artìculo “LA NOCION DE RAZA …” , principio de la TERCETA PARTE, cf. 

El inglés con su convicción de tener grandes capacidades emulaba al alemán. El francés, por lo general, envidiaba y menospreciaba al germano. Este iba a lo suyo y demostraba, con su trabajo y sus ponentes obras de genio y talento, y sus dotes intelectuales, científicas, marciales, espartanas en su élite militar, su superioridad respecto de tántos,  o digo “todos” por no atreverme a decir más, impidiéndomelo mi Aristocracia española y el testimonio de mis próceres y tercios a los que Bossuet llamaba “los leones”.

Tardíamente los bachilleres ya conocieron las sencillísimas ideas esenciales y fundamentales básicas de raza y herencia racial mendelianas, preceptuadas por temario de ‘Ciencias Naturales”, insertadas en los cuestionarios oficiales de Bachillerato y sus Planes de Estudio, desde la Dictadura primorriverista en España, antes en Italia, Alemania, Gran Bretaña y otros paises europeos. El Profesor Fernández Nonídez, a través de la JAE fundada por el Nóbel Dr. D. Santiago Ramón y Cajal,  publicaba su primera edición del libro que tituló “La Herencia Mendeliana”, y en 1935 la segunda, enriquecida. Las leyes mendelianas y la doctrina de la herencia patológica se recogen ya en la primera edición, de 1944, del “Tratado de Psiquiatría”, del Doctor Vallejo Nágera padre, y se repetirán en las dos únicas existentes sucesivas ediciones, de 1949 y 1953 respectivamente, de ese libro de texto universitario de psiquiatría.

Fueron  Racistas.

(*desgraciadamente con la sorprendente ingenuidad de creer a los embusteros masones Liberales peninsulares del Estado central y máximo sobre (y contra) España , cuando no reconocían que su plan, al que perteneció el gran golpe, a nuestea Real Marina, del traidor y supremo criminal de “Lesa Majestad” y “Lesa Patria” General Rafael Riego, vergüenza de nuestras Armas, relapso de justa ignominiosa y humillantísima ejecución con un buen garrote vil, era el de los masones Bolívar y Cia., incluido el  asqueroso Farabundo Martí, o sea el plan de la independización de nuestras Indias Occidentales el desmembramiento político y militar del imperio dependiente de la católica Monarquía, ora Tradicional, ora absoluta, hispánica, y el consiguiente debilitamiento de la Iglesia Católica, que perdía el poderío del inmensamente mayor imperio católico del mundo y de toda la Historia. Lo mismo planearon, bajo el rectorado oculto judío sionista internacionalista, y anticristiano, con los Imperios Centrales (el Austrohúngaro y el alemán), y finalmente contra el inglés y el ruso, contra el que han podido a medias, con el Cuartel General de la Otan en Polonia, los misiles nucleares ahí y en otros puntos, armamemto pesado en los paises bálticos, Rebelión, Golpe de Estado y guerra todos de muchos engañados ucranianos contra Rusia, etc.) > Wikipedia. > http://www.cubahora.cu/historia/jose-antonio-saco-y-su-lucha-contra-el-anexionismo" class="size-full wp-image-6934 amp-wp-enforced-sizes i-amphtml-layout-responsive i-amphtml-layout-size-defined i-amphtml-element i-amphtml-layout" height="600" i-amphtml-layout="responsive" sizes="(min-width: 521px) 521px, 100vw" 

 

3.). Parte.

 

Asi fue antes del Decreto franquista de Unificaciòn de F.E. y de las JONS, con La Comunión Tradicionalista, …* 

(*que jamás se adecuó a él y siguió existiendo oficiosamente, bajo “la vista gorda” del General Franco, que había logrado reducir a una ínfima minoría a los carlistas puros y cuyo casi nulo activismo político, salvo el académico circunscrito a “cuatro gatos” pacíficos, ha contribuido mucho más que el propio Franco, a su escasisimo número de militantes, reducto inerme, desmarcializado, de los otrora más perfectos iluminados guerreros de espíritu y cuerpo en España.).

Nuestros más inteligentes e instructivos Maestros de la Derecha, antes y después de 1937, no fueron excepciones al fenómeno de “el racismo blanco”, o ario, con la palabra aria, o sin ella, pero con un objeto fundamental y prioritariamente ario, un Racismo a veces genérico, a veces más o menos específico, de conjunto general de uno u otro tipo de ideología de las razas, con nombres propios, o sin ellos. Dichos Maestros que predicaron antes, durante y poco después de la última etapa de la cadena bélica europea contra El Enemigo guiado por “El Judío Internacional” y su Revolución (de fases liberalismo, socialismo, comunismo bolchevique marxista-leninista, y con su anexo anarquista) ERAN NETAMENTE ETNICISTAS, RACISTAS, LINAJISTAS, no escrupulosamente GENETICISTAS, …*

(* El germano Wilhem Hofmeister descubrió empíricamente el cromosoma  en 1848, y la palabra gen (sin significado posterior progresado de biología molecular específicamente precisa en 1953, con el descubrimiento de la estructura helicoidad de cromosoma, en el nuevo concepto específico que ha heredado el primitivo nombre de gen) es creada en 1909 por el danés Wilhelm Johannsen, si bien los conocimientos de los genomas y las posibilidades de manipulación genética intracelular comienzan a finales del siglo XX, en interrelación con la nanotecnología [término del japonés Norio Taniguchi en 1974], la cuál empieza a prosperar con amplias posibilidades desde 1991 [cf.https://naukas.com/2014/01/13/el-descubrimiento-de-los-nanotubos-de-carbono/ ] )  

Vázquez de Mella y José Antonio, no eran materialistas, ni positivistas, ni materialisticodeterministas. Ambos germanófilos, el primero preferiblemente proceltibérico, el segundo prefiriendo profundamente la estirpe (aria) germánica, o goda. Otros sí, y por ello, Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. tenía que ser y fue, no merced al plebeyista Ledesma, sino a fuer del Jefe Nacional Excm”, Sr. III Marqués de Estella, consecuente y efectivamente ¡RACISTA Y EUGENISTA!, en elperiodo falangista/Carlista unificado, estatalizándose entonces el racismo de la Hispanidad y eugenesia racial, especialmente por la labor del Arianista Arqueólogo Antropólogo hispanista Catedrático Universitario y Académico Giménez y Santa-Olalla, y por la maravillosa de la excelente inteligencia y doctísima literatura pluridisciplinar y  psiquiátrica de Usía, nuestro Camarada el Exm°. e Ilm°. Sr.D. Antonio Vallejo Nágera y Lobón (“El Gran Lobo”). En cuanto al fundador del Sociedalismo Carlista y uno de los grandes inspiradores oficiales de FET cf.

Racismo de ellos, racismo nuestro, de doctos y de pueblo casi todo, el alto y el llano, el católico y el no católico (el ilustrado, el darwinista, y no poca gente de confusa izquierda y masones con algunos rasgos derechoides, como el político Salmerón y el jurista Asián Peña), racismos principal y típicamente de la Derecha, diversos, pero teniendo en común ser esencialmente el nuestro. Eso es así absolutamente, son hechos constatados y constatables, no opiniones, ni interpretaciones caprichosas, guste o nó  –  a quien sea  –  dichos hechos, “al pan pan, al vino vino”, que ya estamos hastiados de que, en vez de discutir sobre ideas filosóficas, o políticas profesionales, se nos lleve a debatir si pasó o no pasó lo que pasó, y a tener que desmentir las falsificaciones antihistóricas que se fabrican los asesinos y su aparato político, propagandístico y pseudocientífico, para imponernos dogmas de falsos hechos, o actos no consumados, jamás existidos, con cuyo mendaz relato se pretende engañar y ora usurpar la autoridad de los verdaderos hechos o actos, y la de sus autores, ora exculpar a los malos diciéndose que no han hecho lo malo que han hecho, que no han omitido el bien que han omitido, o que no han permitido ni posibilitado el mal que han consentido. En realidad lo que esos falsarios izquierdistas y muchos degenerados de la Derecha mediocre traman es ponernos personajes como no autores o no responsables de actos meritorios reales que los caracterizan, o determinan su verdadero pensamiento parte del ideario ostensible de la Derecha Total, o bien atribuir, a nuestros próceres del pensamiento humanista, falsos hechos y falso significado demeritorios, para ponérnoslos como ejemplo de algo que se pretende no falso, deshonroso y que se atribuye a los nuestros, para ocultar la verdad y usurparles la autoridad y valiosa ejemplaridad o acierto de sus verdaderas vidas y de la honra que el pensamiento de ellos tiene de ser efecto de buenas personas, en vez de ser pensamiento de malos, criminales, o indeseables. Así nos quieren robar a nuestros Modelos (a veces presentarlos injustamente como suyos o bastante suyos), y así se pretende ponerlos dejemplos de lo que ni fueron ni pensaron, ni hicieron. De modo que, en vez de ir directamente a los temas doctrinales, esos subcerdos nos constriñen a abordar los temas históricos, para refutar las subcerdas patrañas historicopervertidoras de estos dogmatistas embusteros y sectarioabsolutistas. FUIMOS LOS BLANCOS, EN MASA, ALTOS Y BAJOS, CON RELIGION O SIN ELLA, O ALGUNA ATEA O SECULARIZADA, … FUIMOS LOS BLANCOS (¿CASI?:) UNANIMEMENTE RACISTAS DURANTE NUMEROSOS MILENIOS HASTA EL PALEOLÍTICO,  como, por otro lado, y sin necesidad de datos y labor científica, son racistas la mayoría de judíos, gitanos, negros, chinos, japoneses, estadounidenses de estirpes germánicas (anglosajonas, alemanas, holandesas, etc.), los criollos desde mediados del siglo XVI, y con gran rigor desde el XVIII, en que la Limpieza de Sangre en Indias evoluciona naturalmente en su parcial sentido específicamente racista, con mayor claridad y nuevos preceptos. Vehementemente racistas son sobre todo los mestizos de distintos tipos  (blancos con indios, mestizos con negros, mulatos con indios, etc.) y de diversos grados de mezcla, ese “motín zoológico” (palabras textuales de Vazquez de Mella sobre el mestizaje en Méjico), ese cúmulo de estratos raciales de mestizaje, jerarquizados entre sí en estima, que mayor es mientras menos mezcla y con gente de piel menos obscura. Esa que tienen  por “gloria española” los estúpidos hispanistas mediocres y sectarios, igualitaristas, antirracistas y antinaturales, eso es lo que hubo, pero con muy poca gloria, y sigue habiendo entre los habitantes en los territorios del Imperio Español, de pensamiento y sentimiento general muy diferente de los que cacarean ufanos, ilusos peninsulares españoles, y embaucadores judíos. Algunos, hasta Vázquez de Mella y Carrero, a veces elogian el que “diéramos nuestra sangre al seno de aquellas gentes”, pero hácenlo bienintencionadamente, si bien advirtiendo el distinto grado de valor y la consecuente disyuntiva necesaria entre la homogeneidad relativa racial del pueblo español, con su mezcla particular, y el mestizaje que por rigor lógico subyace a dicho elogio benévolo y que no niega la realidad que cual título de honra y distinción superior  ha mantenido y mantiene una población criolla, con conciencia de clase social, y con orgullo y conciencia de superioridad cualitativa racial relativa, respecto de los mestizos, e indios, que circundan a los españoles puros blancos de ultramar.

Teníamos y tenemos los Carlistas, fuera y dentro de la FET, “el nuestro”, nuestro racismo español plural, o racismos que tienen apreciaciones diversas opinables, sobre las razas humanas, como sobre las de los animales. El racismo carlista y el joseantoniano, tradicionalistas españoles, poseen esencialmente dos connotaciones  conjuntamente características: 1a) Su cientificidad filosófica, con base empírica, y aprehensión e interpretación o conclusiones lógicas y de sentido común de los datos de Historia Universal; y 2a} Su CATOLICIDAD, con profesión y cultivo, por parte de sus Maestros, de una teología católica Racista y Eugenista, respaldada por la Santa Sede antes de su “El  Viraje político”, capitaneado ya por el devenido liberal democristiano y democristianista Pío XII, en su última etapa, con su antitradicionalista “amasonado” influyente Secretario de Estado Cardenal Bea, un viraje que contradice el “Syllabus” de SS. el Venerable Pío IX, arrepentido de sus veleidades condescendientes con políticas características de los liberales de antaño. Viraje además traidor al Eje moribundo viador (con Pío XII conspirando secreta y conjuntamente con el General SS Wolf, contra el Reich), y viraje traidor a los supervivientes del EJE: ora los que tras la guerra continuaron (algunos todavía continúan) respirando el aire de este planeta, ora los que han hecho el tránsito a “el Ejército de  Valfaðir” (Odín con el nombre de Padre de las familias [arias] y voluntarios aliados y de adopción). Viraje de amplias consecuencias en la masa de la Iglesia de Cristo y en nuestra facción que toda fue de completa Derecha, antes de las cobardes defecciones. No se trata, en ningún caso, del hipócrita, mendaz racismo típico judío, y de la mayoría de miembros de castas pardas, o negruzcas, cargado de desprecio y odio al cualitativa y selectivoejemplarmente superior Ario, no es el racismo confidencial, intrínsecamente falso judeosionista, de una “raza” pretendidamente mendeliánicamente pura que no existe, “la cuál” (mejor dicho: lo cuál ) es un revoltijo plurimestizo cuya realidad niegan o soslayan profundamente dichos judíos de falso racismo con transfondo sectario, ora judaísta talmudista, ora desmitificado o en un ideario oculto judeomasónico de logia, compuesta exclusivanente por judíos, según sus estatutos, ora en la “grande secta” del Sionismo Protocolosiano o Sionismo Pervertido, de los 11 linajes que imperan secretamente sobre la mayor parte del mundo, con los Rockefeler y Rotschield a la cabeza, y con instrumentos como la gran banca privada y sus lacayos “Bancos Centrales”, secretamente suboordinados a las logias francmasónicas modernas, con sus clubs de las mísmas (Rotaryy similares), y el denominado “Club” Bilderberg, órgano encargado de los secretos conspiradores mundialplanificadores conciliábulos de la poderosa judería pervertida con sus cipayos goym. A esos instrumentos del Sionismo perverso se suman los partidos políticos déudos de la Revolución, de inspiración y factura judeomasónica, más los Estados de ese imperio internacional del Mal; item más:  participan la ONU (en inglés UNO), la UniónEuropea (alias abreviatura “UE”), sus órganos y personas físicas tituladas políticos, al menos casi unánimemente; y, por fin, los tontos útiles antirracistas, casi todos protestantizados, que se dicen los únicos católicos, pero en realidad miembros de la degenerada pseudoiglesia moderna, cuyos malvados miembros defienden como energúmenos su estúpido antirracisno con gran vehemencia e intolerancia, tergiversando la historia, vilipendiando a los Grandes de nuestro siglo de Oro y el Siglo de Oro Alemán en su apogeo del III Reich, así como a los Grandes Hombres, héroes y Santos, de entre nuestras filas, linajes y hazañas patrias y nacionales blancas, negando, algunos de dichos infectos, la absoluta obviedad de la realidad de las razas humanas, la cientificidad (mendeliana, término usado ya por el catedrático español Fernández Nonídez en 1922) de su conocimiento, la jerarquía de valía cualitativa entre las razas, la superioridad de las Razas Arias, de piel muy blanca, y, en especial las sublimes y bellísimas castas Nórdica y Mediterránea. La masa moderna, muchos antes católicos, luego apóstatas del contenido íntegro católico, pero conservando hipócritamente el nombre a ellos inadecuado de católicos, fueron fundamentales en la “dirección espirirual” del pueblo, en los 10 últimos años del Movimiento Nacional, confundiendo al pueblo católico, substituyendo a sus buenos jerarcas firmes, por otros malos;  pervirtiéndolo, preparando activamente el advenimiento de la dictadura democratista, conspirando contra lo que quedaba del Movimiento Nacional y contra Franco, fallecido en odor de santidad. 

 

4.). Parte.

La fementida y de mero e injusto nombre nombre “iglesia católica” fue el principal agente de perversión del pueblo, la engendradora de ETA, la cáusa principal, y judaizante, del completamiento del viraje al Mal y a la Revolución cuyos rastreros secuaces físicamente asesinaron a nuestro egregio y doctísimo catolicísimo, antijudáico, antijudeomasón y anticomunista Capitán General de la Armada, Almirante y Presidente del Gobierno, el Excm°. Señor Don Luis Duque de Carrero y Blanco, e institucionalmente liquidaron el régimen del Movimiento Nacional, ya muy debilitado, por su condescendencia con la falsa iglesia, de nombre usurpado oficial. Tras haber ganado la Cruzada de 1936-39, y haberla mantenido ganada durante 40 años (muy pocos), la perdió por la blandura en resistirse a juzgar, condenar y dar garrote a los clérigos protestantizados conspiradores, contra los que no obstante luchó, a los que procesó y penó, ejecutando las penas, pero sin pillarlos a todos y sin aplicarles la pena capital; régimen depotenciado pués, con la fatal consecuencia (con excepciones como el Obispo  y Diputado en Cortes Dr. Mons. Guerra y Campos, el Almirante y el Diputado en Cortes D. Blas Piñar López etc.) de mantener un sistema que se había hecho inadvertidamente cada vez menos intensamente Tradicionalista falangista y carlista sociedalista de espartana e inmisericorde represión cruenta de exterminio de plagas, las que habían mermado considerablemente el número de radicales, de la Derecha plena, extrema en el Bien, o Derecha Total y militarizada, perfectamente dispuesta a la lucha y a matar rojos a mansalva. El Presidente del Gobierno había repristinado el rigor y se hallaba en la vía de exterminar el mal con la radicalidad que se hubiese menester. Ese bastión de la España de la Cruzada y de su amistad con el Eje, la de la Dividión Azul, era  ya muy exigua en la politización del pueblo, habiendo disminuido el Estado, con el tiempo, una gran militarización del pueblo, propuesta, durante la Cruzada Española, por Usía, que sabía alemán e italiano. El y sus Camaradas de antaño fascistas itálicos católicos*

(*p.ej. el Genio doctísimo en Religión y varias disciplinas científicas Dr. Fray Agostino Gemelli, O.F.M., con quien colaboró en Congresos Internacionales) 

Y  Nacionalsocialistas germanos, tenían en su ideario la jerarquía en la sisodicha valía racial, histórica y evidentemente demostrada por nuestro concepto de Civilización fundado en la percepción clásica grecolatina y germánica parciales y ariocristiana (con tal nombre, o sin él) de los tesoros naturales de cultura científica y ética,  fundamentándonos en la constante histórica de los logros personales y también objetivos de Ciencias Empíricas, Mitosofía, Hermetismo, Filosofía, Bellas Artes, Arte Militar y epopeyas protagonizadas por nuestros ascendientes destacados, congéneres de linajes intrínsecos a nosotros españoles de casta, “Cristianos Viejos“, y los de ariamente emparentadas estirpes europeas.  

