Imagen primitiva de Issoudun, de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, condenada por el Santo Oficio, obligando a retocarla ya que al estar el Niño Jesús de pié, por debajo de ella, podría llevar a confusión a los fieles cristianos de creer que la Madre de Dios está por encima del Hijo de Dios Padre.

Imagen llamada Romana, por ser el resultado de un óleo anónimo romano que representa a Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos, ya no a sus pies, por debajo de ella, más pequeño en edad y en el que la Madre de Dios señala el Sagrado Corazón de su Divino Hijo.

Santos Patronos.

Nuestra del Sagrado Corazón. 

Historia.

En 1854, en Issoudun (Francia), durante la primera novena de la Inmaculada Concepción, que terminaron el 8 de diciembre, el padre Julio Chevalier, jesuita, promete junto a sus primeros compañeros, que si su sueño de formar una congregación misionera en honor al Sagrado Corazón de Jesús se hiciera realidad, propagarían la devoción al Corazón de Cristo y harían, por todos los medios posibles, que la Stma María fuera conocida y amada de una manera especial”. 

La señal fue recibida por los padres al noveno día, el 8 de diciembre, cuando fueron informados por un feligrés que una persona caritativa, que deseaba permanecer en el anonimato, iba a donar una importante suma para la fundación. En esta promesa de ayuda financiera, los padres reconocieron la respuesta a sus peticiones. El dinero les llegó en los meses posteriores a través del P. Ferdinand de Champgrand.

Una segunda Novena iniciada el 28 de enero, en la Fiesta del Inmaculado Corazón de María, al 6 de febrero, les hizo ver cómo sus oraciones fueron escuchadas cuando recibieron, al finalizarla, el ofrecimiento de una contribución anual de mil francos por parte de la Señora de Quesne.

Los padres tuvieron que acudir una tercera vez a pedir la intercesión de Nuestra Señora, ya que el proyecto de la fundación fue unánimemente rechazado por los miembros del Consejo Diocesano del Arzobispo Dupont.

Tras la tercera Novena, se obró el “gran milagro” cuando el mismo Monseñor Dupont, actuando en contra del parecer de su consejo, hizo una excepción y autorizó a los dos sacerdotes de Issoudon a fundar la nueva congregación que se llamaría “Misioneros del Sagrado Corazón”. Para el P. Chevalier, esta aprobación del arzobispo fue una prueba fehaciente de que la Virgen estaba con ellos en el proyecto, por eso prometen que: “En reconocimiento a la Vigen María, la considerarán como su Fundadora y Soberana. La asociarán a todas sus obras y harán que sea amada de una manera especial” (Julio Chevalier, “Anales de la Pequeña Sociedad”, Pág. 6, Art. III).

[1]​ Art. III.- En testimonio de gratitud hacia la Virgen María, la considerarán como su Fundadora y su Soberana, la asociarán a todas sus obras y la harán amar de un modo peculiar Promesa del P. Chevalier a María Santísima durante las diversas novenas realizadas a la Virgen María.

El P. Chevalier obtiene varias donaciones económicas que le permiten construir la Basílica de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en Issoudun (Francia) y en 1857 consolida su Cofradía y da a María el nuevo nombre:

[2]​ ...Al pronunciar este nombre, agradecemos y glorificamos a Dios, porque ha escogido a María Santísima entre todas las criaturas para formar en su seno virginal el Corazón adorable de Jesús. Reconocemos mediante este título especial, resumen en cierto modo de los demás títulos de María, el inefable poder que el dulcísimo Salvador le ha concedido sobre su Corazón adorable. Suplicamos a esta compasiva Madre que nos conduzca al Corazón de su Hijo... Como el poder de María sobrepasa cuanto nuestra débil razón puede concebir, y Jesús escucha siempre las humildes súplicas y ruegos de su Madre, le confiaremos el éxito de las causas difíciles y desesperadas.