La subpiara de los promotores principales de esta suprema peste ideológica, sentimental, emocional, social y propagandística del llamado “El Pensamiento Único” y algo asqueroso irónicamente  denominado “lo políticamente correcto“, grito maléfico del proceso de El Viraje acaecido en torno a 1945, derrota mundana bélica del EJE, e inmediatamenre después de él, se une una contenta subjauría de los “tradicionalistas-degenerados”, abstracta y mínimodogmáticamente católicos, acordes con el postmundialbélico Virage metafísico parcial pero grave (geoseológico, sentimental, religioso, filosóficopolítico) múltiple y consecuentenente político, de la mayor parte de los que, después de la Gran Guerra, han tomado el relevo propagandístico, ya defectuoso, de sus Maestros, cuyo ideario fundamental de la Derecha mutilan los discipulos subrepticia y heterodoxamente novadores, que se han exibido y manifiestan como representantes de los distintos movimientos tradicionalistas católicos, entre ellos el Carlismo, que, “el suyo”, no es el íntegro, sino uno descastado, a lo que, a su vez, se añade  un “falangismo” no auténtico, sino maleado, nuevo y plebeyista, con su preferencia antiaristocrática de jonsismo obrerista republicano, todos ellos EN CUANTO INFECTADOS, MODERNIZADOS, ENJUDIADOS Y JUDAIZANTES, sumisos, de buen grado, al antirracismo para goins, el cuál pretenden, a veces con fementida dogmática ,”católica” particular, imponer y embaucadoramente presentar cuál doctrina católicamente esencial, indispensable, grávemente preceptiva, la única acorde con el Evangelio de nuestro Dios y Señor Jesucristo y con toda la Sagrada Biblia, así como con la Iglesia Católica, a la que atribuyen embustéramente no haber sido nunca racista, y haberse opuesto siempre a toda forma de racismo y eugenismo. Todo lo contrario: los clérigos integristas blancos hemos sido siempre racistas, los blancos verdaderos católicos del reciente antaño (todos concordantes con el integrismo antirrevolucionario nuestro hodierno, pues unos y otros somos de la misma idea, y de la misma cadena correligionaria y tradicional) FUERON RACISTAS PROBLANCOS, como lo son todos mis condiscípulos eclesiásticos tradicionalistas blancos. 

 

Paulus de Rojas. Episcopus Sancta Ecclesia Domini Nostri, Grandis Hispaliae, et Sacri Imperii Duc, ex Voluntate Dei ac Divinae Providentiae.

 

Quien desee obtener más información al respecto, puede escribir al siguiente correo  electrónico: secret.monsrojas@hotmail.es, o llamar por teléfono al 680 813 102. Será un placer atenderles. 

Mons. de Rojas. A modo de artículo, expongo los requisitos necesarios para ser miembro de la Catolicísima Pía Unión de San Pablo Apóstol y origen Divino de la Supremacía de las Razas Arias.

1.). Parte.

 ADVERTENCIA ELIMINAR SOBRE ALGUNOS REQUISITOS ESPECIALES en concreto sobre dos, de los tres, "conditio sine qua non", que los aspirantes a ingresar en la Pía Unión de San Pablo Apóstol, deben poseer. Estos suelen ser objeto de controversia e incluso venir considerados novedosos en el Magisterio y Disciplina de la Iglesia Católica, por parte de gente convencida de ser católica tradicional, pero no siéndolo, debido a estar modernizada y padecer gran ignorancia en doctrina, Derecho Canónico Clásico de la Iglesia, moral católica, historia y protohistoria. Nuestros requisitos no son nuevos, ni caprichosos, ni infundados, ni deficientes en íntegro Catolicismo, "nihil novum sub solem", Helos aquí: 

Requisito de CATOLICIDAD, ARIANIDAD, y LIMPIEZA DE SANGRE , excluyente de ascendientes judíos, sarracenos, negros, mestizos, para obtenerse membresía en la Pía unión:

1.). Ser Católico.

2.). Pertenecer a Casta Aria, común y vagamente denominada “blanca”.

3.). Tener Limpieza de Sangre Racial. La Historia de la Iglesia, el Magisterio Ordinario eclesial y Extraordinario Papal vencen toda objeción, y dejan en ridículo al enemigo, y al modernizado falso tradicionalista “católico”.

ORIGEN REDIVINO DE LAS RAZAS ARIAS NORDICAS.

Origen Divino ulterior al de Adán y Eva, y especial de la Supremacía de las Razas Arias sobre las demás. (Legítima opinión y convicción católica).

Primera parte:

HIPERBÓREA, la isla de Thule, y la Atlántida (segunda estación de la para entonces “desaparecida” Hiperbórea).

Las pruebas terminantes, fuera de los presuntos avances arqueológicos en el Norte de los bellísimas majestuosos  Urales, donde habita la Raza Aria Nórdica de Rusos blancos, en asentamientos oficiales y perfectamente a la vista, se hallan en la Bética y tierra de Hispalis, Urbe fundadora de la primigenia Hispania cuasi prehistórica, Una, Grande y Libre. Dado que el enclave explícitamente Ario, donde aparecen en palografía las ideas y palabras “hiperborei” y “Arii”, con su doctrina sapiencial teúrgica, no es visitable ni por el común de los científicos, ni por el público, dichas pruebas no son aportables a la población en general, ni nos es lícito, pués, revelar sus formas concretas, que conocemos privada y fehacientemente. Hiperbórea está certificada por los historiadores y poetas clásicos antiguos griegos, y de otras civilizaciones. Su Ilustrísima el barón de Evola, muy útil en material informativo aprobechable para el investigador católico, aporta datos e interpretación de fuentes.

El mito, estricto, escueto y expurgado de fantasías, es libre, puede ser intuido, o no, aceptado, en opinión privada, y es legítimo tenerla y basarse en ella. Nosotros cremos a esos antiguos historiadores, y en el mítico origen de los Arios. 

Conservamos el “Mito Fuerte”, en expresión del arionórdico Von Schelling, que purificamos con criterio católico, el mito certero reforzado con razonamientos de común razón, en cuanto al Ario, cuya tradición universal afirma su origen nórdico y su divinización natural original. Aceptamos, en legítima opinión, a la que correspondan místicas privadas, que Dios, a través de su sapientísima e infinitamente bondadosa conducción providente de una estirpe arcáica y arcana, la conformó con cualidades hereditarias que la hacían generar genios y talentos sin par, y alcanzar el máximo de perfección civilizatorio, al mismo tiempo que su supremo Canon de belleza, por los trascendentales aristotélicos, implica bondad y entitatividad proporcional, o sea, naturalmente supremas.

Primera Parte, II. Preparación por vía natural y DivinoProvidencial del pueblo Ario, para ser la mejor población Natural de la Iglesia.

Dios preparó a ese pueblo, en modo, de hecho e históricamente, principal y masivo, y no a otros linajes tan espléndida, cualitativa y cuantitativamente, para heredar cual principal protagonista, en siglos de esplendor natural de civilización europea, la condición de Pueblo Elegido o Iglesia, constituyendo los Arios sus más perfectos ejemplares o más civilizatorios, y los más sabios y Santos. Las cualidades Arias superiores se análogan a los Atributos de Dios, o sea, ínfinitos, Ser, Bondad, Belleza, Sabiduría, Perfección y Santidad, que se fundan en la Supremacía Absoluta, y en el Orden del Universo creado; lo cuál no es de extrañar, pues la altura del análogado corresponde a la extraordinaria altura natural con que Dios, al principio, los hizo y conformó a  Imagen Suya.

Dijo Nuestro Dios y Señor Jesucristo, “ Quia auferetur a vobis regnun Dei, et et dabitur genti facienti fructus ejus”, en Roman Paladín : “Se os quitará a vosotros y se dará a otro pueblo que dará fruto”, ( S. Mateo capítulo 21, versículo 33-43.45-46),  refiriéndose, en nuestra ortodoxa y legítima convicción hermenéutica, al nuevo heredero, del Pueblo escogido, fundamentalmente el pueblo Ario, que, por vía natural pero guiada por el plan, designio y Providencia  divinos, hubo sido y es perfeccionado y ultimado por Dios, para ser el cuerpo principal y más perfecto de la Iglesia, en cuanto dicha estirpe, naturalmente había sido, y es, del mismo modo, hecha capaz. –  por Dios mismo, en absoluta e irreversible Resolución Sapientísima y Decretal Personal libérrima del Sumo Hacedor  – de ser el pueblo mejor instrumento natural de la Iglesia, pueblo aquel que así es porción racialmente constituida y naturalmente privilegiada – por Dios Criador y modelador – como agente natural, Sapiencial, Sacerdotal y Guerrero, intrínsecamente dentro de la Santa Universal, Romana, Una y Única Iglesia de Cristo.

San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, y los arios Platón y Aristóteles, y muchos Romanos Pontífices arionórdicos avalan nuestra tesis, de filosofía natural y escuela teológica, católica, escolástica, antropológica empírica, psiquiátrica, genética, de Historia, mística y ascética, tesis legítima, sólida, fundamentada en la Ciencia Universal, intuición, experiencia, los hechos, la historia, y nuestra particular ética Aristocrática y percepción de Nobleza que entendemos  –  en investigación, y a edificar la Civilización Natural Suprema y Sobrenatural (esto último por pura Gracia gratuita Divina y Carisma), a nuestro noble, lícito, sincero y leal entender íntegramente católico. “In Fide Unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas”. S. Agustín de Hipona.

No identificamos a la Iglesia total con un pueblo determinado, ni negamos la universalidad de aplicación que Dios hace selectivamente de los Frutos de la Redención, (buenos a su Derecha, y malos a su izquierda), ni afirmamos que hay un pueblo elegido dentro del pueblo elegido, en cuanto a Fé, Sacramentos, Predicación, Disciplina, Gracia y Santidad, quien la tenga, de la raza que éste sea y sea la que sea. Un amabilísimo negro como San Martín de Porres, O.P. del ultramar de España, a quien veneramos sincera y fácilmente, pudo ser, fue y es más Santo que muchos blancos, (no obstante por ser negro no le fue permitido acceder a las Sagradas Ordenes, y optó de buen grado, por ser lego), (no obstante al final de este artículo veremos como el Magisterio Papal, niega incluso esta posibilidad a los judíos, moros, mestizos y negros), Santo maravilloso, inssisto, muy amado nuestro y muy venerado por nosotros, lo cuál no obsta en nada a nuestra posición doctrinal  de convicción católica. Simplemente creemos firmemente en la mayor excelencia de la Raza Aria, para crear Civilización, y entendemos que el pueblo Ario es el único capaz de lograr la Suprema Civilización Integral, asistido o auxiliado por Dios.

Alguien que no este capacitado naturalmente, para el estudio no puede ser médico, tendrá que contentarse con otros quehacere inferiores. Como se puede observar hay una superioridad en la persona que naturalmente puede acceder al estudio y una inferioridad en la que naturalmente no puede, esto casi siempre va intrínsecamente unido a la raza. No podemos confundir la "equidad" con la "igualdad". Lo primero es justo, lo segundo no. Igualdad sería defender que un negro puede y debe ser como un blanco, y que un blanco puede y debe ser como un negro... porque todos somos "iguales" ya que todos somos humanos... No hay mayor injusticia que la "igualdad", por cierto, uno de los tan cacareados valores de la masónica revolución francesa. 

 Segunda parte: Lo aquelogicamente consatable, en restos humanos por ahora: ORIGEN ARQUEOLGICO DE LA RAZA NÓRDICA:

[ Son principalmente únicos Santa-Olalla y Jacques de Mahieu, y de los de la misma labor Adriano Romualdi y Hans F.F.K. Günter] “Tras la retirada de los hielos, encontramos modernos cráneos nórdicos como: el de Stängenas (Bohuslän), datable en el 6000 a. C., los de Ellerbeck (Kiel) y Pritzerbersee (Brandeburgo), atribuibles al Mesolítico. Este carácter nórdico del área megalítica se perpetuará desde el Paleolítico al periodo germánico, testimoniando la ocupación ininterrumpida de esos territorios. Eugene Pittard (1924, … pág. 261[en cita del insigne antropólogo Adriano Romualdi] ): «Los hombres que tallaron los cuchillos de sílex pertenecían a la raza de los cráneos alargados. ¿No es cierto, entonces, que este tipo étnico se mantiene y se incrementa, naturalmente, en las épocas subsiguientes hasta la aurora de los tiempos históricos? ¿Y esta constatación no está en flagrante contradicción con las teorías arqueológicas que quisieran que toda nueva civilización aparecida en Escandinavia correspondiese a una sustitución de la población precedente (pero ¿qué habría sido de ésta?…) por parte de la que aporta la cultura más reciente?». Optamos por las conclusiones del gran antropólogo suizo Señor Pittard, que sigue escrupulosamente la división racial del pueblo Ario, aseverada y explicada por el gran antropólogo Hans F. K. Günter. Sea cual fuere la hipótesis que se excoja, lo cierto es que cráneos y esqueletos cuyas formas pueden considerarse que están en el origen de las európidas se encuentran en Europa hasta una fecha que Reche cree poder remontar al 80. 000 a. C. .

2.). Parte.

 Tercera parte: ORIGEN ARQUEOLÓGICO DE LAS RAZAS ARIAS IVERSIFICADAS, COMPRENDIENDO LA NÓRDICA COMO Matriz, de origen real y mítico natural Divino anterior!

...La Europa caracterizada por el clima marítimo del último periodo de la Edad Glacial fue la cuna [ no la Primitiva ni primordial] de la raza nórdica y por tanto de los indoeuropeos y su abundancia en razas diferentes… (Reche 1936, 316).

Cuarta parte: Limpieza de Sangre, preciosísima institución católica, humanística y jurídica, civil, canónica, hispana, Papal para el Reyno e Imperio ambos de España; figura jurídica Legal, histórica, multisecular, tradicional y luego Tradicionalista Integrista (según Manifiesto de la prensa tradicionalista Carlista e Integrista del egregio Señor, gran Orador católico antimasónico Don Ramón de Nocedal y Romea, que Dios guarde en su Santa Gloria:

" Esto procura la Naturaleza, así lo verás en los longares do vivieres, que el bueno e de buena razza todavía retrae [de] do viene, y el desventurado, de vil razza e linaje, por grande que sea e mucho que tenga, nunca retraerá se non a la vileza [de] donde desciende". Reverendísimo Señor Arcipreste de Talavera, Don Alfonso Martínez de Toledo, “El Corvacho,… “,… 1438,… .  En absoluta coherencia con el título e ideal que acabamos de titular y adjetivar con notas esenciales propias e históricamente demostradas evidentes, por la que la Catolicísima Pía Unión de San Pablo Apóstol, prefiere exclusivamente la membresía de Arios, en la Pía Unión, y se adecúa así, en lo que libremente le compete, a las leyes y Estatutos de Limpieza de Sangre, bajo Autoridad de Los Reyes Católicos. Limpieza de Sangre excluyente, de suyo, de moros, negros, mestizos y judíos.

Nuestro principal maestro es Su Ilustrísima el doctísimo Inquisidor de LLerena Fray Juán Escobar del Corto, O. P., autor del modélico “Tractatus  Bipartitus de Puritate Sanguinis…”.Por puro rigor lógico con dichos principios se acepta necesaria y útilmente, con gran encomio de nuestra parte, la evolución, en versión racialista albofílica, de la Limpieza de Sangre, en el siglo XVIII español, manteniéndose a la sazón las pragmáticas regias correspondientes, al menos para la Corte Administrativa Real, Notarías del Reyno, Cabildos Catedralicios, Ordenes Religiosas, todas las Órdenes Militares, Religiosos, Hermandades, Cofradías, Gremios, Colegios Mayores, Escuelas, Universidades, etc., y, a finales del XVIII, bajo Carlos IV, con nuevas restricciones para los Jefes y Oficiales del Ejército de Su Majestad. Tantas instituciones sociales españolas han exigido, muchas por propia iniciativa y libremente, para la membresía en las mísmas, la Limpieza de Sangre, así como, por analogía, lo hicieron, en nuestro Siglo de Oro los Seminarios Conciliares.

La Limpieza de Sangre era el título nobiliario no más alto, pero sí el más apreciado por la Iglesia Española, su Nobleza Histórica y su pueblo llano de “Cristianos Viejos“, para cuya certificación era única competente la Santa Inquisición de las Españas, hasta el primer cuarto del siglo XIX, luego pasó a jurisdicción de los Tribunales Ordinarios.  

Quinta parte: Estatutos Catedralicios y Bulas Pontificias.

Los primeros en estatuir Limpeza de Sangre en sentido dicho fueron los Cabildos Catedralicios de Córdoba (Capilla de San Acacio), Badajoz y Sevilla (1515), y Su Santidad Julio II, Papa, de felicísima Memoria, sirvióse de confirmar, el 9 de enero del año de Gracia de 1511 el dicho Estatuto de Badajoz, prohibiendo el ingreso, al Capítulo, de hijos, y nietos, de herejes, los “publice vel occulte reconciliati, sive de genere sarracenorum, sive marranorum”. Poco después S.S el sabio y erudito León X, gigantesco mecenas de las más Bellas Artes de la Humanidad de todos los tiempos, promulgó su Bula “Apostolici Redimicis” de 12 de Septiembre de 1516, especialmente contra Judíos cf. Las Bulas “Ad Extirpanda”, de S.S. Inocencio IV, de 15 de Mayo de 1252, donde se autorizaba esclavizar a los negros. “Romanus Pontifex” , de S.S. Nicolás V, de 8 de Enero de 1455, donde autorizaba a recluir, en los pueblos y ciudades, en guetos, a los judíos. Este mismo Papa. Nicolás V, dió ejemplo estableciendo un gueto para judíos en todos los Estados Pontificios. “Cum Nimis absurdum”, de S.S. Paulo IV, de 14 de Julio de 1555, donde prohibía las Sagradas Ordenes a conversos, judíos, mestizos, negros y moros.

..."[Para] ser enemigo de Cristianos no es necesario ser [de] padre, y [de] madre judíos, uno sólo basta; no importa que lo sea el padre, basta la madre, y ésta aun no entera, basta la mitad, uno tanto, basta un cuarto, y aún octavo, y la Inquisición Santa ha descubierto en nuestros tiempos, que hasta distantes veintiún grados se ha conocido judeizar..." Muy Rvdo. Padre Torrejoncillos, “Centinela contra Judíos”, Pamplona, 1691. 

El Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas, bajo Su Majestad El Rey y doble Emperador Karl o Carlos Von Habsburg, Su Eminencia Reverendísima y Patriarca Martínez Silíceο pronunció un célebre discurso a favor de su Estatuto de Limpieza de Sangre a ser observada como requisito para ser miembro del Cabildo de la Primada, y mantuvo una lucha acérrima contra la oposición a él judía e infiltrada en el aparato externo de la”Iglesia; ganó la guerra, terminada con la decisión a favor del Cardenal, de Su Santidad el Papa.

Sexta parte: Limpieza de Sangre “conditio sine qua non” de profesión religiosa en las Ordenes de Derecho Pontificio.

Aplicaron la exclusión de los conversos los dominicos en 1489, (por lo que San Martín de Porres no se hubiera podido santificar, a partir de esa fecha, como hermanito lego, en la O.P), a la que siguieron los jerónimos en 1493, después de que pocos años antes la Santa Inquisición Española, en plena y ejemplar justicia contra esos criminales,  condenara y declarara “herejes convictos, impenitente y relapsos [al Brazo Secular] a cinco monjes de dicha Congregación, a los cuáles la Fuerza Pública ejecutiva, bajo exclusiva jurisdicción secular de Su Majestad El Rey de las Españas, ejecutó en un Auto Público quemándolos y muriendo pertinazmente impenitentes . Los Franciscanos aprobaron la Limpieza de Sangre treinta años más tarde, en 1525, y los Jesuitas en 1593.

Septima parte. Apéndice.