P. Julio Chevalier.

Estaba cierto día la Comunidad tomando el recreo de mediodía en el jardín, bajo la bóveda de follaje formada por las ramas de cuatro añosos tilos. Adosado al muro del cercado, una sencilla imagen del Corazón Inmaculado de María. Como presidiendo aquellos ratos de legítimo esparcimiento, después de las raudas tareas apostólicas de la mañana. A unos pasos de allí, aún en ciernes, la Basílica del Sagrado Corazón. Era en aquel entonces la primordial ocupación de los padres. En ella se debían de dedicar sendas capillas laterales a la Santísima Virgen y a San José.

De pronto el P. Chevalier, que desde hacía un rato permanecía como ensimismado, silencioso y pensativo, con voz casi vacilante y por la emoción interrumpe la conversación, y dirigiéndose a los demás pregunta: 

¿Bajo qué advocación pondremos el altar de la Virgen en nuestro Santuario?

Cada cual improvisa su respuesta, según los diversos gustos particulares.

-No, no, no dais en el clavo – replica sonriendo el P. Chevalier–, el altar de nuestra futura iglesia será dedicado a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. -¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón! -Exclaman algunos- ¡Vaya novedad! Padre Chevalier, que tratándose de devociones no conviene innovar nada. - Novedad quizás, responde el P. Chevalier, pero no exageréis pues no lo es tanto ni de la manera que pensáis. -

¡Ah, ya! -dice el más joven, el P. Piperón- Nuestra Señora del Sagrado Corazón, o sea la Virgen honrada en la Iglesia consagrada al Sagrado Corazón, como se diría: Nuestra Señora de Issoudun, Nuestra Señora de Chartres, etc. -

Concedo, si quieres, pero sobre eso mucho más aún, y... mejor. Dejad que primero les exponga mi pensamiento. Luego me diréis si su fundamento es racional o no.

Entonces el P. Chevalier, en pocas palabras, recuerda las numerosas gracias de que la pequeña Comunidad es deudora a la Santísima Virgen. -Se lo debemos todo. Y le prometimos honrarla y hacerla honrar de una manera especial y según mi parecer esta advocación "Nuestra Señora del Sagrado Corazón", responde perfectamente a nuestro deseo.

1°). Daremos gracias a Dios y le glorificamos por haber escogido a María entre todas las criaturas para formar en su seno virginal y de su más pura sustancia el Corazón Adorable de Jesús.

2°). Muy particularmente honraremos los sentimientos de amor, obediencia, y respeto filial que Jesús alimentó en su Corazón para con su Santísima Madre.

3°). Reconoceremos con un título especial -que en cierto modo resume todos los demás- el inefable poder que el dulce Salvador le he dado sobre su Corazón Adorable.

4°). Suplicaremos a esta Virgen compasiva que nos conduzca al Corazón de Jesús, que nos revele los misterios de misericordia y amor que Él encierra. Que nos abra los tesoros de gracias de que es fuente, que los reparta con sus mismas manos de Madre sobre cuantos la invocan o se encomiendan a su poderosa protección.

5°). Además nos uniremos a nuestra Madre para glorificar el Corazón de Jesús..Para separar con Ella y por medio de Ella los ultrajes de que es objeto de parte de los hombres ese Divino Corazón, y consolarla en sus tristezas y amarguras con una vida más edificante..Todo esto, tenedlo bien entendido, se contiene en la suave y dulce invocación: “Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros”..Con un poco de estudio y reflexión, no me parece difícil respaldar lo que acabo de decir, con las enseñanzas de los Doctores y Teólogos sobre las grandezas de la Augusta Virgen María.

6°) Finalmente, como el poder de María excede cuanto nuestro débil corazón puede concebir, y como Jesús escucha siempre las humildes súplicas y deseos de su Madre, le confiaremos el éxito de las causas difíciles, extremas y desesperadas, tanto en el orden espiritual como en el orden material. -Además estoy convencido de que nuestra Madre quiere ser invocada y honrada bajo este nuevo título en nuestro futuro Santuario. Le dedicaremos, pues, un altar bajo esta advocación.

El P. Julio Chevalier creó en 1861 una vidriera donde aparece la Virgen María y el Niño Jesús de pié, el niño toca con la mano izquierda su corazón y con la derecha señala a su madre en alto enviando el mensaje que por medio de su Madre Amantísima la Virgen María los fieles pueden llegar al corazón de Jesús. En 1868 el Papa Pio IX bendice un par de coronas las cuales se colocan en la vidriera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y la Congregación se convierte en una Archicofradía.

A finales del Siglo XIX se propaga esta devoción por América y Europa por lo que el Vaticano para evitar confundir a los fieles cristianos decide hacer cambios en la imagen, e inicia la representación del Sagrado Corazón de Jesús siendo todavía un niño y en brazos de su madre, no por debajo de ella que es ahí donde estribaba el conflicto con la Santa Sede, mientras que la Virgen María muestra el Sagrado Corazón de su Hijo. La nueva  imagen se plasmó en un óleo anónimo de un artista romano.

A Su Católica Grandeza Episcopal le gusta que se venere a Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, representada bajo la forma romana. En todos los Oratorios debe haber una Sagrada Imagen de la misma.

La famosa oración, novena del Acordaos y coronilla de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús fue compuesta por el P. Jouet en 1890.

Oración del Acordaos que todos los miembros de la Pía Unión de San Pablo Apóstol tienen que rezar después de las tres partes del Santo Rosario.

ACORDAOS, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos. No, no podemos recibir de Vos desaire alguno, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Así sea!

¡Ntra. Señora del Sagrado Corazón, rogad por nosotros! (Repetir con fervor tres veces.)

Glorioso Patriarca San José. Copia de la talla de San José de Fernando Estevez del siglo XVII. Representa a San José con el Niño Jesús, dormido en brazos, en la rodilla está San Juanito mandando callar a los angelitos.

Glorioso Patriarca San José.

 

San José era un “hombre justo”. Este elogio otorgado por el Espíritu Santo, y el privilegio de haber sido elegido por Dios para ser el padre adoptivo de Jesús y el Esposo de la Virgen Madre, son los fundamentos de los honores asignados a San José por la Iglesia. Tan convincentes son dichos fundamentos que no deja de ser sorprendente que el culto a San José fuese tan lento en ganar reconocimiento.

La principal de las causas de esto es el hecho de que «durante los primeros siglos de existencia de la Iglesia, eran sólo los mártires quienes gozaban de veneración»(Kellner).

Lejos de ser ignoradas o pasadas por alto durante los primeros años de Cristianismo, las prerrogativas de San José fueron ocasionalmente confrontadas entre los Padres; incluso tales elogios, que no pueden ser atribuidos a los escritores entre cuyos trabajos ellos encuentran cabida, atestiguan que las ideas y la devoción allí expresadas eran familiares, no sólo para los teólogos y predicadores, y deberían haber sido prestamente bienvenidas por la gente.

Las huellas más tempranas de reconocimiento público acerca de la santidad de San José son halladas en Oriente. Su fiesta, si es que podemos confiarnos de las afirmaciones de Papebroch, era tenida en cuenta por los Coptos ya en los tempranos inicios del siglo cuarto. Nicéforo Calixto dice asimismo –cuya autoridad desconocemos– que en la gran basílica erigida en Belén (Bethlehem) por Santa Elena, había un magnífico oratorio dedicado en honor de nuestro santo. Lo cierto es, sea como sea, que la fiesta de  San José se encuentra registrada, el 20 de Julio, en uno de los antiguos Calendarios Coptos que ha llegado a nuestras manos, así como también en un Synazarium de los siglos octavo y noveno publicado por el Cardenal Mai (Script. Vet. Nova Coll., IV, 15 sqq.). Menologios griegos de una fecha posterior al menos mencionan a San José en el 25 ó 26 de Diciembre, y otra conmemoración suya conjuntamente con otros santos fue realizada en los dos Domingos inmediatamente anterior y posterior a Navidad.