Cf. Angel Rafael Almarza, “La Limpieza de Sangre en el Siglo XVIII venezolano”, Caracas, 2009, Cap. II: (Extracto reseña de ese Cap.) :La Universidad de Caracas fijó en 1727 requisito ineludible de Limpieza de Sangre y Racial para que el postulante fuese admitido al alumnado. Estableció “un procedimiento institucional para revisar el linaje del solicitante que aspiraba a ingresar en dicha institución o de aquellos que pretendían ocupar un cargo en ella” (pág. 51). La educación universitaria en la Venezuela del siglo XVIII estaba vetada a los mestizos, negros, indios, judíos. … “para poder ingresar en la Universidad de Caracas, a cursar estudios en alguna de sus Facultades, no se pedía más documentación que la partida de bautismo que acreditase la calidad de blanco” (p. 52). El Colegio de Abogados de Caracas prohibió el ingreso en la institución a todos aquellos que fueran descendientes de los nativos americanos y africanos.

Espero haberme expresado diáfana, clarividente y fundadamente, “a qui pese e a qui non”, como dice el Mio Cid, y he resuelto con Historia, el Magisterio Ordinario y Extraordinario de la Iglesia Católica, y Aristocratismo, demostrando que la Pía Unión de San Pablo Apóstol no es de “novatires”, ni se ha inventado nada esencialmente nuevo. Se ha ceñido a la verdad y ha actuado en consecuencia. E insisto en que, en lo opinable, esta Institución cree que el origen terrenal divinamente Providencial de la supremacía de la Raza Aria es Hiperbórea, siendo la Atlantida, estación hiperbórea.

Los últimos pronunciamientos del Magisterio Ordinario de la Iglesia sobre el Arianismo, (Racismo, blanquismo), son de los años 20, 30, 40, 50. Como por ejemplo el Cardenal Adolf Bertram, cabeza ex officio de la Iglesia alemana entre 1920 y 1945. Mons. Cesare Vincenzo Orsenigo, Nuncio de S.S. Pio XII. El Cardenal Adolf Bertram muy respetado por los Nazis. Mons Theodor Innitzer y otros Obispos de Austria el 18 de marzo de 1938 emitieron un comunicado  pidiendo a sus feligreses aceptar y apoyar el Anschluss, como refuerzo a la cultura de la Supremacía de la Raza Aria. El Arzobispo de Múnich, Mons. Michael Von Faulhaber. Pero la imagen más recurrente, de este Cardenal, es la admiración que profesaba por Hitler. Poco después de un atentado fallido contra el Führer en Munich en 1939, el Cardenal le envió un telegrama donde admitía la acción de la “providencia divina” para salvarle la vida y echó a volar las campanas de la catedral en un glorioso Te Deum convocado para rezar por la vida de Hitler. El Obispo. Mons. Alua Hundal. Obispo Austriaco, consultor del Santo Oficio, que residía en Roma. Creía que el Nacionalsocialismo expandiria la la Cultura Cristiana y la Supremacía de la Raza Aria. Aunque el más Arianista racista, fué el Obispo Castrense del III Reich, Mons. Franz Justus Rarkowski y así un largo etc. 

Por tanto insisto, para pertenecer a está Milicia de Guerreros de Cristo:

1.). Hay que ser Católico Apostólico y Romano.

2.). Tener limpieza de Sangre.

3.). Pertenecer a una Suprema Raza, o sea, a una Raza Aria y no tener defectos físicos ni taras contemplados en el Derecho Eclesiástico restrictivo en materia de pertenencia al Clero, tan sólo que nosotros lo extendemos a toda la membresía.

Por tanto, de lo contrario, si faltan algunos de estos 2 últimos requisitos, abstenganse de contactar con nosotros. El 1, sin embargo tiene solución, de no ser católico se le bautiza y pasa a ser Hijo de Dios y de la Iglesia Católica, " Euntes ergo docete omnes gentes baptizantes eos in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, (San Mateo, capítulo 28, versículo 19), sin embargo los otros 2 no tienen solución " Quod natura non dat Ecclesia non prestat".                 

                     +Paulus de Rojas. Episcopus Sancta Ecclesia Domini Nostri, Grandis Hispaliae, et Sacri Imperii Duc, ex Voluntate Dei ac Divinae Providentiae.

Quien desee obtener más información al respecto, puede escribir al siguiente correo  electrónico: secret.monsrojas@hotmail.es, o llamar por teléfono al 680 813 102. Será un placer atenderles. 

1). Parte.

 

LA NOCION HUMANA O IDEA DE RAZA (tanto en su acepción de conjunto unitario tipológico de cualidades biológicas biológicamente hereditarias de un ser vivo; cuanto de pueblo de un mismo tipo biológico cualitativo hereditario) ES ANTERIOR A LA HISTORIA, O SEA, ES PREHISTORICA, ASI COMO TAMBIEN HISTORICA Y SENCILLA, Y SU OBJETO (la raza en la realidad extramental) ES SUMAMENTE EVIDENTE.

LA NOCION DE RAZA HUMANA EXISTE EN LA HUMANIDAD DESDE QUE UN INDIVIDUO HUMANO VIO A UN SER HUMANO EXTRAÑO, DE OTRA RAZA, Y VIO TAMBIEN A LA GENTE DEL PUEBLO ÉTNICO PROPIO DE DICHO EXTRAÑO, Y ASI SUPO QUE LAS CARACTERISTICAS QUE A TAL AGENO LO HACÍAN DIFERENTE DEL SUJETO OBSERVADOR ERAN COMUNES AL PUEBLO DEL ALUDIDO INDIVIDUO EXTRAÑO VISTO, Y ERAN COMPARTIDAS POR ABUELOS, PADRES E HIJOS, O POR LAS DISTINTAS GENERACIONES, DE ESE PUEBLO, induciendo, dicho observador, que tales características diferenciales del individuo extraño eran transmitidas de padres a hijos, al igual que sucedía con las raciales propias del observador respecto de sus ascendientes. O sea, que la idea de raza, el conocimiento primario esencial de la realidad racial, existe más o menos : “¡DESDE SIEMPRE!.

Orígenes :

El concepto de raza (expresada por las principales concreciones semánticas del arquetipo abstracto fonético “R-a-$[(-â)]” ), no logró una explicación científica exhaustiva hasta la muy tardía adquisición de la certeza científica de la procreación a partir de dos células reproductoras, la una del padre y la otra de la madre, ambas transmisoras del propio legado genético, que se fusionan formando el zigoto, y se enriqueció con la elemental instrucción de los descubrimientos científicos del Presbítero y monje católico austríaco Excmº. y Rvdmº. Padre Gregor Mendel, devenido Abad de su Monasterio; por consiguiente mucho después de que hubiese surgido el pensamiento racial esencial realista, básicamente certero, aunque no plenamente científico, como tampoco anticientífico, objeto de ulterior definición cientificoempírica. El conocimiento del fenómeno biológico, anatómico, fisiológico, psíquico racial existió ya esencialmente desde tiempos inmemoriales, de cuyos logros científicos nos quedan vestigios, pues la inmensísima mayor parte de los tesoros, muchos de ellos meramente orales, de sapiencia, cultura y civilización de la Prehistoria y Antigüedad, han desaparecido para siempre.

A este aniquilamiento han concurrido y concurren causas “naturales no humanas”, y las humanas desaprensivas. El mayor ejemplo vagamente recordado de catastrófica causalidad humana destructiva de Civilización fue, y es, el incendio y aniquilación de la Biblioteca de Alejandría. Los culpables fueron por una parte un grupo de fanáticos obispos de origen plebeyo, despreciadores de la Ciencia que llamaban mundana, con el beneplácito del Emperador Teodosio, fanático hereje pseudocristiano (como todos los herejes), que alentó el caos religioso en el Imperio y lo dividió por fín entre dos hijos, y por otro lado fanáticos musulmanes secuaces del exaltado, altanero, sanguinario, mujeriego, libidinoso y cruel analfabeto Beduino. Ni la catástrofe de Pompeya y aledaños puede comparársele, pues gracias al sepultamiento de aquellas ciudades la arqueología nos ha hecho recuperar tesoros bien conservados y guardados por la tierra volcánica que los sepultó. Yo diría que desde la desaparición de la Atlántida no ha ocurrido una desgracia igual para la Civilización. La idea de raza existe desde el albor del “homo” [ – y no me refiero sólo al llamado “sapiens” (epíteto poco adecuado para tantos tontos cuyo número la Biblia dice ser “infinito”), sino también al “homo antecesor”, a los cromañones, neandertales, hombres de Java (“homo erectus” ) y los demás suficientemente inteligentes de Atapuerca, sin que yo excluya al legendario albísimo, áureo y celeste “homo borealis” llamado“hiperboreus”, aunque su humanidad es, si nó irreal, al menos misteriosa y envuelta en el mito hoy casi enmudecido y lacónico de Hiperbórea, la Atlántida.

El primigenio Egipto, Tartessos y Micenass, sabían que había tipos de animales que estaban divididos en grupos diversos entre sí, cada uno de ellos poseedor de características somáticas y psíquicas constantes, propias de él y de sus congéneres, las cuáles se reproducían en las criaturas concebidas por sus progenitores homogéneos entre sí , y continuaban biológicamente heredándose en los siguientes descendientes, con cierta desigualdad cuando intervenía algún cruce en la prosapio.

Sobre todo en el Neolítico de los pueblos arios los ganaderos, con su cría selectiva caballar, bovina, ovina, etc., y todos los hombres, por muy pocos entendimiento y observación que tuviesen, veían que los seres vivos de una misma especie heredaban de sus progenitores el cuerpo y características físicas, unas fundamentales y otras accidentales (figura, tamaño, colores, etc), de las cuáles unas eran características de género, otras de la especie y otras de la raza. Cualquiera ha podido siempre ver que unos pájaros canarios engendran pájaros canarios; son aves (un género animal, comúnmente hablando), son pájaros (una clase de animales, también comúnmente hablando), y son canarios (raza). Todos hemos visto, o sabido, por ejemplo, que palomas engendran palomas, no canes, ni gatos; y palomas torcaces (de raza torcaz) engendran torcaces, no vulgares.  En cuanto, por ejemplo, como siempre ha ocurrido en mentes sanas aunque fuesen cortas, se viese a dos grupos de canes de distinta raza, se advertiría inmediatamente la distinción racial en cuanto tal, y cualquiera, cualquier observador que viese esos fenómenos al alcance de cualquier entendimiento, hasta el hombre más humilde, el más recóndito aldeano, el subnormal, al igual que el superdotado, advertiría y sabría, seguro de su experiencia e instincto intelectual, que había distintos tipos o clases de canes, aún siendo todos ellos canes, y cada uno de sus grupos raciales engendrando perros del mismo aspecto y de las mismas cualidades que cada perro del mismo grupo tuviera, pero que no tenían los miembros de las demás castas caninas.

Los inmigrantes, navegantes por continentes e islas remotas, exploradores, e incursores, que siempre los ha habido, y entre los que a veces se hallaban naturalistas, han dejado pocos rincones terrestres sin hollar, y siempre han advertido el mismo fenómeno constante en toda suerte de animales y plantas, incluidos los seres humanos que conforman diversos grupos étnicos, con características morfológicas accidentales muy distintas. Veían no sólo a animales de distintas especies físicas, sino también a distintos tipos de animal pertenecientes a una misma especie real (no meramente conceptual). Que a ese conocimiento universal y antiquísimo, perenne, correspondiese una palabra exclusiva, o un vocablo específico, o uno genérico aplicado al caso, o con qué signos expresasen tal conocimiento, es otra cuestión, como la de si la raza es accidental, esencial, o quasisubstancial al sujeto, y en qué medida, cuestión clave en la comprensión tanto de la idea de “raza”, cuanto de su progresión semántica e histórica ; pero que ese conocimiento de la realidad y de la idea de raza es inevitable para cualquier homínido un poco inteligente que haya visto especímenes de distintas razas dentro de especies biológicas distintas de otras, y todo ello a simple vista, es conclusión necesaria y evidente. Acabo de reiterar “empalagosamente” esta obviedad, porque no hay verdad, por muy evidente que sea, que no haya alguien que la niegue; y, mientras más evidente es una realidad y una verdad, más al alcance de la experiencia inmediata de cualquier ser humano mínimamente inteligente, mayor y más ingente es el esfuerzo insano para hacerla aparecer como falsedad y falsedad refutada; mientras más grande y obvia sea una realidad, más y más voluminosos libros se escriben contra ella, más se escribe y argumenta intentándose que las víctimas de esta balumba de basura pseudocientífica, normalmente de inspiración sionista protocolosiana, crean que la realidad confutada por los manipuladores y embaucadores no existe, de modo que su mentira aparezca como verdad demostrada, y la verdad aparezca como mentira, falsedad, o idea estúpida.

2.). Parte

 

Durante la Edad Media se procuró catalogar, en tres categorías, a todos los grupos humanos, según las respectivas cualidades diferenciales hereditarias de los mísmos, de cuya existencia daban cuenta los viajeros . Mayr escribe la bobada de que desde entonces ( ¿Desde cuándo? : ¿Desde el Génesis que refiere las tres estirpes malinterpretadas, por algunos, cual “razas”? ¿O desde la mal llamada Edad Media? ) comenzó a enraizarse la idea de la división de la humanidad en cierto número de razas, contribuyendo ello así a un esquema que sirvió, en gran medida, al fomento de los prejuicios raciales y el racismo.

Los prejuicios raciales, en forma de antirracismo apriórico, los tiene él, y es una estupidez pensar que la idea de la división de la Humanidad en razas  –  como si se tratase de una idea artificial, inventada, no reveladora de una realidad física (la diversidad de razas humanas)  –  se “enraizara” o agudizara en la Edad Media.  Lo que ocurrió desde el siglo XIII  en Europa es que LA IGLESIA CATOLICA, generó un renacimiento filosófico, teológico y de las Ciencias Empíricas, y un avance espléndido en las Bellas Artes, progreso que tuvo un gran aumento a finales del siglo XV, con el Renacimiento. Muchos hombres de ciencia, cristianos, admitieron y fundamentaron la división de la humanidad en distintos tipos de razas, abordándose intentos científicos por ubicar lo más objetivamente posible a cada ser humano en un grupo particular caracterizado por cualidades hereditarias como el color de la piel, la forma del cráneo, el tipo de cabello, el color de los ojos, la forma de los labios, las proporciones corporales, la psicología y aptitudes psíquicas y anímicas, etcétera. 

La antropología científica dentro de la población genéticamente europea dió  diversos catálogos, tampoco numerosos, de las raciales variedades físicas y psicofísicas humanas . Surgieron no un sin número, como dice Mayr, sino algunas clasificaciones, eminentemente tipológicas, sustentadas en la evidencia, no en la opinión, de que todos los miembros de una raza participan de su esencia y poseen sus características típicas. Estos procedimientos de clasificación racial del hombre no se detuvieron, sino que incluso se extendieron también a las características bioquímicas, inmunológicas, fisiológicas y genéticas.

Durante los siglos XIV y XV la arquitectura naval experimentó un notable avance al incorporarse los conocimientos heredados de los romanos, árabes y vikingos. Al perfeccionamiento en la construcción de las embarcaciones se sumaron los notables adelantos en los instrumentos náuticos y el desarrollo de la cartografía. Los viajes europeos de exploración comenzaron a principios del siglo XV cuando los navegantes portugueses avanzaron hacia el sur, bordeando la costa de Africa hasta que, en 1487, llegaron hasta el océano Indico.

De allí en adelante las expediciones se multiplicaron, especialmente después de que las victorias otomanas hicieron peligrosa la antigua ruta hacia el Este vía Alejandría y el mar Rojo. Mientras los portugueses exploraban la ruta oriental a Asia, los españoles zarpaban hacia el Oeste; los ingleses, franceses y holandeses hicieron lo propio en los últimos años del siglo XVI y la primera mitad del XVII. El descubrimiento de América por parte de los españoles en 1492 tuvo consecuencias insospechadas para sus protagonistas.

Los europeos, especialmente España y Portugal (que llegó en 1500), se enriquecieron a corto plazo debido al continuo flujo de metales preciosos que extraían de sus nuevos territorios de ultramar. España era la potencia más rica de Europa en el siglo XVI, si bien sus cuantiosos gastos bélicos no permitían la existencia de una sociedad de vida muelle o regalada.  Inglaterra, entregada oficialmente a la vasta piratería, y Francia, atrasadas con respecto a los descubrimientos, se aposentaron en América en 1607 y 1608 respectivamente. Los banqueros judíos de Flandes capitalizaron los ingresos que se escurrían rápidamente de las arcas ibéricas. Dichos viajes marcaron el inicio de cierta expansión europea a lo largo y ancho de todo el mundo. Es una memez mayriana la afirmación de que Europa en aquella época tomara conciencia de la gran diversidad de hombres y culturas, como si hasta entonces no hubiesen conocido Africa y otros pueblos racialmente muy diferentes a los tipos humanos europeos, y como si entre éstos mismos no fuese, desde hacía milenios, perceptible diversidades fenotípicas profundas y muy notorias. En los suelos de las casas gentilicias de la antigua Roma los artistas representaban muchas veces a negros africanos, prueba de que no se había de ir lejos para conocer a humanos de razas muy diferentes de las arias. No obstante, el descubrimiento del Nuevo Mundo y de sus indígenas racialmente distintos a los de los tipos conocidos en Europa hasta entonces, provocó una controversia sobre la condición humana de los pueblos americanos y sobre si era o no lícito esclavizarlos, la cuál zanjó Su Santidad el Papa Alejandro VI, quien determinó que hera lícito hacerlo por ser inferiores.

  Otra memez es la tésis de que, debido al hecho de la conquista y colonización, se percibió a dichos indígenas como axiológicamente inferiores a los conquistadores. La “percepción”, o presunta percepción, de dicho tipo de inferioridad no depende de que el perceptor, o imaginador, sea conquistador, o bien conquistado. Un católico cautivo de los sarracenos podía considerar espiritual, moral y culturalmente inferior al negro y carcelero de la mazmorra en que sufriese preso, como es obvio, y normalmente un europeo de raza veía a un blanco cautivo por negros, o árabes, como racialmente más valioso que cualquier negro o árabe libre, dominador, o conquistador.

3.). Parte. Cristianismo y Raza.

 

I.- LA RAZA, LAS RAZAS HUMANAS ANTE EL CRITERIO DEL CRISTIANISMO TEORICO O DOGMA CATOLICO Y SUS VERDADES TEOLOGICAS TEORICAS:

En el Antiguo Testamento Dios escogió para sí a uno de entre los pueblos de la Tierra, con el fin de que cumpliese una misión de revelación, salvación, civilización y hegemonía sobre toda la Humanidad. Era el antiguo publo hebreo, (hebreo es un nombre, no especifica a la etnia judía en absoluto), compuesto por tribus y constitutivo de un grupo étnico (no necesariamente una raza homogénea, en sentido mendeliano), al que pertenecía el rubio y ojiazul Rey David, según la Sagrada Escritura bello hijo de Absalón, y el sabio por antonomasia rey Salomón, entre otros hombres de rasgos de raza nórdica o similar.

Este grupo étnico  ya no era el pueblo que regresó del cautiverio de Babilonia, sino un populacho pseudohebreo de pésima fama en la historia.. Sea como fuere, el caso es que el Pacto Divino y la Promesa (“FORMA”) estaban hechos a un grupo humano identificado indispensablemente por su biología, por su estirpe, ora racial, ora plurirracial, por su sangre (“MATERIA”), materialmente y al menos parcialmente engendrado por el prepucio de Abrahám. Los semitas de Abrahám no son judios. Los judíos son fruto de la mezcla con los hititas, idumeos etc y en sentido mendeliano, por cuanto una raza, mendeliano sensu, no existen, no son nada y la nada es nada y nada más. 