En Occidente el nombre del padre adoptivo de Nuestro Señor (Nutritor Domini) aparece en algunos martirologios locales de los siglos noveno y décimo, y encontramos en 1129, por primera vez, una iglesia dedicada en su honor en Bologna. Su devoción, por entonces solamente privada, como aparentaba ser, cobró un gran ímpetu debido a la influencia y al celo de santos de la talla de San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudis (muerta en 1310), y Santa Brígida de Suecia (muerta en 1373). De acuerdo con Benedicto XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17),

«la opinión generalizada de lo aprendido es que los Padres Carmelitas fueron los primeros en importar desde Oriente hacia Occidente la loable práctica de tributarle un completo culto a San José».

Su fiesta, introducida hasta el fin poco tiempo después, en el calendario dominico, fue ganando paulatinamente una posición segura en numerosas diócesis de Europa Occidental. Entre los más celosos promotores de la devoción en dicha época, San Vicente Ferrer (muerto en 1419), Pedro d’Ailly (m. en 1420), San Bernardino de Siena (m. en 1444), y Jehan Charlier Gerson (m. en 1429), merece una especial mención Gerson, quien, en 1400, compuso un Oficio de los Esponsales de José particularmente en el Concilio de Constanza (1414), como medio de promocionar el reconocimiento público del culto de San José. Recién bajo el pontificado de Sixto IV (1471-84), los esfuerzos de dichos benditos hombres fueron recompensados por el calendario romano (19 de Marzo), en el cual fue incluida, en 1476, por mandato de dicho papa la fiesta en honor del santo patriarca que aún hoy se celebra. Desde aquel entonces la devoción adquirió cada vez mayor popularidad, y la dignidad de la fiesta fue guardando relación con su firme crecimiento. Primeramente sólo fue una festum simplex, y fue prontamente elevada a un doble rito por Inocencio VIII (1484-92), declarada por Gregorio XV, en 1621, como una fiesta obligatoria, a instancias de los emperadores Fernando III y Leopoldo I y del rey Carlos II de España, y fue elevada al rango de fiesta doble de la segunda clase por Clemente XI (1700-21). Además, Benedicto XIII (Orsini), en 1726, agregó el nombre de San José en la Letanía de los Santos. Una festividad en el año, sin embargo, no fue considerada suficiente para satisfacer la piedad popular.

La Fiesta de los Esponsales de la Santísima Virgen y San José –tan vigorosamente propugnada por Gerson, y concedida por Paulo III a los Franciscanos, y después a otras órdenes religiosas y diócesis individuales– fue, en 1725, concedida a todos los países que la solicitasen. Un apropiado Oficio, compilado por el dominico Pietro Aurato, fue asignado, y el día fijado en el 23 de Enero.

Esto no fue todo: la reformada Orden Carmelita Descalza, en la cual Santa Teresa infundió su gran devoción hacia el padre adoptivo de Jesús, lo eligió, en 1621, como su patrono, y en 1689, les fue permitido celebrar la fiesta de su Patrocinio en el tercer Domingo después de Pascua. Esta fiesta, pronto, adoptada a lo largo de todo el Reino de España, fue posteriormente extendida a todos los estados y diócesis que solicitasen el privilegio. Ninguna otra devoción, tal vez, haya crecido tan universalmente como ésta, así como tampoco ninguna otra pareció haber atraído con tanta fuerza a los corazones de los cristianos, durante el siglo diecinueve, como ésta de San José.

Este maravilloso y sin precedentes incremento de la popularidad ha sido otro nuevo galardón para ser adosado al culto del santo. Complementariamente, uno de los primeros actos del pontificado de Pío IX (siendo él mismo particularmente devoto de San José) fue hacer extensiva a toda la Iglesia la fiesta del Patrocinio (1847). En diciembre de 1870, de acuerdo con los deseos de los obispos y de toda la feligresía, el papa Mastai declaró solemnemente al Santo Patriarca José, como Patrono de la Iglesia universal, y resolvió que su fiesta (19 de Marzo) debería de allí en adelante ser celebrada como una doble de la primera clase (pero sin octava, a causa de la Cuaresma). Siguiendo los pasos de sus predecesores, León XIII y san Pío X exhibieron un similar deseo de agregar sus propias joyas a la corona de San José: el primero, permitiendo en ciertos días la lectura del oficio votivo del santo, y el segundo, el 18 de Marzo de 1909,  elevó esta fiesta al rango de las mayores solemnidades, dotándola de una Octava con una gran riqueza hagiográfica en los textos propios para el oficio de Maitines. Y una letanía en honor de aquel cuyo nombre él recibió en su bautismo (Giuseppe Sarto).