La mezcla étnica (no digo racial), el intercambio sexual o la fertilidad cruzada con individuos de otros pueblos estaba estricta y terriblemente prohibida por Dios, quien penaba severísimamente a los infractores de esta “Ley de Pureza de Sangre”, semejante a las que han observado la mayoría de los pueblos de la Tierra desde siempre. La prohibición perseguía conjurar el riesgo de contaminación religiosa, el de que el hebreo, o hebrea, que no judio, casado con extraño recibiera la mala influencia del cónyuge que no profesase sinceramente la religión hebrea, o que fuese proclive a seguir la de sus padres no hebreos. Para Yahvé ni todos los pueblos eran “su” pueblo, ni todas las estirpes eran iguales en mérito sobrenatural añadido, ni mérito natural incluido, ni todas tenían la misma misión y dignidad divinas en la Tierra, ni todas poseían el mísmo derecho a ser libres o autogobernarse, ni todos los individuos de los demás pueblos tenían de por sí los mismos derechos naturales concretamente, en contraposición al designio político religioso auténtico del pueblo hebreo. Perdía el derecho a la vida el individuo y el  pueblo que se resistiese a  ser-conquistado-por-mandato-de-Yahvé, cuando el mandato expreso se concretaba sobre sujetos pasivos también concretos, y sobre cuya ciudad o poblado Dios hubiese lanzado el anatema, castigo que implicaba la destrucción de personas y animales, o de todo ser viviente, hallado en el lugar del horrendo interdicto. Ese Dios, a quien adoran también los descendientes  directos de Abrahám, es objetivamente el mísmo del Nuevo Testamento, es el Padre Eterno de Jesús, es el mismo Dios que fué y es nuestro Dios y Señor Jesucristo. Y Dios, ese Dios, todo Dios, “no se muda”, como dice Santa Teresa de Jesús, poniendo voz a toda la Iglesia Una, Santa y Católica y Apostólica. Sin embargo el dios de los judaistas no es subjetivamente el mismo que el de Cristo, no es Cristo, Hombre pero también, y sobre todo, Dios. El Dios objetivo, católicamente identificable, no corresponde a la idea subjetiva judaista de dios, ni la voluntad y designios de este llamado dios son la Voluntad y Designio del Dios real, objetivo, verdadero.

Jesucristo, refiriéndose a los no-judíos, ( dejando claro que se refiere a los judíos, en sentido espiritual y bíblico Loudaios, ya que la raza judía no esiste) es decir, a los gentiles, decía que “no es lícito hechar a los perros el pan de los hijos”. Para él los gentiles eran despreciativamente “perros”, y los hijos de Israel de sangre, de estirpe, o de etnia, eran “hijos”, hijos de Dios, hijos suyos, pero no confundamos a los hijos de Israel con los Loudaios.

Hebrea, prima de Santa Isabel, esposa de un Levita, era su Madre, María Santísima, Madre de la Iglesia, nuestra y de la humanidad redimida por Cristo.

Los Levitas eran Sacerdotes, mucho más que rabinos. Eran tribu segregada y ordinariamente preservada de los demás. Hebreos o de dicho pueblo fueron presumiblemente los Apóstoles. Los hijoos de Israel o “hijos de Abraham” a quienes principal mas no exclusivamente (el centurión de más Fé que cualquiera del pueblo de Israel; la mujer aquejada de hemorragias, …) predicaba el Salvador, Éste los llama “Israel”, o “Pueblo escogido por Dios”, pueblo que no tiene por qué ser el hebreo, pero que sí es, al menos, el heredero del antiguo hebreo. Y cuando Jesucristo mandó a sus apóstoles que evangelizaran al mundo, les ordenó que comenzasen por los hijos de Israel, por un pueblo, una sangre pura o mezclada (más bien mezclada y no por eso los judíos no son una raza en sentido mendeliano del término, es obvio. A esa macrosectambros absolutos reconocidos por cualquiera de las sectas de que se compone, individuos de raza mediterránea [a la que pertenece la mayoría de los sefardíes (como testimonian las investigaciones arqueológicas y antropológicas citadas por la experta Sra. López Ibor)], raza nórdica, negras, negroides y dinárica espúrea jázara, así como hay Loudaios, de tal modo reconocidos por la judería, que son chinos, mongoloides, etc.. Por tanto la prueba está de manifiesto. Lo certifica también el célebre Antropólogo y arqueólogo suizo Señor Pittard. Debido además, a la génesis religiosa o supersticiosamente jurídica privada proselítica de esa sociedad autodenominado judía, no hay linaje racial puro, ni híbrido relativamente homogéneo, que pueda ser considerado científicamente como raza biológica mendeliana. Queda claro que los judíos no conforman una raza, es más, son una etnia maldita por Dios. Quienes crucificaron a Cristo.

No obstante San Pablo, y Dios através de él, aclaran que respecto a la Fé y sus prerrogativas ya no hay judío, ni gentil, sino que el cristiano es tal sea cual sea su raza o filiación étnica, o nacionalidad, pero advierten que los que provengan de los gentiles son especialmente adoptivos, tienen una cierta secundariedad (irrelevante respecto de la Gracia y los méritos para la Vida Eterna), son las ramas de un tronco, el del pueblo Hebreo, o como se convenga en llamarlo, del que viene la Salvación y al que sigue correspondiendo esa elección y ese honor exclusivo de él.

Con el cristianismo de San Pablo los Loudaios PUEDEN DEJAR DE SER "JUDIOS" y pueden casarse con los gentiles, el Pueblo de Dios ya no es conformado por leyes en determinados y mayoritarios casos étnicos, ni por una sangre determinada, sino por la Fé, el Bautismo y la Comunión Eclesial. En la Iglesia caben, como miembros suyos de pleno derecho a la Gracia Divina y a los medios salvíficos eclesiales, cualesquiera seres humanos que observen la sagrada Comunión jerarquizada de los Santos y cristianos genuinos, esto es, Católicos, Apostólicos y Romanos. Pero se trata de una adopción gratuita de Yahvé, un injerto hecho a una estirpe (devenida plural), como tal escogida antaño por el propio Dios, el mismo Yahvé prohebreo, etnicista en parte, a veces belicista y anatematizador, el “Deus Sabaoth”, o “Dios de los Ejércitos” sanguinarios (no en sentido moral, sino físico) de Israel. Dios no está hecho de merengue, no es la pura suavidad, delicadeza sin más, afeminamiento, es el Cristo que, aun siendo misericordioso y sentimental con sus amigos como Lázaro, con leprosos y tullidos, con samaritanos, prostitutas y reos convictos de muerte, a pesar de mostrarse amable con las mujeres que castamente lo acompañan, y a pesar de ser casta y ejemplarmente cariñoso, en especial con los infantes y el adolescente San Juán, Apóstol, Evangelista sutil, de exquisito sentimiento y espiritualismo sublime,  … es oportunamente severo con algunos de sus enemigos, acérrimo contra los protervos de entre los fariseos y letrados "judíos" de su época, en quienes están justísima y suficientemente representados la mayoría de los políticos y abogados de la nuestra.

Es el Dios Hombre que en el Nuevo Testamento proclama que no ha venido a traer la paz, sino la espada, la guerra, discordia y división, incluso en el seno de las familias; es el Cristo que dice: “Enemigo del hombre son los de su casa”. Él es quien traspasa, como a la Dolorosa, el corazón de Santa Teresa con dardo dolorosísimo, de amor, sí, pero de penitencia y gran tormento. 

Contra esta realidad de nada sirve la réplica de que Dios es infinitamente bueno y misericordioso, la misericordia divina no hace mentira a la verdad del sufrimiento a que Dios, hemos de admitir que justa pero enigmáticamente, somete a sus criaturas, a muchas a suplicios, en este “valle de lágrimas” y destierro del paraíso terrenal. Además la retribución final divina por nuestros actos, es decir, el premio o castigo por nuestras obras dependerá de la bondad moral de éstas, a la existencia de las cuáles podrá haber contribuido la excelencia, activación y actuación de características raciales, pero no sin que el ser humano haya sido premovido por la gracia gratuita divina.

Todo cristiano puede ser santo, sea blanco como San Alberto Magno, o negro como el excelso, profunda y entrañablemente bondadoso San Martín de Porres. Más aún: las buenas dotes naturales del individuo humano, sin que obste que sean también raciales o nó, las capacidades de cada uno, incluso las que haya heredado biológicamente de sus progenitores y demás ascendientes, conviértense en perniciosas para quien obra inicuamente, es decir usándolas como medio para hacer el mal, de modo que, como sentenciaba el antiguo proverbio romano:“corruptio optimi pesima”, la depravación del mejor hombre (como el más sano, inteligente, voluntarioso y fuerte) es la peor.

4.). Parte.

 

Ahora bien, una cosa es que todos somos cristianos y podemos serlo sin obstáculo racial alguno, y que los Santos sean de muchas razas, y otra cosa muy distinta es que el Cristianismo haya predicado alguna vez que todas las razas son iguales en características mentales, en cualidades, en aptitudes, en predisposiciones, en capacidad de salud física natural, etc., es decir, en valores naturales. El Cristianismo no ha predicado jamás que una raza no pueda ser superior a otra, en cuanto a superioridad meramente natural. 

Al Cristianismo como doctrina le da igual la superioridad o inferioridad naturales de una raza o un pueblo, o un individuo, pues al Cristianismo lo que le interesa es la conversión del pagano, cualquiera que sea su raza, sea considerada, o nó, inferior, o superior, en uno u otro aspecto, y pueda o nó ser inferior o superior a nivel natural o en determinadas capacidades o bienes de conformación psíquica, o física, como el áureo esplendor de cabellos, la celeste beldad de unos ojos azules, o la blancura de la tersa piel de una doncella escandinava; o bien como la azabache hermosura (no de mi gusto) de cabellos de raza mediterránea (a la que el nacionalsocialista nordicista Günther que aún siendo lo que era, calificaba de lo supremo en Raza Aria), la cálida coloración suave y sensual de la piel de una joven euromediterránea, … etc..

Aquí al Cristianismo, para lo esencial de su misión salvadora, le son relativamente indiferentes las opiniones estéticas y de valoración natural o filosófica profesadas y emitidas por personas privadas, asociaciones y Estados Políticos.

El Cristianismo preceptúa la Caridad para con todos los hombres. Todo hombre es prójimo. El primer mandamiento de la Ley de Dios es amar, sobre todo y con todas las fuerzas, al Criador, y el segundo mandamiento, no consejo, no sugerencia, no propuesta, no petición inexigente, sino Ley, decreto, precepto de altísimo rango y de necesidad para la salvación, es: “Ama al prójimo como a tí mísmo”. A este mandamiento es indiferente que el prójimo sea blanco, negro, o amarillo; es indiferente que sea o fuera de una, presunta o no presunta, raza “suprema”, “superior”, “media”, “inferior”, “ínfima”, o “igual”, en apreciaciones (por parte de quien fuese) de valores puramente naturales, como resultaría indiferente que el individuo, si ello fuera posible, no tuviese raza alguna, o perteneciese a una Humanidad uniracial, sea cual fuere el valor o las características atribuidas a la excogida raza única.

Ahora bien, ello no implica que el Cristianismo niegue la existencia de las razas; tampoco las afirma dogmáticamente, ni afirma, ni niega el valor, la bondad, ni la magnitud de utilidad de una, u otra, raza. Si bien una cosa es el Cristianismo como doctrina de Fé, y otra el Cristianismo como cuerpo doctrinal compuesto por dicha doctrina, o Dogma, por “Verdades Teológicas” (aquellas que se derivan necesariamente de la doctrina de la Fé), y por opiniones, sobre todo las públicas o canónicamente autenticas de la Autoridad encargada por Dios para evangelizar, catequizar, predicar. Las opiniones no opuestas al Dogma, no contrarias a la Fé, no son rechazadas por ésta, lógicamente, de modo que cuanto concuerda con la Fé, o no se opone a ella, puede ser considerado cristiano o no anticristiano.

El sujeto de la Fé, el creyente, y la sociedad de sujetos de esta clase, no sólo profesa dogmas, sino también opiniones. Es psicológicamente imposible no tenerlas. Entre ellas está la de que raza y estirpe son importantes, y la PATRISTICA, casi unánimemente, en cuanto a los Santos Padres que han tratado del asunto del abolengo y las prosapias, predica esa opinión, que es doctrina común, más que milenaria, tradicional del Cristianismo, de la doctrina cristiana integral histórica (que no incluye sólo el dogma o Fé, sino también las Verdades Teológicas y las opiniones católicas). Por otra parte el Cristianismo no tiene obligaciones morales, pero el cristiano sí, y la Moral Cristiana le obliga a admitir la verdad que le conste, a aceptar las verdades naturales, a aceptar como a tal la realidad, de lo contrario no existiría el precepto de no mentir, no sólo sobre la Fé, sino sobre cualesquiera percepciones y comprensiones naturales que tenga el sujeto. No le es lícito negar la Ley Natural, afirmada por la Fé, ni una parte de ella: el Derecho Natural, afirmado expresamente por la Doctrina Cristiana.

No le es lícito, pues es materia pecaminosa, negar la evidencia natural, ni  leyes naturales que conozca, y entre ellas están LAS LEYES MENDELIANAS, o las descubiertas por el ILmº. y Rvmº. PADRE GREGOR MENDEL,  que, en toda su extensión científica que abarca a todo ser vivo con células  específicas-reproductoras, implican la constatación de la existencia de RAZAS distintas, con sendas distintas cualidades, psíquicas y físicas, con respectivas diferentes prestaciones cualitativas, susceptibles de correspondientes diversos juicios de valor en cuanto a la utilidad de las diversas cualidades raciales.

No es menester acudir a la doctrina, tésis o hipótesis – allá cada cuál – de la inferioridad racial para hallar inferioridad (aunque no del mismo orígen que la racial propugnada por los racistas de cualquier signo moral y político). “Numerus stultorum infinitus”, dice la Biblia. La estupidez, la carencia de ingenio civilizador, la abulia, el enanismo, ésta están extendidos entre los hombres, y que ello al menos no siempre tiene su orígen en una predisposición racial lo admitirá hasta el racista más radical.

Al Cristianismo y su alto precepto del amor al prójimo, o Caridad cristiana, es perfectamente indiferente el orígen de los defectos o inferioridades que padezca el sujeto humano. Lo que no permiten es no el desprecio hacia el error, la ignorancia, la estupidez o el defecto físico, sino el odio y la inmisericordia hacia la persona que padece esos males, negándosele el amor y la misericordia no impedida, por ejemplo, por la llamada “legítima defensa” contra el injusto agresor, o por la aplicación de la justicia ecuánime de la “res publica”.

Al Cristianismo dogmático, es decir, a la Fé cristiana escueta, le da igual que alguien piense que determinadas inferioridades de un prójimo o un pueblo provengan de predeterminaciones raciales, en cambio no le dá igual que ese alguien trate a ese prójimo, o a ese pueblo, sin amor, sin justicia, sin respeto hacia su dignidad humana fundamental, esto es, en cuanto definitoriamente humana, a la que no obstan los defectos humanos involuntarios congénitos y otros sin culpa personal propia.

El Cristianismo, o sea, el Catolicismo, nunca ha predicado que el error tenga el mismo valor y derechos que la verdad, que la virtud valga tanto como el vicio, que las capacidades mentales y las físicas del individuo valgan tanto como los defectos o la disminución de las mísmas, que las imperfecciones humanas no tengan orígen racial o estén causadas por condiciones meteorológicas o de lugar (“hábitat”), así como no ha proclamado lo contrario, ni ha impuesto que deba creerse que la raza nórdica sea la mejor natural, o que lo sea una antigua hebrea, o alguna estirpe "judía", o cualquiera otra; más todavía: teóricamente, como he dicho, no obliga siquiera a creer que existan razas, ni a creer en determinados orígenes de las mísmas.

Desde el orígen especialmente divino de algunas, profesado por las tradiciones de sus respectivos pueblos, hasta el orígen en la influencia del medio ambiente, así como explicaciones endogénicas están permitidas por el dogma católico, al que no pertenece – almenos todavía- el monogenismo, defendido por Pio XII en su encíclica “Summi Pontificatus”,de 30 de Octubre de 1939. Quien sincera y honestamente profese el poligenismo (varias parejas cual primer origen de la Humanidad) no puede predicarlo como magisterio eclesiástico, pero puede sostenerlo para sin que ello implique herejía. En tal caso se pensaría en el caracter simbólico de Adán y Eva, quienes representarían a las primeras parejas. Aparece como una tesis errónea y peligrosa, pero no es negadora del Dogma.

5.). Parte.

 

Una cosa es el Derecho Natural defendido por la Iglesia Católica para todo individuo humano, y otra es que toda persona tenga la libertad de invocar y hacer valer tal Derecho como plenitud de derechos civiles en una nación ajena o en un Estado extrangero, máxime en los que racionalmente no se le autorice a entrar, ni a estar.

El Cristianismo ni manda, ni prohibe que se admita en una sociedad (cualquiera: conyugal, doméstica, asociación privada, religión, país, etc.) a gente extrangera, o ajena, y que ello se haga por motivos raciales, económicos, culturales, de paz y buena convivencia cívicas, siempre que se respete el “Derecho de Gentes” en armonía con el Derecho Natural.

El Cristianismo dogmático no prescribe la emigración, ni la inmigración, ni la “Pureza de Sangre”, ni el mestizaje, ni la monocultura, ni la interculturalidad, ni multiculturalidad, ni la convivencia estrecha con quienes por antipatía (no odio) o no empatía, u otros motivos de libre elección de amigos y vecinos, no se desea tener trato y sin que éste fuere circunstancial y necesariamente impuesto por la Caridad. El Cristianismo nos obliga a aceptar al prójimo como a prójimo, como humano, como persona, como imagen y semejanza de Dios, pero no nos obliga a departir, simpatizar o intimar con gente de todas las razas, o de una, u otra, no nos obliga a ver como a connacionales o indígenas o naturales de nuestra misma civilización patria, a los nacionalizados políticamente, a los “connacionales de meros papeles”, sobre todo cuando a ello les mueven intereses económicos, u otros ajenos al Bien Común de la nación del país de acogida.

En cambio el cristianismo obliga a las personas pudientes, como a los pueblos ricos, a socorrer a las poblaciones de los paises pobres. El Dogma directamente ni exige, ni prohibe inmigraciones ni emigraciones, sean cuales sean sus géneros. 

LA RAZA Y LAS RAZAS HUMANAS ANTE LAS TEOLOGIAS Y CASUISTICA MORALES NO OPUESTAS AL DOGMA CATÓTICO Y PROFESADAS POR NO NEGADORES DEL DOGMA CRISTIANO NI OPOSITORES DIRECTOS AL MISMO. LA APLICACION DE LAS “PREMISAS MAYORES” (en sentido técnico aristotélico del término) DOCTRINALES CRISTIANAS QUE SON EL DOGMA CATOLICO, EL ESTABLECIMIENTO DE “PREMISAS MENORES”, Y LOS JUICIOS PRÁCTICOS QUE, EN COHERENCIA Y CONSECUENCIA CON LA FÉ CATOLICA Y SU DOGMATICA, GRAVEMENTE DEBEN HACER LOS CRISTIANOS QUE TENGAN, POR VOCACION DIVINA, OFICIO E INTELIGENCIA, LA OBLIGACION MORAL INDIVIDUAL DE HACERLOS, APLICANDO EL “DERECHO NATURAL” A LAS REALIDADES Y SITUACIONES HUMANAS Y SOCIOLOGICAS CONCRETAS QUE DIOS HAYA PUESTO BAJO SU DOMINIO, PRUDENCIA Y ADMINISTRACIÓN.  “Il Diritto Naturale apoggiato sul fatto” (Taparelli).[ Borrador en curso:] Una cosa es el dogma como “Premisas Mayores” y otra muy distinta es hallar las verdaderas “Premisas Menores” que se les ajusten. Una cosa es la Fé en su teoría verdadera, o doctrina pura, que Dios existe, es bueno y gobierna, y otra muy distinta es descubrir qué gobierno concreto es ése, qué actos concretos de “hic et nunc” (=”aquí y ahora”) he de realizar yo como cristiano leal a Dios y su gobierno, qué y cómo son fulano y mengano y qué actos humanos he de emprender frente a esas personas, de modo que sea yo lo más consecuente posible con dicho dogma.

Un ejemplo : Al final del capítulo precedente he dicho : “…el Cristianismo obliga a las personas pudientes, como a los pueblos ricos, a socorrer a las poblaciones de los paises pobres. El Dogma directamente ni exige, ni prohibe inmigraciones ni emigraciones, sean cuales sean sus géneros. “ Y he subrayadio la palabra “directamente”, porque indirectamente, o sea, através de las realidades concretas humanas de “hic et nunc”, y sociológicas reales que vivimos, el Dogma sí que exige  –  aplicando el Derecho Natural teórico,  y haciéndolo práctico : “Diritto Naturale apoggiato sul fatto” –  evitar la emigración de quienes, por pobreza, se ven forzados a una emigración que querrían evitar permaneciendo, con suficiencia económica, en el propio suelo natal o patrio, junto a familiares y amigos, en la cultura que les pertenece, a la que aman y la que cultivan contribuyendo con la propia identidad étnica, linguística y autóctona, con una personalidad que en el propio país es la propia, predominante y soberana, lo que no ocurre cuando esa personalidad, en el individuo, y por una emigración forzosa, indigna o desgraciada, se desarraiga y pasa a ser un pingajo desenraizado y como deshechado en un mundo extraño y sociológicamente dominante. Igualmente el Cristianismo aplicado a la realidad inmediata, concreta, en que vivimos, se opone a la inmigración masiva de mahometanos (pestíferos herejes, secta políticoreligiosa, invasores de los territorios de la Cristiandad) a suelo europeo, donde se refugia todavía un resto de Civilización, sociedad y vida cristianas y de espléndida herencia grecolatina clásica gentil, u originariamente pagana pero profunda, radicalmente europea, portadora de grandes bienes de eminencia biológica, sapiencia, antisectarismo y dignidad.

Sagrado Rostro de Nuestros Señor Jesucristo y Redentor impreso en la Sabana Santa de Turín.

Sagrado y Supremo Linaje, Casta o Raza, de Nuestro Señor Jesucristo, Divino Fundador de la Iglesia Católica, por consiguiente de la Pía Unión de San Pablo Apóstol.

Sagrado Rostro de la Segunda Persona de la Stma. Trininadad, en su naturaleza humana, plasmada en la Sábana Sana de Turín.

Nótese la tez y craneo alargado, cabellos rizados. Prototipo de rostro nórdico. Su anatomía es la que los antiguos egipcios ponen a sus mayores Dioses, porque es la de los fundadores de Egipto: Atlante, de Adlantida, cuyos hombres procedían de Hiperbórea, lo supremo en Raza Aria.

Su padre putativo era descendiente del rubio, ojiazul, Rey David, lo que hace presumir que ambos cónyuges eran de tipología nórdica, pues la Virgen habría preferido hombre de gran talento y prestancia naturales, muy valioso, e incluso para la apariencia externa o fenotipo de ambos desposados, tuvo predilección para su esposo, por dicho aspecto físico. La Madre Inmaculada, del Salvador, progenitora sin concurso procreativo de varón ni criatura alguna, era de la Tribu de Leví. Descendiente directo de Abrahán.

Varios documentos históricos, (por ejemplo el informe de Plublio Léntulo a Tiberio Cesar, la entrevista de Gamaliel, etc), describen a Cristo con cabello rubio y rizado al lado de sus orejas y liso en otras partes de la cabeza, hombre de unos profundos ojos azules.

En cualquier caso, son impresionantes también, las palabras de Poncio Pilato a Tiberio César, que forma parte de esta tradición: “Yo no podría haber sospechado tan grande era la diferencia entre [Jesús] y los que escuchaban. Sus cabellos dorados y su barba le daba un aspecto celestial. Parecía tener unos treinta años de edad. Nunca había visto una cara más dulce y serena. Qué contraste entre Jesús y sus oyentes [que tenían] barba negra y tez oscura. El interés de representar a Cristo como de la propia raza o ednia no es aplicable sólo a los Judios. Los chinos, los hispanos y los negros también tienen esta práctica.

Esa apariencia tan hiperbórea atlántide de Cristo, es consecuencia de su herencia genética, que no es deducible de su ascendencia por vía agnática, la única registrada por los hebreos, dejando sin testimoniar los ascendientes de vía cognaticia de las razas puras de progenitores en la línea genealógica.

Las consideraciones sobre los hijos de Noé y sus respectivas prosapias y linajes no tienen aplicación exacta en la averiguación de la tipología racial de cada individuo descendiente, por el motivo dicho, es decir, se registran sólo genealogías legales agnática. Que Jesucristo fuese considerado judío legal, no obsta a que no tuviese índole genética judía, como es el caso.

Los judíos israelitas no son de etnia israelita. Su pertenencia, la de Jesucristo, a la tribu de Judea, Rey de Israel, es jurídica, lo único que puede desprenderse de las Sagradas Escrituras, (Isaías 36-47).

Por otra parte, resulta curioso que no se repare en la paternidad del Espíritu Santo directa y en los vehementemente presumibles extraordinarios milagrosos efectos conformantes, por parte de Dios fecundador inmediato del seno de la Virgen. La acción procreativa directa del Espíritu Santo puede conformar de modo especial, singular, divino, al excelsísimo feto de que es Padre, y, si puede hacer de las piedras hijos de Israel, puede de un benditísimo óvulo milagrosamente inmaculado un individuo perfectísimo esencialmente canónico supremo, o sea, hiperboreo, y es lógico que así lo hiciera, siendo tradición dogmática del Magisterio Ordinario unánime, que el Cuerpo del Salvador era perfectísimo, perfecto en grado sumo. Teológicamente, de ello y de la constatación filosófica de la Supremacía del Canon hiperbóreo, deducimos como verdad católica, al menos "quoad nos", que Cristo fue conformado y preservado por Dios genitivanente directo, cual canónicamente hiperbóreo en endotipo y fenotipo perfectos. Otro elemento accidental afectante a la causa de conformación del Divino Feto, es la condición milagrosa y formal del óvulo de la Virgen, es decir, su inmaculada o ausencia de pecado original, de efectos degenerativos en la naturaleza. Por tanto la Madre de Dios, no sujeta a el pecado original, era también sumamente bella, la más entre todas las criaturas humanas. Por tanto dicho óvulo tenía por ello la milagrada y milagrosa capacidad activa natural inmaculada de confirmar un feto endotípica y fenotípicamente supremo. Ambos elementos inducen a la máxima teológica de que el Cuerpo del Redentor fue conformado en su esencia con tipología Suprema perfecta Hiperbórea, o Aria eminentísima, arquetipo de la nórdicoaria racial. 

Un elemento que asombrosamente se pasa por alto es la Transfiguración del Cuerpo de Jesucristo sobre el monte Tabor, (San Marcos 9,2-10), y las consecuencias que en Teología especulativa escolástica en perpetuo progreso homogéneo tiene. La transfiguración es la adopción de una figura especial externa corporal, con notas esenciales que coinciden con las atribuidas por las antiguas tradiciones a los hiperbóreos. El cuerpo del Salvador aparece sobre el Tabor, luminoso, radiante, y plantea la cuestión : ¿Era esa la forma externa corporal más propia del Sujeto y la más concorde con su Persona, o ser de doble naturaleza, Divina y humana? Si, y nos parece indigno argumentar. Y otra cuestión ¿Era esa la figura corporal más acorde con la Naturaleza Divina del sujeto, es decir, con Dios que Él era? Si. El Divino Redentor quiso que Apóstoles y escogidos por Él lo vieran como el Dios Hombre era en realidad, cómo en realidad era su figura y aspecto, o sea, hiperbóreo luminoso y más: con divinización especial, a la que se asocia la Voz celeste que se oyó en su bautismo sanjuanista : Este es mi Hijo amadísimo, en quien tengo todas mis complacencias, (San Mateo 17,5). Ha de inferirse que esa figura e imagen propias fueron normalmente ocultadas, suspendido su esplendor propio, de modo que no fuera visto directamente, así por los demás viadores de entonces, pues Jesucristo prefería la Fé, a la manifestación absoluta de su carácter intrínseco y aspecto externo propio o más propio Divinos, y eligió que se creyese en Él en cuanto Persona Diós, por sus obras y prodigios.

Cuando se apareció a Santo Tomás Apóstol, (San Juan 20, 19-31), lo dejó bien claro; primero demostró ser Él, vivo y corpóreo, y luego bendijo a los que sin verlo, creyeran en lo mismo que Sto. Tomás había visto y tocado.

 

Opúsculo: Los judíos de Israel no son de la etnia israelita. Son una mezcla de idumeos y turcos Khazaritas, cuyos descendientes emigraron a Europa, mientras otros permanecieron en la península de Crimea. Ellos son árabes o europeos, gentiles.  Ellos además profesan la superstición y sectarismo talmúdicos, antiario y abtihebreos. Israel bajo el Imperio Romano se dividió en tres naciones: Galilea, Samaria y Judea. Nuestro Señor Jesucristo vino a sus propios hermanos de raza, es decir, a los israelitas raciales que vivían en esos tres países: unos eran samaritanos, otros galileos y otros de Judea. Él no vino a los idumeos y tampoco a los judíos genéricos, los cuales se nombran en el griego bíblico como Ioudaios. Es muy importante que esto quede claro. Los judíos-judeanos ( Ioudaios ) fueron los hijos de Israel de la tribu de Judá (y no de Judea ) que se mezclaron con los idumeos conquistados y asimilados por Juan Hircano, al ser obligados por él a convertirse a la tradición religiosa oral de los israelitas. A modo de ejemplo, el rey Herodes el Grande era un edomita o idumeo que, bajo el Imperio Romano, usurpó el trono de Israel. Es importante destacar que Herodes inició un mestizaje racial entre él y la hija del sumo sacerdote de Israel, una mujer de increíble belleza, Mariamne I. Ciertamente, este ejemplo dejó una profunda impresión en el partido de los herodianos, los sacerdotes saduceos que juzgaban que Herodes era el Mesías. Sin duda, los herodianos imitaron a su jefe al fusionarse los levitas con los idumeos. De esta manera, la pureza obligatoria de linaje levítico, la élite sacerdotal al cargo del Templo de Jerusalén y el Sanedrín, fue poco a poco desapareciendo, incluso antes del nacimiento de Cristo. Estos hechos explican cómo surgió una nueva élite sacerdotal, en parte israelita y en parte idumea. Esta élite mestiza la constituían los saduceos que se enfrentaron a nuestro Señor Jesús. Los esenios, originalmente saduceos dejaron una vasta obra literaria apocalíptica en su lucha contra los nuevos saduceos. Parte de la vasta obra literaria apocalíptica contra los nuevos saduceos de los esenios sobrevivió en las cuevas de Qumran. Los esenios se tenían a sí mismos como racialmente puros. Como se ha visto, los judíos no son el pueblo elegido. Pero hay que reconocer que, casi lo fueron: Lo serían si Esaú, padre de Edom, no se hubiera casado con mujeres cananeas y si no hubiera vendido los derechos de primogenitura a su hermano Jacob. Pero el Señor nuestro Dios es soberano. Él ya había escogido a Jacob mucho antes de que él naciera y había revelado su decisión a la madre durante su embarazo. Los edomitas son los descendientes de Esaú, hijo de Isaac y nieto de Abraham. Él se casó ilícitamente con mujeres cananeas, hititas, en una época en que el Imperio hitita estaba en su apogeo y se extendía hasta el desierto de la península del Sinaí. Sus descendientes probablemente hicieron lo mismo. Esa fue la razón por la que el Señor le había rechazado en favor de su hermano Jacob, y por la que el linaje de Canaán fue maldecido a sufrir servidumbre, por Noé (Génesis 9:25).

Noé tenía, como patriarca de toda la humanidad, autoridad para dividir el mundo entre sus hijos. Esaú, el patriarca de los edomitas, fue odiado por Dios (Romanos 9:13); Él también odió a los cananeos. Una razón de este odio es que durante siglos, los idumeos lucharon sin tregua contra Israel hasta su derrota final a manos del macabeo Juan Hircano. Por lo tanto, la Biblia atestigua que los descendientes de Esaú permanecen bajo la ira de Dios para siempre (Malaquías 1:4). Si bien, en la Biblia, Moisés reconoce que los idumeos son parientes (mestizos, por supuesto) de los israelitas. Como en una ironia macabra, los hechos históricos demuestran que el supuesto pueblo elegido realmente perseguió al verdadero pueblo elegido. [Los idumeos no sólo no son el pueblo elegido, ya que luchó contra el pueblo escogido. De hecho, la lucha prosigue en sus descendientes de hoy día. La culpa de los judíos no se ve disminuida por el hecho de que sean gentiles. Porque Cristo denunció a los fariseos y a los prosélitos gentiles que serían el doble de hijos del infierno que sus amos. Si un gentil abraza la tradición oral que condenó a Cristo, se hace partícipe de todas las maldiciones de la ley de Moisés (Gálatas 5). Pero el pecado de los judíos no es el de apostasía, porque no pertenecen a Israel. Es el pecado de incredulidad, agravado por la participación de sus antepasados en la crucifixión de nuestro Señor. Esto se debe a que, dada la realidad de las razas y etnias, todos somos copartícipes de los pecados de nuestros padres por nuestra impenitencia, si seguimos celebrando o repitiendo sus conductas pasadas.] La salvación no vino de los Judios, si Cristo no vino para los judíos, porque Él no es el rey de la tierra de los judíos, ¿por qué la Biblia dice que la salvación viene de los judíos? Vosotros adoráis lo que no conocéis: nosotros adoramos lo que conocemos: porque la salvación viene de los judíos. (Juan 4:22) La respuesta es simple: la Biblia de ninguna manera dice eso. El versículo anterior es una traducción inexacta. En el original griego, la palabra “judíos”, usa el término Judeanos ( Ioudaion ). La palabra, en su original, denota una ubicación geográfica, personas que se encuentra en, o en tránsito a través de (en este caso de) Judea, como se ha dicho. Y por ello no se refiere a una etnia. Por otra parte, estrictamente dice que la salvación viene de Judea (en el sentido de pertenencia). En el original, la proposición ek, significa entre otras cosas, “delante de”. Es decir, que no dice precisamente que la salvación es (o viene) de Judea, sino que está en entre los judeanos o en el camino a ellos. Esto se debe a que Cristo, la salvación, se hallaba presente en Judea, salió de Judea y fue a pie hasta Sicar en Samaria, la cual queda a distancia, pero está en el camino de Judea. El versículo tiene un sentido literal de dirección. Una traducción más literal es la que se presenta abajo: Vosotros adoráis lo que no conocéis: nosotros adoramos lo que conocemos; porque la salvación está [presente] delante de los judeanos. You worship what you don’t know. We know what we worship, because the salvation is [present] forth from the Judeans.

Los judios en sentido mendeliano, por cuanto una raza, "mendeliano sensu" no existen.  Por tanto una raza que no existe, ya que a lo largo de la historia se han mezclado con otros pueblos, no pueden ser otra cosa  que nada y la nada es nada y nada más. 

 

        +Pablo de Rojas. Obispo

              

Reforma del Pontifical Romano.

La Reforma del Pontifical Romano, que fue aprobada el 18 de julio de 1968 y que entró en vigor el 3 de abril 1969 supone la invalidez de las Ordenaciones Episcopales por error de la forma sacramental.

El mérito del siguiente resumen es precisamente su brevedad ya que logra exponer en lo esencial el porqué de la nulidad e invalidez del rito de consagración de obispos en la iglesia conciliar. Quizás algunos se vean tentados a rechazar la conclusión del siguiente resumen justamente por su enormidad, y porque lleva aparejada la ilegitimidad de los papas que aprobaron el rito de ordenación episcopal y lo aceptaron, al mismo tiempo que cae por tierra toda la vida sacramental de la iglesia conciliar. Sin embargó las cosas cuadran si se considera el pecado oficial de la Iglesia que aprobó la herejía del Concilio. Al final se ha visto desprovista, no sólo de papas (los papas legítimos no pueden ser herejes) sino también del poder de Orden. Orden y Jurisdición desaparecieron junto con el papado de la iglesia conciliar. Por todo ello dejó de ser la Iglesia para adquirir las características de una secta: La Secta Conciliar.

Todo ha sucedido aparentemente como si en el cuatrienio 1965/1969 ( año éste ültimo de la entrada en vigor obligatoria de la Nueva Misa), haya tenido lugar el más terrible castigo que Dios hubiera podido infligir a su Iglesia y a la Humanidad. Como si la herejía aceptada por el cuerpo social católico, de papas y Concilio, abocara fatalmente a los falso ritos y a la falsa nueva misa: Las cuatro patas de la estructura conciliar- la abominación de la desolación en el lugar santo- que marcaron el nefasto cuatrienio, con las características de ser un castigo divino que acabó por derramarse en el plazo de esos cuatro años sobre la Tierra.

Bien que la Iglesia, por la prerrogativa y promesa de la indefectibilidad, haya pasado a vivir en la Iglesia Remanente que guarda incólume la Fe Católica, extra muros de la Ciudad Eterna. Esperemos que un día vuelva a la ” Ciudad” por lo menos a la Ciudad Mística de Roma. 

INVALIDEZ DE LOS SACRAMENTOS CONCILIARES.

Todos aquellos que quieren permanecer católicos y recibir sacramentos válidos, lean y asimilen esta breve y completa explicación de POR QUÉ LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA CONCILIAR SON INVÁLIDOS. Los que desean el absurdo de ser reconocidos como católicos por la “contra-iglesia” – acaban haciendo un acto de AUTOEXCLUSIÓN de la Iglesia Católica. Totalmente inválidos y enteramente nulos.

Una vez que desaparecieron los sacerdotes válidamente consagrados [los modernistas] permiten la celebración de la misa en latín.” (Don Carl Pulvermacher, 1977) El 18 de junio de 1968 Giovanni Battista Montini / Pablo VI llevó a cabo la reforma del Pontifical Romano, con el cambio radical, entre otras cosas, del Sacramento del Orden Episcopal. Este nuevo sacramento, después de un análisis cuidadoso, hecho por el Arzobispo Lefebvre en 1970 con la mayor reserva, aparece sin duda como inválido. El problema debe ser analizado utilizando la teología de los sacramentos, que ilustra una parte de la naturaleza de los principios que pueden ayudar a determinar la validez de la forma sacramental y, en segundo lugar, la metodología empírica para aplicar dichas leyes.

La Constitución de Pablo VI introdujo un cambio sustancial en la forma del Orden Episcopal, según lo prescrito por el Papa Pío XII, ya que debería expresar de manera inequívoca el efecto que quiere producir – el poder del Orden y la gracia producida por el Espíritu Santo . Además, el Papa Pacelli había indicado claramente la forma que expresara sin ambigüedad la finalidad de la Ordenación Episcopal, que es el poder del Orden recibido del obispo, y la gracia producida por el Espíritu Santo. En particular, he aquí la fórmula prescrita por Montini: “Infunde en este elegido el poder que viene de ti, oh Padre, tu Espíritu, que rige y guía: tú se lo has dado a tu amado Hijo Jesucristo, y Él lo ha transmitido a los santos apóstoles, que en diferentes partes del mundo han establecido la Iglesia como santuario tuyo para gloria y alabanza peremne de tu nombre.” En estas líneas no encontramos ni rastro del poder específico del Orden que se desea transmitir. La consagración episcopal confiere facultades específicas para el nuevo obispo: el de ordenar, a su vez, a sacerdotes y obispos. Esto está totalmente ausente en el rito reformado.