 

Esta devoción tan española, y por ser el Patrón Universal de la Iglesia Católica, hace que la Pía Unión de San Pablo Apóstol lo tenga como segundo Patrón.

 

A Su Grandeza Episcopal le gusta que se le represente con el Niño Jesús, en brazos de una forma muy natural. Y que en todos los Oratorios haya una imagen.

 

Los miembros de la Pía Unión de San Pablo Apóstol rezan tres veces al día después de las tres partes del Santo Rosario la Oracion en latin, a San José, de León XIII.

Ad te beáte Joseph, in tribulatióne nostra confúgimus, atque, imploráto Sponsæ tuæ sanctíssimæ auxílio, patrocínium quoque tuum fidénter expóscimus. Per eam, quǽsumus, quæ te cum immaculáta Vírgine Dei Genitríce conjúnxit, caritátem, perque patérnum, quo Púerum Jesum ampléxus es, amórem, súpplices deprecámur, ut ad hereditátem, quam Jesus Christus acquisívit Sánguine suo, benígnus respícias, ac necessitátibus nostris tua virtúte et ope succúrras. Tuére, o Custos providentíssime divínæ Famíliæ, Jesu Christi sóbolem eléctam; próhibe a nobis, amantíssime Pater, omnem errórum ac corruptelárum luem; propítius nobis, sospítator noster fortíssime, in hoc cum potestáte tenebrárum certámine e cœlo adésto; et sicut olim Púerum Jesum e summo eripuísti vitre discrímine, ita nunc Ecclésiam sanctam Dei ab hostílibus insídiis atque ab omni adversitáte défende: nosque síngulos perpétuo tege patrocínio, ut ad tui exémplar et ope tua suffúlti, sancte vívere, pie émori, sempiternámque in cœlis beatitúdinem ássequi possímus. Amen.

 

     Pablo Lazo.

Director General de la Pía Unión de San Pablo Apóstol.

 

San Pablo Apostol.

San Pablo Apostol.

 

«Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios nuestro salvador y de Jesucristo nuestra esperanza» (1Tm 1,1)

Para Su Grandeza Episcopal, el apóstol san Pablo es su autor sagrado preferido. Y no en balde su Fundación está dedicada a él "Pía Unión de San Pablo Apóstol ". Con frecuencia acude a su doctrina en las predicaciones «Al leer sus cartas, experimento, mucho más que en los otros escritos, un deleite tan grande que no soy capaz de expresarlo con palabras (Epist. II,204). 

«Al presentarle aquí el modelo del verdadero Guerrero Cristiano, mi guía será el muy querido apóstol san Pablo; sus dichos, llenos todos ellos de sabiduría celestial, me extasían, llenan mi corazón de consuelo celestial y hacen que mi alma salga de sí. No puedo leer sus cartas sin sentir como una fragancia que se expande por toda el alma, fragancia que se deja sentir hasta en lo más profundo del espíritu» (Epist. II,228).

S.E.Rvdma cita y comenta con frecuencia las frases más significativas de San Pablo, y, después de hacerlas suyas, las propone como estilo de vida a aquellos que son miembros de la Pía Unión. En efecto, afirma que «toda alma cristiana debería familiarizarse con este mensaje del santo Apóstol: “Mi vivir es Cristo” (Fil 1,2), yo vivo para Cristo Jesús, vivo para su gloria, vivo a su servicio, vivo para amarlo» (Epist. II,341). Es decir en medio del mundo hay que santificarse por medio del trabajo y apostolado, según el estado y condición de cada cual, viviendo para Cristo, viviendo a su servicio, viviendo para amarme.