Pablo VI trató de insertar las antiguas oraciones pertenecientes a la liturgia copta y a la Iglesia sirio- occidental. Pero estas oraciones no tienen un carácter sacramental y eran pronunciadas cuando el ordenando ya había sido consagrado obispo [Para la entronización de los Patriarcas]. La oración de Montini, por tanto, no era usada con el mismo fin en el rito oriental. Una vez más, se ha querido hacer uso de fuentes antiguas, como, por ejemplo, la Traditio apostólica de San Hipólito, mediante la introducción de algunas partes en el Prefacio del nuevo rito -, pero no podemos decir que esto sea suficiente para hacerlo válido.

Los textos a los que se refiere son además resultado de reconstrucciones relativamente recientes, su origen y atribución es solamente presunta, y, sobre todo, no hay indicios ciertos que nos permitan identificar estas oraciones con la forma sacramental oficialmente prescrita y empleada como tal por la Iglesia . Pero el obstáculo más difícil de superar es el relativo a la identidad y al significado de “el Espíritu que guía y dirige”, “Spiritus principalis”.Dom Bernard Botte (1883 – 1980), el religioso modernista verdadero artífice de la reforma, sostenía que desde a los primeros siglos cristianos el uso de la fórmula “Spiritus principalis” corresponden a la función episcopal y sus consiguientes poderes, porque los obispos poseen el “espíritu de autoridad” como “cabezas de la Iglesia.” La anterior explicación debe ser rechazada por completo. La literatura enciclopédica, la exégesis bíblica, los escritos de los Padres de la Iglesia, los tratados de teología dogmática y el estudio cuidadoso de las formas sacramentales de Oriente no permiten deducir esto y, por supuesto, nada lo relaciona directamente con la interpretación de Botte.”Spiritus principalis” por lo tanto no se refiere al episcopado o a la plenitud del Orden poseída por el obispo.

En conclusión, sostenemos que en la Constitución Apostólica firmada por Montini, en la sección dedicada al Orden Episcopal faltan dos de los principales pilares enseñados por el Papa Pío XII para la validez de la consagración: la frase “el Espíritu que gobierna y guía”, ciertamente no está indisolublemente ligada al efecto sacramental que se quiere imprimir y no sugiere ni remotamente el poder específico que debe tener del Orden Episcopal. Con la nueva fórmula se cambia sustancialmente el significado de la oración anterior, en el que “la plenitud del sacerdocio de Cristo en el ministerio episcopal” y / o “la plenitud y totalidad del ministerio sacerdotal” tenía un apoyo innegable y evidente. Y cualquier cambio en la sustancia de la forma sacramental, como enseña la doctrina teológica, hace que el sacramento no sea válido . [ii] El Rito de 1968 no puede crear un obispo válido porque como tal, es incapaz de Imprimir el sacerdocio o episcopado .

Los modernistas han adulterado las palabras básicas de la forma sacramental mediante la implementación de un verdadero ” salto semántico “hacia la ambigüedad y el absurdo . Por último, no olvidemos el resultado más importante de nuestras conclusiones: los sacerdotes y obispos ‘consagrados’ por el rito de Pablo VI administran unos sacramentos ( Confirmación, Eucaristía, Penitencia, la Extrema Unción) inválidos .

RESPUESTA A LAS OBJECIONES COMUNES :

1. El contexto asegura la validez de la forma”. Falso . La oración para la ordenación de obispos del nuevo Pontifical carece de un elemento esencial, la referencia expresa a la potestad de consagrar a los ordenandos y esto no puede compensar la debilidad de otros aspectos más o menos periféricos del rito;

2. “El formulario fue aprobado por el Papa.” Irrelevante. Y por dos razones. En primer lugar, los sedevacantistas creemos que Montini no era absolutamente un legítimo y verdadero Papa de la Iglesia Católica, pero … transeat ; de acuerdo con el Concilio de Trento y del Papa Pío XII, la Iglesia no tiene poder para cambiar la sustancia del sacramento. Montini justamente hace eso, y esta es una prueba más de su falta de pontificado.

+Pablo de Rojas. Episcopus.

Profanación de la tumba de Franco.

Era un 24 de Octubre de 2019, era jueves, pero no era un jueves cualquiera, era un jueves en que se iba a cometer una gran blasfemia, era el día en que, el SANCHISMO, o socialismo más revolucionario, regresionista y revanchista, ayudado por ese nuevo frente popular que tenía como socios del gobierno en funciones, iban a cometer una de las mayores felonías que se podían cometer contra nuestra historia, la historia de España. «Era el día en que se habían propuesto profanar la tumba con los restos de nuestro siempre caudillo, Francisco Franco Bahamonde».

Un acto blasfemo, perpetrado por una vulgar turba de herejes, un acto contra la Iglesia católica pero con su aprobación, un pecado capital por su vileza y esa sumisa aquiescencia por parte de la supuesta Santa sede de la iglesia católica. Vendiendo su alma al diablo por 30 monedas, como aquel felón llamado Judas Escariote, hizo antaño con nuestro señor Jesucristo.

Este ha sido el pago de la Santa sede de la Iglesia Católica, a su legítimo y único salvador, en aquella época en que los antecesores de los que hoy cometen el pecado, quisieron borrar su existencia y todo vestigio de la historia de España. Francisco Franco Bahamonde evitó la desaparición del catolicismo en España, librando una cruzada contra sus mayores enemigos, ese marxismo en sus principales manifestaciones, comunismo, socialismo, independentismo, y la izquierda republicana en general. Es decir, con el frente popular de la década de los 30.

Un hombre, cuya persona y personaje ha sido demonizado y caricaturizado por esa izquierda republicana impotente y con un enorme complejo de frustración. Pues perdieron una guerra que ellos mismos propiciaron. Vivieron 36 años sumidos en esa cobardía que hoy les retrata y les caracteriza.

Pues en esos años de dictadura, pero dictadura necesaria, pues los herejes, los felones, seguían ahí, en la sombra, esperando su oportunidad, como el que espera la fruta madura para su inmediata recogida. Comenzaron a salir del armario lentamente pero seguros de poder adoctrinar con su propaganda a los futuros cachorros que son los que a día de hoy, ejecutan o llevan a cabo, su cruel y vil venganza. En esos 36 años, perdieron otra batalla, pues eso es lo que suponía para ellos, que su odiado enemigo moral, bélico y político, superior a ellos en todos los ámbitos, volviese a vencerles.

Muriendo en la paz y sosiego de su lecho o cama. En combate sí, debido a los males que le asediaban y axfisiaban. Dándole una larga agonía, más cruel para sus enemigos que para él mismo, pues no era la forma soñada, en esa, su cruel y cobarde venganza. Ha sido después de otros 44 años, con un total de 80 largos años, por sus continuas razias y conspiraciones, desde su primera y gran derrota, frente a este personaje y gran persona, uno de los más importantes de nuestra historia.

Cuando en un acto de rebeldía y de una cobardía sin parangón han cometido esa herejía, esa blasfemia, esa felonía que representa y supone esta vil y rastrera profanación. Se dice, se oye, se murmura, se comenta en voz baja, entre las gentes de bien, las todavía fieles y creyentes, amantes de la verdad, que todas las profanaciones, si lo son realmente, llevan consigo una maldición para con quien las comete.

Personalmente como fiel creyente, tengo fe ciega en que así sea, y desde ahora digo a estos herejes, blasfemos y felones: «nos podrán robar las leyes y con ello la vida pero, lo que nunca podrán robarnos es nuestra fe, nuestra ideología, nuestra historia, es decir, nunca podrán robarnos nuestra libertad».

 +Pablo de Rojas

Conforme me he ido enterando de ciertas cosas y detalles, hago la siguiente reflexión.

1. A nuestro Caudillo lo han sacado a hombros cubierto con el pendón de Jefe de Estado.

2. Con 21 salvas de ordenanza a su salida, dadas por camaradas desde lo alto de Cuelgamuros.

3. Despedido con los gritos de ¡Viva España! y ¡Viva Franco!

4. Escoltado por la Guardia Civil y la Policía Nacional, que se cuadran al recibir los restos del que fué Generalísimo de los ejércitos.

5. Con la presencia de miembros del Gobierno Español.

6. Canta los responsos de exhumación y despedida, el Prior del Valle de los Caidos.

7. Es trasladado en un Súper Puma VIP del ejercito del Aire.

8. A la llegada a Mingorrubio, es recibido con el Himno Cacional, Cara al Sol y el toque oración.

9. Veteranos legionarios le reciben en el Pardo dándole honores militares.

10. Es recibido en el Pardo por una multitud de españoles, batiendo pañuelos blancos, con banderas nacionales y coreando su nombre.

11. A su entrada en la capilla la multitud canta La Muerte no es el Final de la vida y el Novio de la Muerte.

12. El féretro es cubierto con la misma Bandera Nacional que se cubrió en 1975.

13. Tras la Santa Misa de Réquiem Corpore in Sepulto, el Padre Tejero, ha cantado el último responso y ha terminado loando la figura de Nuestro Caudillo.

14. Es retransmitido por más de 500 periodistas de todos los paises

15. Televisión española lo retransmite en directo durante 5 horas.

16. Las coronas de flores, venidas de toda España, llenan la entrada de el Cementerio.

17. Las oraciones por su alma se prolongan horas ante su tumba.

18. La Santa Misa por la tarde, en la Parrroquia de el Pardo es presidida por D. Luis Alfonso de Borbón, es colmama la capacidad de la iglesia de la plaza y calles adyacentes.

19. Todas las cadenas de radio y televisión hablan de él.

20. Todo esto, 44 años después de su muerte.... Y el gobierno dice que es una victoria... Quien ha ganado Señor Sánchez???? Francisco Franco Bahamonde, héroe de África, siempre victorioso en combate... Y sigue ganando... descanse en paz.

 

              Pablo Lazo. Pbro.

Director General de la Pía Unión de San Pablo Apóstol. 

Profanación de una tumba y Victoria del Ultrajado.

Han salido los restos del Caudillo con dignidad, si bien han profanado su tumba (cubierto el féretro por la Gran Cruz de San Fernando, conocida como la laureada, la más alta condecoración militar del Reino de España, que Franco obstentaba, y una corona de laurel símbolo de la Victoria), llevándolo sus familiares a hombros.

Se han rezado los responsos correspondientes y se han dado Vivas a España y a Franco.

Y en el Pardo en la inhumación, todo correcto, Misa de Requien, responso, y por fin sus restos yacen reposando juntos con los de su esposa en la cripta de otra Iglesia.

Y a la tarde otra Misa de Réquiem en la Parroquia de el Pardo y en Bilbao 13 Misas de Réquiem por su alma, rezadas por la Pía Unión de San Pablo Apóstol.

Ahora hay que preocuparse por España, esto acaba de empezar, primero exclaustrarán a la cobarde Iglesia Catolica, expulsarán a la cobarde monarquía y seguramente intentarán romper la Sagrada Unidad de España y también seguramente habrá algún conflicto de tipo bélico y volveremos a vencer.

              Pablo Lazo. Pbro.

Director General de la Pía Unión de San Pablo Apóstol. 

Ingratitud de la Iglesia.

Ingratitud de la Iglesia ante quien fue paladín de la reserva espiritual de Occidente, Francisco Franco Bahamonde.

A veces no hace falta remontarse a cosas muy elevadas, porque fallamos lastimosamente en las humanas más sencillas. Quien no es fiel en lo poco, tampoco lo será en lo mucho. El agradecimiento es una de esas cosas humanas y sencillas. Como virtud natural, no forma parte del triunvirato de grandes virtudes teologales —la fe, la esperanza y la caridad— que constituye el núcleo de la vida cristiana. Sin embargo, cuando el agradecimiento o las otras virtudes naturales están ausentes, no es aventurado suponer que las grandes virtudes se limitan a malvivir, si es que no se han extinguido por completo.

La vida cristiana es una unidad y no se puede vivir por partes. El mismo Dios no solo es sobreabundantemente agradecido (quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más), sino también escrupulosamente agradecido, y premia hasta las más nimias cosas que uno hace por él: quien dé un vaso de agua fresca a uno de estos por ser discípulo mío no quedará sin recompensa.

He creído conveniente hablar del agradecimiento porque me parece un tema muy relevante hoy. Especialmente en relación con la polémica por los planes del gobierno de sacar los restos mortales de Francisco Franco de la basílica del Valle de los Caídos.

En primer lugar, la motivación de estos personajes es claramente el odio y el rencor. Además, aunque ese odio y ese rencor parecen estar dirigidos contra Franco, en realidad se trasluce en ellos un odio mucho más profundo contra el catolicismo y contra Dios. Izquierda Unida ha tenido la gentileza de demostrarlo al proponer claramente que se derribe la Cruz del Valle, se expulse a los monjes benedictinos y se convierta la basílica en un museo. A eso se une que el propio Valle de los Caídos es un lugar de reconciliación cristiana, la única verdadera reconciliación, que solo puede darse a la sombra de la Cruz.

Por eso allí están enterrados combatientes de ambos bandos, bajo el lema común de “caídos por Dios y por España". Se trata de un gesto de magnanimidad y verdadera caridad cristiana, al no reservar esa condición para los del bando vencedor, sino suponer generosamente la buena intención de los que estaban equivocados.

Ese gesto, que sería admirable para cualquier persona decente, resulta especialmente molesto para los que siguen estando comidos por el odio y no quieren ningún tipo de reconciliación, sino más bien reencender la llama del odio fratricida. Cualquier intento de acabar con esa reconciliación de los muertos debería encontrar en la Iglesia una oposición decidida, incluso aunque fracasara en su empeño, porque lo que importa no es tener éxito, sino hacer la voluntad de Dios, sin embargo la Iglesia Modernista da la espalda a Dios y se muestra como una ingrata. A todas esas razones, sin embargo, hay que añadir la gratitud debida al propio Franco.

En primer lugar, como constructor del Valle y la basílica, lo que ya le da derecho a tenerlos como lugar de reposo en espera de la resurrección (aunque con gesto de encomiable modestia él mismo hubiera planeado otro enterramiento discreto y sin distinciones).

En segundo lugar, por el hecho objetivo de que Franco hizo todo lo posible por beneficiar a la Iglesia durante los años en que gobernó España, por fomentar la fe y por plasmar la moral católica en la vida pública y en las leyes del país (“Franco da leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es buen católico, ¿qué más se puede pedir?”, dijeron los antipapas Juan XXIII; el mismo Pablo VI, que no se caracterizaba por sus buenas relaciones con el régimen, afirmó: “Franco ha hecho mucho bien a España y le ha proporcionado un desarrollo extraordinario y una época larguísima de paz. Franco merece un final glorioso y un recuerdo lleno de gratitud”).

Personalmente, no cabe duda de que fue un católico sincero y convencido, con sus defectos y pecados como los tenemos todos, pero con una firme voluntad de ser fiel a la enseñanza de la Iglesia. “Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir”, proclamó el propio Franco en su testamento. Además, la Iglesia española debe a Franco y a los que lucharon con él su propia supervivencia, al menos en el plano humano.

Más de cinco mil obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas fueron asesinados, a menudo entre horribles torturas, a lo que hay que añadir incontados seglares que también dieron la vida (en “la difícil tarea de restaurar los derechos de Dios y de la religión”, afirmó Pío XI; “el pueblo español se alzó decidido en defensa de los ideales de la fe y de la civilización cristiana”, dijo Pío XII).

Otros miles de clérigos, entre ellos los antecesores de los "obispos" actuales, se salvaron gracias al bando nacional, capitaneado por Franco. Como dice el Aquinate, “la gratitud en el que recibe corresponde a la gracia del bienhechor. Por lo que, a mayor beneficio, corresponde mayor gratitud” (II-II, 106,2). Solo este hecho, pues, debería bastar para granjearle unagradecimiento imperecedero de la Iglesia Española, incluso aunque hubiera sido un pagano, como el Rey Ciro de Persia, pero mucho más tratándose de un católico fiel.

Conviene también tener en cuenta que la falta agradecimiento a la figura de Franco alcanza igualmente a todos aquellos que lucharon con él por defender a la Iglesia, en muchos casos muriendo por Cristo. Sus hijos o nietos son, en buena parte, aunque equivocados, son los que hoy llenan los bancos de las Iglesias. ¿Así paga la Iglesia a los que derraman su sangre por defenderla? Es difícil reconocer en ese pago la promesa del Señor de recompensar hasta un vaso de agua entregado por su causa.

Como también dice Santo Tomás, además de la ingratitud material, que simplemente no agradece lo recibido por descuido u olvido, existe otra particularmente grave, que es la ingratitud formal y que consiste en el desprecio del bienhechor, especialmente, como en este caso, cuando ese bienhechor se encuentra en situación de necesidad, la cual puede constituir un pecado mortal (II-II, 107,3).

Nada de esto tiene que ver con la política, en el sentido partidista e innoble que hoy se suele dar al término. Ese es un campo en el que la Iglesia debe solamente orientar a los católicos . Sin embargo, precisamente por su situación por encima de la baja política, la Iglesia puede y debe dar ejemplo en todo momento de gratitud, magnanimidad y otras virtudes humanas y divinas, sin dejarse llevar por las politiquerías, los intereses efímeros y las intrigas de cada momento. Por desgracia, la gratitud parece brillar hoy por su ausencia, para vergüenza de los que somos hijos de la Verdadera Iglesia. La ingratitud resulta aún más bochornosa para el espectador imparcial cuando se observa que los falsos obispos que ocupan nuestras Diócesis se deshacen en elogios de los gobernantes y políticos de los últimos cincuenta años, que sin duda están entre los responsables directos de la descristianización y la desolación moral de España, de la aprobación de leyes abominables contra Dios y contra la ley natural y de la conversión de la vida pública en algo que no se diferencia mucho de una cueva de ladrones.

Los pronunciamientos episcopales sobre estas cosas, cuando los ha habido, en general han consistido en afirmaciones debilísimas, de tono buenista y políticamente correcto, incluso con respecto a los políticos que se dicen “católicos” a la vez que votan a favor de males gravísimos como el aborto. El mensaje transmitido era siempre que “no pasaba nada” y, en algunos casos, los falsos obispos incluso aprobaron públicamente esas actuaciones, como sucedió cuando la Conferencia Episcopal justificó, contra la moral de la propia Iglesia, que el Rey perjuro Juan Carlos firmara la ley del aborto en 2010. A la vez, se aseguraban de desaconsejar y obstaculizar la formación y actuación de grupos políticos firmemente católicos que pudieran presentar batalla a la clase política descristianizada y descristianizadora.

Esta actitud de elogiar al poderoso y ser blando con sus desmanes, a la vez que se niega el agradecimiento debido al que se jugó la vida por ti pero hoy ha caído en desgracia tiene muchos nombres y ninguno de ellos es bonito. La falta de valentía no solo es una actitud indefendible moralmente (Newman enseñaba que, donde falta la valentía, las demás virtudes no pueden subsistir por mucho tiempo), sino que además es suicida desde el punto de vista del propio interés.

Nadie admira la cobardía, ni siquiera los que se benefician de ella, y todo el mundo desprecia a los cobardes. El respeto hay que ganárselo. Una iglesia cobarde que adula a los poderosos será una Iglesia utilizada, maltratada, burlada y, cuando toque, proscrita y abandonada, pero nunca respetada.

El triste cálculo político de un buen número de eclesiásticos desde hace cuarenta años para hacerse “perdonar” las ventajas de que gozó la Iglesia durante el franquismo no solo no ha conseguido ese perdón, sino que ha exacerbado el odio contra la Iglesia y, peor aún, el desprecio por ella.

Si no nos tomamos en serio lo que creemos, ¿quién nos tomará en serio a nosotros? En el interior de la propia Iglesia, además de desmoralizar a los fieles en el sentido anímico, una conducta como esta lo que hace es desmoralizarlos en el sentido de destruir poco a poco su sentido de la moral, de lo que está bien y lo que está mal.

Si los falsos eclesiásticos enseñan con el ejemplo a los fieles que lo importante es estar a bien con los poderosos, con las modas y con la opinión pública a cualquier precio, ¿qué habrá de extraño en que esos mismos fieles se amolden a lo que dicen los poderosos, las modas y la opinión pública en su vida cotidiana, abandonando la fe? ¿Y a quién sorprenderá que esos mismos eclesiásticos se comporten después con la misma falta de valentía en cuestiones doctrinales? La vida cristiana, como decíamos, es una sola y no se puede elegir qué partes se van a poner en práctica y cuáles se van a dejar de lado. Sentencia el refrán castellano que es de biennacidos ser agradecidos. No se trata de una cita bíblica, pero quizá en este caso Dios haya querido que el refranero tradicional haga de profeta que denuncie nuestra conducta. A fin de cuentas, ¿quién hay mejor nacido que los cristianos, que hemos renacido del agua y del Espíritu como hijos amados de Dios?

Mucho me temo que la ingratitud que mostramos estos días sea otra forma sutil, pero no menos destructiva, de avergonzarnos de ese nacimiento divino y venderlo por un plato de lentejas. Que además son lentejas de ayer, están frías y no tienen suficiente sal.

+Pablo Rojas. Episcopus

Carta Colectiva del Episcopado Español apoyando al Glorioso Alzamiento Nacional, comparada con la actual actitud de los "Obispos" Españoles.

Hace 80 años, durante la Guerra Civil Española, el Episcopado Español firmó una carta colectiva de todos los Obispos de España a favor de nuestro Caudillo y de el Glorioso Alzamiento Nacional.

La redactóel Cardenal Primado de Toledo, máxima autoridad del episcopado español, Sr. D. Isidro Gomá con fecha 1 de julio de 1937, la firmaron con un entusiasmo atroz de 53 Obispos 48, solo 5 se abstuvieron de hacerlo, que casualidad, los más destacados son el Obispo de las Vascongadas, el Arzobispo de Tarragona y el Obispo de Menorca, los de siempre.

Después el Papa Pio XII tildó a la contienda de Cruzada de Liberación, es decir que la finalidad primera de esa guerra fué defender los Derechos Sagrados de Cristo y de su Iglesia ya que durante esa maldita guerra, quizá la más sangrienta y sádica de su historia, abundantemente documentada. Unos 7.000 Sacerdotes fueron asesinados cruelmente, 13 Obispos, 1000 seminaristas, 300 religiosos y 280 religiosas y así como numerosos cristianos por el hecho de serlo, miles de templos, monasterios, ermitas, bibliotecas y centros de enseñanza fueron incendiados y expoliados.

Aquellas acciones constituyen técnicamente un genocidio, el único perpetrado en aquella contienda, y se realizó en nombre de una democracia o libertad negadas por los propios partidos que lo cometieron: se trataba de totalitarios socialistas y stalinianos, más ácratas, auxiliados por golpistas y grupos racistas-separatistas. Los cuales, por cierto, también se persiguieron y masacraron abundantemente entre ellos mismos.

Y si el exterminio de la Iglesia no fue total, se debió primordialmente al general Francisco Franco, que derrotó a los exterminadores, restableció el culto y favoreció extraordinariamente a la Iglesia tras haberla salvado, literalmente, de la aniquilación en España.

Cabría pensar que aquellos partidos, una vez vencidos, habrían recapacitado, se habrían vuelto moderados y abandonado las exaltaciones que les llevaron a tales crímenes. De haber aprovechado la lección de la historia, habría sido posible una reconciliación. Pero vemos que no es así.

Hoy proliferan, en la calle y en la prensa, burlas, insultos y agresiones como las que preludiaron la Gran Persecución. Y el Partido Socialista –interino en el poder sin pasar por elecciones y apoyado por los partidos autoconsiderados herederos de los mismos genocidas– planea una cumplida venganza empezando por ultrajar la tumba de Franco, destruir el Valle de los Caídos o su significación, acosar a la Iglesia y suprimir las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra para cuantos discrepen de la versión de la historia fabricada por los suyos, al modo de países como Corea del Norte o Cuba.

Por la significación histórica de Franco, calumniado de los modos más burdos y odiosos; por el hecho de tratarse de un edificio religioso de primera categoría debido a su magnitud, originalidad y austera belleza; por el ataque que supone a la libertad de los cristianos, es decir, de todos, porque las libertades son indivisibles… Por ello lo normal en estas circuntancias sería que la Iglesia, como máximo representante y referente moral de cientos de millones de personas, desaprobara tamaña infamia y por actuar dentro de su jurisdicción, no podrían acometer tremenda fechoría que proyectan unos continuadores de aquel Frente Popular que jamás han expresado arrepentimiento.

Es muy raro que en 1937 de 53 Obispos CATÓLICOS secundaron la carta, 48 y ahora supuestamente de 67 "obispos" ninguno dice nada en contra de esta barbarie, algo está fallando aquí, ¿es ésta la Iglesia Católica?....ustedes mismos.

       +Pablo de Rojas.

La Fé Catolica es lo único que une a las sagradas tierras de las españas

 

Ni por la naturaleza del suelo que habitamos, ni por la raza, ni por el carácter, parecíamos destinados a formar una gran nación. Sin unidad de clima y producciones, sin unidad de costumbres, sin unidad de culto, sin unidad de ritos, sin unidad de familia, sin conciencia de nuestra hermandad ni sentimiento de nación, sucumbimos ante Roma tribu a tribu, ciudad a ciudad, hombre a hombre, lidiando cada cual heroicamente por su cuenta, pero mostrándose impasible ante la ruina de la ciudad limítrofe o más bien regocijándose de ella. 

Fuera de algunos rasgos nativos de selvática y feroz independencia, el carácter español no comienza a acentuarse sino bajo la denominación romana. Roma, sin anular del todo las viejas costumbres, nos lleva a la unidad legislativa, ata los extremos de nuestro suelo con una red de vías militares, siembra en las mallas de esa red colonias y municipios, reorganiza la propiedad y la familia sobre fundamentos tan robustos, que en lo esencial aún persisten; nos da la unidad de lengua, mezcla la sangre latina con la nuestra, confunde nuestros dioses con los suyos y pone en los labios de nuestros oradores y de nuestros poetas el rotundo hablar de Marco Tulio y los hexámetros virgilianos.

España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo.

Pero faltaba otra unidad más profunda: la unidad de la creencia. Sólo por ella adquiere un pueblo vida propia y conciencia de su fuerza unánime, sólo en ella se legitiman y arraigan sus instituciones, sólo por ella corre la savia de la vida hasta las últimas ramas del tronco social. Sin un mismo Dios, sin un mismo altar, sin unos mismos sacrificios; sin juzgarse todos hijos del mismo Padre y regenerados por un sacramento común; sin ver visible sobre sus cabezas la protección de lo alto; sin sentirla cada día en su hijos, en su casa, en el circuito de su heredad, en la plaza del municipio nativo; sin creer que este mismo favor del cielo, que vierte el tesoro de la lluvia sobre sus campos, bendice también el lazo jurídico que él establece con sus hermanos y consagra con el óleo de la justicia la potestad que él delega para el bien de la comunidad; y rodea con el cíngulo de la fortaleza al guerrero que lidia contra el enemigo de la fe o el invasor extraño, ¿qué pueblo habrá grande y fuerte? ¿Qué pueblo osará arrojarse con fe y aliento de juventud al torrente de los siglos? Esta unidad se la dio a España el cristianismo.

La Iglesia nos educó a sus pechos con sus mártires y confesores, con sus Padres, con el régimen admirable de sus concilios. Por ella fuimos nación, y gran nación, en vez de muchedumbre de gentes colecticias, nacidas para presa de la tenaz porfía de cualquier vecino codicioso. No elaboraron nuestra unidad el hierro de la conquista ni la sabiduría de los legisladores; la hicieron los dos apóstoles y los siete varones apostólicos; la regaron con su sangre el diácono Lorenzo, los atletas del circo de Tarragona, las vírgenes Eulalia y Engracia, las innumerables legiones de mártires cesaraugustanos; la escribieron en su draconiano código los Padres de Ilíberis: brilló en Nicea y en Sardis sobre la frente de Osio, y en Roma sobre la frente de San Dámaso; la cantó Prudencio en versos de hierro celtibérico: triunfó del maniqueísmo y del gnosticismo oriental, del arrianismo de los bárbaros y del donatismo africano: civilizó a los suevos, hizo de los visigodos la primera nación del Occidente; escribió en las Etimologías la primera enciclopedia; inundó de escuelas los atrios de nuestros templos; comenzó a levantar, entre los despojos de la antigua doctrina, el alcázar de la ciencia escolástica por manos de Liciano, de Tajón y de San Isidoro; borró en el Fuero juzgo la inicua ley de razas; llamó al pueblo a asentir a las deliberaciones conciliares; dio el jugo de sus pechos, que infunden eterna y santa fortaleza, a los restauradores del Norte y a los mártires del Mediodía, a San Eulogio y Álvaro Cordobés, a Pelayo y a Omar-ben-Hafsun; mandó a Teodulfo, a Claudio y a Prudencio a civilizar la Francia carlovingia; dio maestros a Gerberto; amparó bajo el manto prelaticio del arzobispo D. Raimundo y bajo la púrpura del emperador Alfonso VII la ciencia semítico-española... ¿Quién contará todos los beneficios de vida social que a esa unidad debimos, si no hay, en España piedra ni monte que no nos hable de ella con la elocuente voz de algún santuario en ruinas? Si en la Edad Media nunca dejamos de considerarnos unos, fue por el sentimiento cristiano, la sola cosa que nos juntaba, a pesar de aberraciones parciales, a pesar de nuestras luchas más que civiles, a pesar de los renegados y de los muladíes.

El sentimiento de patria es moderno; no hay patria en aquellos siglos, no la hay en rigor hasta el Renacimiento; pero hay una fe, un bautismo, una grey, un pastor, una Iglesia, una liturgia, una cruzada eterna y una legión de santos que combaten por nosotros desde Causegadia hasta Almería, desde el Muradal hasta la Higuera. Dios nos conservó la victoria, y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó el cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor, reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos los aromas de Ceilán y las perlas que adornaban la cuna del sol y el tálamo de la aurora.Y el otro ramal fue a prender en tierra intacta aun de caricias humanas, donde los ríos eran como mares, y los montes, veneros de plata, y en cuyo hemisferio brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco. ¡Dichosa edad aquélla, de prestigios y maravillas, edad de juventud y de robusta vida! España era o se creía el pueblo de Dios, y cada español, cual otro Josué, sentía en sí fe y aliento bastante para derrocar los muros al son de las trompetas o para atajar al sol en su carrera. Nada aparecía ni resultaba imposible; la fe de aquellos hombres, que parecían guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe, que mueve de su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el agua a la cinta y el entregar a la Iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebataba la herejía. España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra.

El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas. A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea. Dos siglos de incesante y sistemática labor para producir artificialmente la revolución, aquí donde nunca podía ser orgánica, han conseguido no renovar el modo de ser nacional, sino viciarle, desconcertarle y pervertirle. Todo lo malo, todo lo anárquico, todo lo desbocado de nuestro carácter se conserva ileso, y sale a la superficie cada día con más pujanza.

Todo elemento de fuerza intelectual se pierde en infecunda soledad o sólo aprovecha para el mal. No nos queda ni ciencia indígena, ni política nacional, ni, a duras penas, arte y literatura propia.

Cuanto hacemos es remedo y trasunto débil de lo que en otras partes vemos aclamado. Somos incrédulos por moda y por parecer hombres de mucha fortaleza intelectual. Cuando nos ponemos a racionalistas o a positivistas, lo hacemos pésimamente, sin originalidad alguna, como no sea en lo estrafalario y en lo grotesco. No hay doctrina que arraigue aquí; todas nacen y mueren entre cuatro paredes, sin más efecto que avivar estériles y enervadoras vanidades y servir de pábulo a dos o tres discusiones pedantescas.

Con la continua propaganda irreligiosa, el espíritu católico, vivo aún en la muchedumbre de los campos, ha ido desfalleciendo en las ciudades; y, aunque no sean muchos los librepensadores españoles, bien puede afirmarse de ellos que son de la peor casta de impíos que se conocen en el mundo, porque, a no estar dementado como los sofistas de cátedra, el español que ha dejado de ser católico es incapaz de creer en cosa ninguna, como no sea en la omnipotencia de un cierto sentido común y práctico, las más veces burdo, egoísta y groserísimo.

De esta escuela utilitaria suelen salir los aventureros políticos y económicos, los arbitristas y regeneradores de la Hacienda y los salteadores literarios de la baja prensa, que, en España como en todas partes, es un cenagal fétido y pestilente. Sólo algún aumento de riqueza, algún adelanto material, nos indica a veces que estamos en Europa y que seguimos, aunque a remolque, el movimiento general. No sigamos en estas amargas reflexiones.

Contribuir a desalentar a su madre, es ciertamente obra impía, en que yo no pondré las manos. ¿Será cierto, como algunos benévolamente afirman, que la masa de nuestro pueblo está sana y que sólo la, hez es la que sale a la superficie? ¡Ojalá sea verdad! Por mi parte, prefiero creerlo, sin escudriñarlo mucho.

Los esfuerzos de nuestras guerras civiles no prueban ciertamente falta de virilidad, en la raza; lo futuro, ¿quién lo sabe? No suelen venir dos siglos de oro sobre una misma nación; pero mientras sus elementos esenciales permanezcan los mismos por lo menos en las últimas esferas sociales; mientras sea capaz de creer, amar y esperar; mientras su espíritu no se aridezca de tal modo que rechace el rocío de los cielos; mientras guarde alguna memoria de lo antiguo y se contemple solidaria con las generaciones que la precedieron, aun puede esperarse su regeneración, aun puede esperarse que, juntas las almas por la caridad, tome a brillar para España la gloria del Señor y acudan las gentes a su lumbre, y los pueblos al resplandor de su Oriente. El cielo apresure tan felices días.

Y entre tanto, sin escarnio, sin baldón ni menosprecio de nuestra madre, dígale toda la verdad el que se sienta con alientos para ello. He escrito en medio de la contradicción y de la lucha, no de otro modo que los obreros de Jerusalén, en tiempo de Nehemías, levantaban las paredes del templo, con la espada en una mano y el martillo en la otra, defendiéndose de los comarcanos que sin cesar los embestían. Dura ley es, pero inevitable en España, y todo el que escriba conforme al dictado de su conciencia, ha de pasar por ella, aunque en el fondo abomine, como yo, este hórrido tumulto y vuelva los ojos con amor a aquellos serenos templos de la antigua sabiduría, cantados por Lucrecio: Edita doctrina sapientum templa serena!

                +Pablo de Rojas. Obispo.

Jesús no era judío. 1parte)

 Es un tema ya tratado en mis dos exposiciones del año 2006, pero como puede verse se trata el tema con mayor detalle, es como un prefacio de mi Tesis Doctoral. Que si Dios quiere pronto se editará.

 Es interesante, con los datos expuestos en el artículo siguiente, la relectura de la “Declaración Nostra Aetate” en su apartado relativo al judaísmo. El llamado Concilio, allí junta errores teológicos ya ampliamente refutados, con simples errores históricos como llamar a los actuales judíos “raza de Abraham” o “muy amados de Dios a causa de sus Padres”. La simple verdad es que los llamados “judíos askenazis” tienen características físicas, comprobables a simple vista, que  nada tienen nada que ver con la raza semita de Abrahán, los israelitas, a la que perteneció Jesús. Ellos además profesan la religión talmúdica enteramente diferente de la religión del Antiguo Testamento. Lo mismo se diga de los idumeos, descendientes de Esaú quien perdió la primogenitura y cuyo linaje se mezcló con los hititas, de cuya mezcla procedían los idumeos. Los idumeos fueron los protagnistas de la “diáspora judía”  por todo el mediterráneo.

Es tranquilizador  saber que el linaje de Jesús y de María no tienen nada que ver con los actuales inventores del capitalismo salvaje, los Soros, Hilary Clinton y otros especímenes, descendientes de los  turcos kazaríes, adoctrinados por misioneros idumeos, que siempre fueron perseguidores, de la historia, del Israel de Dios.

Las conocidas palabras de José Escriba Albás, acerca de su amor por los judíos porque son de la misma raza de Jesús y de María “a quienes amo con locura” tienen aquí su perfecta comprensión. Ni los actuales judíos deben ser amados a causa de sus padres – que dicho de los cuales es una  falsedad- ni la identificación del P. Escriba con los puntos de vista conciliares (como en otros temas, v.gr. la libertad religiosa ) tienen nada de  digno o meritorio.

Los judíos de Israel no son de la etnia israelita. Son una mezcla de idumeos semitas y  turcos Khazaritas, cuyos descendientes emigraron a Europa, mientras  otros permanecieron en la península de Crimea. Ellos son como nosotros,  árabes o  europeos, gentiles. Sin embargo son talmudistas.

Israel bajo el Imperio Romano se dividió en tres naciones: Galilea, Samaria y Judea. Nuestro Señor Jesucristo vino a sus propios hermanos de raza, es decir, a los  israelitas raciales que vivían en esos tres países: unos eran samaritanos, otros galileos y otros de Judea. Él no vino a los idumeos y tampoco a los judíos  genéricos, los cuales se nombran en el griego bíblico como Ioudaios. Es muy importante que esto quede claro. Los judíos-judeanos ( Ioudaios ) fueron los hijos de Israel de la tribu de Judá (y no de Judea )  se mezclaron con  los idumeos conquistados y asimilados por Juan Hircano, al ser  obligados por él a convertirse a la tradición religiosa oral de los israelitas. A modo de ejemplo, el rey Herodes el Grande era un edomita o idumeo que, bajo el Imperio Romano, llegó a su máximo apogeo.

Es importante destacar que Herodes inició un mestizaje racial entre él y la hija del sumo sacerdote de Israel, una mujer de increíble belleza, Mariamne I. Ciertamente, este ejemplo dejó una profunda impresión en el partido de los herodianos, los sacerdotes  saduceos que juzgaban que Herodes era el Mesías. Sin duda, los herodianos imitaron a su jefe al fusionarse  los levitas con los idumeos. De esta manera, la pureza obligatoria de linaje levítico, la élite sacerdotal  al cargo del Templo de Jerusalén y el Sanedrín, fue poco a poco desapareciendo, incluso antes del nacimiento de Cristo. Estos hechos explican cómo surgió una nueva élite sacerdotal, en parte  israelita y en parte idumea. Esta élite mestiza la constituían los saduceos que se enfrentaron  a nuestro Señor Jesús.