Al exhortar a sus hijos a fijar su mirada en la patria celestial y alejarla de los bienes terrenos, nos suele decir «Escuchemos lo que el Señor nos dice al respecto por boca de su santo apóstol San Pablo: “No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve” (2Cor 4,18); nosotros no miramos las cosas que se ven, sino aquellas que no se ven. Y es justo que contemplemos los bienes del cielo sin preocuparnos por los terrenos, porque aquellos son eternos y éstos son pasajeros» (Epist. II,190).

«Por lo que respecta a la mortificación de la carne, san Pablo nos advierte que “los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus vicios y sus concupiscencias” (Gal 5,24).

De la enseñanza de este santo apóstol se deduce que el que quiere ser verdadero cristiano, el que vive en el espíritu de Jesucristo, debe mortificar su carne, no por otro motivo, sino por devoción a Jesús, que por nuestro amor quiso mortificar todos sus miembros en la cruz. Esta mortificación debe ser continua, constante y no a ratos, duradera como la vida misma. Más aún, el verdadero Guerrero de la Pía Unión debe desear, no aquella mortificación rígida, sólo de apariencias, sino la que de verdad es dolorosa. Así debe ser la mortificación de la carne, porque el Apóstol, no sin motivo, la llama crucifixión. ¿Que algunos nos podrían objetar preguntando por qué tanto rigor contra la carne? Insensatos, si reflexionasen atentamente en lo que dicen, se darían cuenta de que todos los males que padece su alma provienen de no haber sabido o no haber querido mortificar su carne como se debía. Si quieren curarse, allá en la raíz, es necesario dominar, crucificar la carne, porque es la causa de todos los males.

El Apóstol añade además que: «con la crucifixión de la carne va unida la crucifixión de las vicios y de las concupiscencias. Ahora bien, los vicios son todos los hábitos pecaminosos; las concupiscencias son las pasiones; y los unos y las otras deben ser mortificados y crucificados permanentemente para que no arrastren la carne al pecado: quien se queda sólo en la mortificación de la carne se parece al insensato que edifica sin poner los cimientos (Epist. II,204). 

San Pablo era ciudadano Romano, de lo que se sentía orgulloso, era el más docto de los Apostoles, hablaba latín, griego y arameo. La formación académica es muy importante para la Pía Unión por tanto encomiendense a Nuestro Santo Patrón.

En todos los Oratorios haya una imagen de San Pablo, de pié con una espada aria en la mana hacia abajo, y debajo del brazo el libro de sus epístolas.

 

Después de rezar cada parte del Santo Rosario, récese esta oración tres veces al día. 

¡Señor Jesús tened compasión de mí pobre pecador!

Yo tengo mi confianza puesta en vos y por intercesión de San Pablo os pido: ¡Sálvadme, Jesús! Perdonad mis pecados, conocidos y desconocidos. Libérarme, Señor, de todo yugo de Satanás en mi vida. Libérarme, Jesús, de todo vicio y de todo dominio del mal en mi mente. Líbrarme, del  orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y de cada falsa seguridad, para que pueda conocer y vivir la riqueza de viestro Amor. Que toda mi vida de pecado sea crucificada en Tu cruz. ¡Lávarme con Tu Sangre, purifícarme, libérarme, Señor! En vuestra presencia, quiero perdonar a todas las personas que me ofendieron; y así como estoy pidiendo vuestro perdón para mis pecados, contando con vuestra gracia, yo las perdono y las entrego a vos, aclamando sobre mí y sobre ellas Tu infinita misericordia. Cambia los corazones de mis seres queridos necesitados de vos. Y ahora, Jesús, os pido que vengas a mí; yo os recibo como mi dueño y Señor. Venid  a vivir en mí, dame la gracia de vivir intensamente vuestra Palabra en todas las circunstancias de mi vida. Inúndame con vuestro Espíritu. Venid a vivir en mí, Jesús, y no permitais que yo me aleje de Vos. Amén

 

Pablo Lazo Pbro.

Director General de la Pía Unión de San Pablo Apóstol.   

Quien desee obtener más información al respecto, puede escribir al siguiente correo  electrónico: secret.monsrojas@hotmail.es, o llamar por teléfono al 680 813 102. Será un placer atenderle.