Los esenios, originalmente saduceos dejaron una vasta obra literaria apocalíptica en su lucha contra los nuevos saduceos. Parte de la vasta obra literaria apocalíptica contra los nuevos saduceos de los esenios sobrevivió en las cuevas de Qumran. Los esenios se tenían a sí mismos como racialmente puros. No es irreal suponer que José Caifás, el sumo sacerdote que juzgó penalmente [1] a Jesucristo, nuestro Dios, haya sido un mestizo edomita. De todos modos, los idumeos, y los herederos de las tribus de Judá y de Benjamín vivían juntos en Judea, y por ello se les nombra indistintamente como judeanos. Debido a que Idumea estaba al sur de Judea, los idumeos se convirtieron a la tradición oral de los hijos de Israel y habitaron principalmente en Judea. De todo ello aparece claro porqué los evangelios narran que Herodes se acongojó con toda Jerusalén cuando supo que el Mesías había nacido en Belén (Mateo 2). Él temía, [junto con la élite idumea/israelí de Jerusalén] que el verdadero Rey de Israel reclamase el trono a los idumeos mezclados con la elite de la ciudad. Ya se había cumplido el tiempo para que apareciera el Mesías según el cómputo de las Semanas proféticas de Daniel. Muchos en Israel estaban expectantes, por lo que aparecieron varios candidatos a Mesías en varios lugares. Herodes reaccionó ante el nacimiento de Dios encarnado matando a los niños israelitas de Belén. De esta manera, él claramente se anticipó a las tendencias deicidas de los idumeos. Herodes mató incluso a un bebé hijo suyo, para que ni siquiera alguien de su descendencia reclamase ser el Mesías. Para ver un ejemplo de cómo el término “judío” es un término genérico, podemos citar el apóstol San Pablo. Afirma ser un Ioudaios (Gálatas 2:15). Pero, añade, de la tribu de Benjamín (Ro. 11:1). Es decir, San Pablo es un judeano, Ioudaios, (no Judaíta) porque vivió en Judea, y de Benjamín porque nació de esta sangre. Es significativo que Cristo nunca dijo de Sí ser un Ioudaios. Él no lo era. No vivió en Judea. Él y su familia fueron nazarenos, porque vivían en Nazaret, en Galilea (Mt 2:23). Sin embargo, eran de sangre judaica. En verdad, el término “judío” es tan elástico que puede significar incluso a los peregrinos extranjeros de paso por Judea (Hechos 2:5).

San Pablo dice que nosotros somos Ioudaios espirituales (Romanos 2:28-29). Pero hay que entenderlo como una metonimia de “Israelitas”, el verdadero pueblo escogido. El israelita, es bien sabido, comprendía una amalgama de gentes en el tiempo del Nuevo Testamento. Es algo parecido al término con que se alude a los hispanos en USA, a los que indistintamente llaman “cucarachas”. La ofensiva palabra lanzada contra todos los inmigrantes es un ejemplo de metonimia. Estas nominaciones culturales, como la de judeanos, a menudo cambia con el tiempo, pero ésta fue conservada en la Biblia. Así el término de Ioudaios espiritual, no significa “judío“. Esta es una palabra que surgió en el siglo XVIII, que incluye también a algunos europeos orientales. Y, tampoco significa “edomitas“, que eran descendientes de los cananeos.

Poncio Pilato se mostró irónico con nuestro Señor cuando ordenó a sus soldados escribir en el título de la cruz de Cristo, “Jesús de Nazaret, Rey de Judea.” Como si dijera: “João VI de Lisboa, Emperador de Brasil “. Para Pilato, era ilógico que los enemigos de Cristo afirmasen que era un rey usurpador de Judea ( Ioudaia ), porque Él era galileo. Era más lógico que sus detractores alegasen que Cristo quería ser el rey de Galilea. Pilato se dio cuenta de la conducta insidiosa de los enemigos de Cristo.

Después de la completa destrucción de Jerusalén en el año 70 y la siguiente revuelta de Bar Cochba en el siglo II, los israelitas e idumeos virtualmente desaparecieron de Palestina. La suerte de los israelitas fue más trágica y cruenta que la de los idumeos. Porque fueron sometidos a sucesivos y diversos eventos de extinción global a manos de los romanos, después de la destrucción de Jerusalén.

Pero los idumeos de tradición religiosa israelita que no sufrieron esas calamidades en Palestina se volvieron una colonia ínfima en el país.

Esta situación se mantuvo sin cambios hasta la conquista musulmana de Palestina en el siglo VII. Ella causó una migración de la población idumea hacia Europa, movimiento que se aceleró profundamente cuando el poderoso imperio de Khazaría  se convirtió al Talmudismo en el siglo VIII. Los musulmanes empezaron una campaña agresiva de expansión global en los territorios comprendidos en el Imperio Romano de Oriente. Llegaron así  a las puertas de Khazaría. Como el talmudismo es una religión monoteista cuya apariencia está proxima del mahometismo, los khazares se convirtieron al talmudismo  en el siglo VIII, con esperanzas de que les trajese un entendimiento o detente con los musulmanes.  La conversión de Khazaría llevó a los idumeos fariseos de la diáspora a que se trasladaran masivamente al Imperio Khazar.

Tras la caída del Khazaría bajo el entonces Duque de Kiev en el siglo X, los judíos se mezclaron con los turcos khazaritas, y se propagaron a través de Rusia y Europa Central. Sobre todo por las regiones del Volga, Polonia y Hungría. Esa mezcla racial constituye el pueblo azquenazi como hoy es conocido. Esa es la razón por la que el Señor Jesús es tan diferente físicamente de un judío común de hoy día. [1] . Cristo no es un judío. No lo es ni religiosa ni cultural ni geográficamente ni tampoco racialmente. Sin embargo, él es físicamente un puro jafetita.

Aquellos trágicos sucesos desvelan el porqué de la inexistencia virtual de una población practicante de la religión talmudista en la Palestina anterior a la llegada de los sionistas, en el siglo XIX. El Sionismo es llamado falsamente el movimiento de retorno de los israelitas a Israel. Y también explica por que la constitución genética de los judíos asquenazis es tan diferente de la de los habitantes originales de Palestina y es más cercana a la de los esclavos.

Es muy interesante observar que la lengua yiddish, hablada masivamente por los judios antes de la creación muy reciente de Israel, tiene muchas palabras derivadas del alemán y del eslavo. La razón de este patrimonio lingüístico no-semita, se hace evidente cuando se ve la enorme extensión del Imperio Khazarita y su ubicación. Ocupó el suroeste de Rusia, parte de los Balcanes, Ucrania y los territorios fronterizos con Alemania. Debido a que el yiddish fue elaborado a partir de caracteres hebreos por el esmero de los rabinos misioneros, para el uso público en todo el Imperio, aparece con claridad lo extensa que fue la conversión de Khazaría.

Así que definitivamente, Jesús no vino para los judíos; Él no es hermano racial de los judíos y siendo el retoño la monarquía davídica, Jesús no es el Rey de los judíos. Él es un judaíta de la tribu de Judá, el es el Rey de Israel. En su ministerio terrenal, Cristo vino para la gente de su raza, como sus santos Apóstoles. Sólo después de terminar su ministerio terrenal, después de que Él resucitara y ascendiera al cielo, Él ordenó que la nueva fe se expandiera por todo el mundo, en medio del cual estaban los favorecidos hijos de Jafet, para que así se realizara la división del mundo tal como había sido determinado por el Patriarca Noé. Hasta entonces Él había dejado muy claro quién era de la Casa de Israel, su pueblo por la sangre, y quién no lo era.

Como se ha visto, los judíos no son el pueblo elegido. Pero hay que reconocer que, CASI lo fueron: Lo serían si Esaú, padre de Edom, no se hubiera casado con mujeres cananeas y si no hubiera vendido los derechos de primogenitura a su hermano Jacob. Pero el Señor nuestro Dios es soberano. Él ya había escogido a Jacob mucho antes de que él naciera y había revelado su decisión a la madre durante su embarazo.

 

La raíz abrahámica de Idumea.

Los edomitas son los descendientes de Esaú, hijo de Isaac y nieto de Abraham. Él se casó ilícitamente con mujeres cananeas, hititas [3] , en una época en que el Imperio hitita estaba en su apogeo y se extendía hasta el desierto de la península del Sinaí. Sus descendientes probablemente hicieron lo mismo. Esa fue la razón por la que el Señor le había rechazado en favor de su hermano Jacob, y por la que el linaje de Canaán fue maldecido a sufrir servidumbre, por Noé (Génesis 9:25). Noé tenía, como patriarca de toda la humanidad, autoridad para dividir el mundo entre sus hijos.

Esaú, el patriarca de los edomitas, fue odiado por Dios (Romanos 9:13); Él también odió a los cananeos. Una razón de este odio es que durante siglos, los idumeos lucharon sin tregua contra Israel hasta su derrota final a manos del macabeo Juan Hircano. Por lo tanto, la Biblia atestigua que los descendientes de Esaú permanecen bajo la ira de Dios para siempre (Malaquías 1:4). Si bien, en la Biblia, Moisés reconoce que los idumeos son parientes (mestizos, por supuesto) de los israelitas.

Jesús no era judío. 2 parte)

Como en una ironia macabra, los hechos históricos demuestran que el supuesto pueblo elegido realmente perseguió al verdadero pueblo elegido.

Los idumeos no sólo no son el pueblo elegido, ya que luchó contra el pueblo escogido. De hecho, la lucha prosigue en sus descendientes de hoy día. Unas veces insidiosamente, fundamentalmente en las sectas heréticas de los principios de la Iglesia, mediante la usura, la trata de blancas, la trata de esclavos, el apoyo a los moros en su expansión, con la invención de la pornografía moderna, con la lucha contra la organización de los países mediante el nacionalismo (excepto en Israel, por supuesto), etc. Otras veces, violentamente, como en la persecución de Nerón a los cristianos, con el liderazgo de la masonería en la Revolución Francesa y con el derrocamiento de las monarquías cristianas, en la guerra de los cristeros mexicanos, y en la Guerra Civil Española mediante la República; en la formación del Ejército Rojo con la masacre de millones de eslavos cristianos en Rusia y en Ucrania etc. Hasta el día de hoy, metafóricamente hablando, Esaú intenta reprimir a Jacob de todas las formas posibles, debido a la envidia y al odio incurable.

La culpa de los judíos no se ve disminuida por el hecho de que sean gentiles. Porque Cristo denunció a los fariseos y a los prosélitos gentiles que serían el doble de hijos del infierno que sus amos. Si un gentil abraza la tradición oral que condenó a Cristo, se hace partícipe de todas las maldiciones de la ley de Moisés (Gálatas 5). Pero el pecado de los judíos no es el de apostasía, porque no pertenecen a Israel. Es el pecado de incredulidad, agravado por la participación de sus antepasados en la crucifixión de nuestro Señor. Esto se debe a que, dada la realidad de las razas y etnias, todos somos copartícipes de los pecados de nuestros padres por nuestra impenitencia, si seguimos celebrando o repitiendo sus conductas pasadas.]

La salvación no vino de los Judios

Si Cristo no vino para los judíos, porque Él no es el rey de la tierra de los judíos, ¿por qué la Biblia dice que la salvación viene de los judíos?

Vosotros adoráis lo que no conocéis: nosotros adoramos lo que conocemos: porque la salvación viene de los judíos. (Juan 4:22)

La respuesta es simple: la Biblia de ninguna manera dice eso. El versículo anterior es una traducción inexacta. En el original griego, la palabra “judíos”, usa el término Judeanos ( Ioudaion ). La palabra, en su original, denota una ubicación geográfica, personas que se encuentra en, o en tránsito a través de (en este caso de) Judea, como se ha dicho. Y por ello no se refiere a una etnia.

Por otra parte, estrictamente dice que la salvación viene de Judea (en el sentido de pertenencia). En el original, la proposición ek, significa entre otras cosas, “delante de”. Es decir, que no dice precisamente que la salvación es (o viene) de Judea, sino que está en entre los judeanos o en el camino a ellos. Esto se debe a que Cristo, la salvación, se hallaba presente en Judea, salió de Judea y fue a pie hasta Sicar en Samaria, la cual queda a distancia, pero está en el camino de Judea. El versículo tiene un sentido literal de dirección.

Una traducción más literal es la que se presenta abajo:

Vosotros adoráis lo que no conocéis: nosotros adoramos lo que conocemos; porque la salvación está [presente] delante de los judeanos.

You worship what you don’t know. We know what we worship, because the salvation is [present] forth from the Judeans.

Cristo estaba hablando con una mujer samaritana – israelita como los moradores de Sicar. Para simplificar el diálogo, a fin de no tener que matizarlo y entrar en detalles innecesarios, Cristo usó los mismos términos que ella utilizó. Cristo dijo “judeanos” y no judíos porque fue la mujer la que mencionó primero la palabra. Si no lo hubiera hecho, habría tenido que demorarse explicando a la mujer. Por tanto, optó por utilizar un juego de palabras: Él se limitó a decir que la salvación, es decir, Él mismo, se hallaba presente en el territorio de Judea. Él utilizo una expresión sutil, [está delante de los judeanos] porque entre los judeanos se contaban los idumeos, y obviamente su ministerio terrenal de Mesías, no iba dirigido a ellos. Ni siquiera afirmó que Él era judeano, aunque no estaría equivocado si lo afirmase porque estaba de paso.

La sutileza del Señor también se debe al hecho de que quería que la mujer se diese cuenta por sí misma de que Él era la salvación. Estaba hablando de Sí mismo con la mujer, como salvación que estaba de paso [ante ella].

Por otra parte, nuestro divino Señor también se estaba refiriendo a muchos hechos históricos. Le dijo a la mujer que los samaritanos no conocían al Padre, porque desde el rey David, el lugar donde el Dios Trino debía ser adorado se trasladó de Shiloh en Samaria a Jerusalén, en Judea. Los israelitas del Sur (los hijos de Judá) algunas décadas después del traslado, se separaron de sus hermanos del Norte. La secesión causó en el Norte, de donde venían los contemporáneos samaritanos, una rápida degeneración en el culto de la religión mosaica. En tanto que la religión se conservó más pura en Judea, es comprensible que el Señor hubiera dicho que el Padre había sido más dignamente adorado en Judea. Mientras en Samaría no lo había sido.

La lucha religiosa entre el Norte y el Sur es un hecho permanente en la historia de Israel. Juan Hircano destruyó el Templo que los samaritanos habían erigido al Señor. El Templo se hallaba justamente en el sitio donde Cristo dialogó con la mujer. De hecho el diálogo tenía un trasfondo profundamente nacionalista.

El Señor centró su ministerio en Israel, fuera de Samaría, aunque hubiera israelitas en ella, como lo eran la mujer y los hombres del lugar. Pero como los samaritanos habían recibido menos atención por parte del Señor, era justo decir que los samaritanos no conocían al Padre tan bien como el resto de Israel que veían a Cristo personalmente. Cristo es la imagen del Padre.

En otras palabras, el diálogo entre Cristo y la mujer era una discusión estrictamente geográfica y nacionalista sobre el lugar donde estaba la salvación (estaba frente a ella, en realidad) y donde Dios debía ser adorado en la religión mosaica. El tema de ella no era la posesión de la salvación. La reyerta de los samaritanos contra los demás israelitas era precisamente la cuestión geográfica del lugar donde Dios debía ser adorado. Desde la secesión, Samaría quería restaurar el culto a dios exclusivamente en Silo.

Estas son las cosas que esconde, las traducciones inexactas. No tienen nada que ver con los judíos.

Notas.

Varios documentos históricos (por ejemplo, el informe de Publio Léntulo a Tiberio César, la entrevista de Gamaliel, etc.) describen a Cristo con el pelo rubio y rizado al lado de sus orejas y liso en otras parte de la cabeza, y con los ojos azules. Aunque la simulación del aspecto actual de la Sábana Santa muestra a Cristo con pelo castaño y los ojos negros. David y Salomón, los antepasados de Cristo, también eran rubios, como lo dice la Septuaginta, la verdadera Biblia. La iconografía romana hace esto evidente y la ortodoxa también lo presenta así , aunque con menor precisión. Este detalle es importante porque el sionismo, para atraer la simpatía de los cristianos, hace una representación política y maliciosa de Cristo como si fuera un judío común. Así que los estudiosos modernos, erróneamente suponen que los judíos son israelitas, y niegan fanáticamente el valor de esta tradición. En cualquier caso, son impresionantes las palabras de Poncio Pilato a Tiberio César, que forma parte de esta tradición:

“Yo podría haber sospechado tan grande era la diferencia entre [Jesús] y los que escuchaban. Sus cabellos dorados y su barba le daba un aspecto celestial. Parecía tener unos treinta años de edad. Nunca había visto una cara más dulce y serena. Qué contraste entre Jesús y sus oyentes [que tenían] barba negra y tez oscura! El interés de representar a Cristo como de la propia no es aplicable sólo a los Judios. Los chinos, los hispanos y los negros también tienen esta práctica.

Por “desaparecidos”, queremos decir que los israelitas incrédulos no sobrevivieron. ¿Se refiere a este genocidio, simbólicamente el libro del Apocalipsis (Ap. 8-9).La Tradición de la Iglesia da testimonio de que el linaje israelita de de los cristianos se conservó después del genocidio, a pesar de que la información genealógica se perdiera. hay que tener en cuenta que los cristianos israelitas recibieron una revelación divina y fueron instruidos por Dios para huir a Pella, en Jordania, al ver la profanación del Templo de Jerusalén producida a manos de los celotes israelitas – los celotes establecieron su cuartel general en el Templo y nombraron sacerdotes a gente extraña a los levitas. Esta profanación fue considerada la señal dada por Cristo para que los cristianos abandonaran inmediatamente Judea (Mt 24), hecho que precedió a la destrucción del Templo a la toma de Jerusalén. Más allá de cualquier duda, la estirpe de los israelitas sobrevivió, incluyendo a los miembros de las tribus levitas, y muchos de ellos gobernaron la Iglesia como obispos.

Sin embargo, la Iglesia no se cuidó de conservar los registros genealógicos porque quería expresamente descuidarlos por medio de los Apóstoles (1 Timoteo 1). El mantenimiento de los levitas no era ya necesario debido a las características de la nueva fe cristiana, y los Santos Apóstoles quería evitar el orgullo y la vanidad que pudiera originarse dentro de la comunidad cristiana y se optó por no correr el riesgo de dividir la Iglesia.

Podría decirse que en los primeros años de la Iglesia, había una segregación racial de hecho entre los gentiles e israelitas (Gálatas 2:11-21). Y esta segregación fue uno de los primeros síntomas de las controversias doctrinales que la Iglesia se vio obligada a zanjar. Todas ellas se referían a la validez de la conversión de los gentiles y a la relación de la gracia divina con las tradiciones religiosas (pre-talmúdicas) de los israelitas. El mantenimiento de esta información genealógica podría perpetuar y agravar la tensión racial. Por tanto, a diferencia de los talmudistas israelistas antecedentes del Israel moderno, es muy probable que algunos cristianos árabes e iraníes, e incluso muchos de los europeos que tienen el fenotipo de Cristo, son descendientes directos y legítimos de la raza de Cristo y de los Santos Apóstoles. De los hititas los judíos han heredado algunos de sus rasgos faciales por los que son conocidos: la nariz, la frente, etc.

(1)La Sábana Santa revela la verdadera apariencia nórdica [1]de Cristo, como descendiente puro Sem. Sem era hermano de Jafet del que los europeos se originan. El rostro de Cristo es muy diferente del fenotipo turco-europea de un judío ordinario.

(2)Juan Hircano. Él, como israelí, tiene un aspecto típico jafetita.

(3)Herodes el Grande. Al no ser israelita, sino camita, tiene un aspecto diferente al de los europeos jafetitas. Melbourne School of Theology

(7)Moneda Cazar. La estrella de seis puntas era el símbolo nacional del Império de Khazaria. Curiosamente, la estrella também es el símbolo do Sionismo, adoptado por el estado de Israel como símbolo nacional. El verdadeiro símbolo nacional del antiguo Israel era uma palmera de siete ramos unidos en un tronco, inspirado en el candelabro del Templo de Jerusalén.

                 +Pablo de Rojas. Obispo.