Blasón y Bandera de la Pía Unión de San Pablo Apóstol.

Descripción del Blasón y Bandera de la Pía Unión de San Pablo Apóstol.

En el centro del blasón hay un manto de azur, sembrado de estrellas, con vueltas de armiño. El azur representa la lealtad, la confianza, la sabiduría, la inteligencia, la fe, la verdad. En heráldica simboliza la sinceridad y la piedad, está asociado a la belleza de las cosas, la majestuosidad y la abundancia en el plano espiritual. El manto real es, por ende, símbolo de la Realeza y Abolengo de Linaje y eminencia de Casta (1), privilegiada por el Criador, en su sapientísimo Orden y Predestinación, dentro del cual el Hacedor ha conformado privilegiadamente a aquella, con Premoción Física y Divino Concurso sobre las Causas Segundas de selecta humanidad, casta de cualidades preminentes, sin par en las demás razas humanas. Si bien, la Santidad y su grado, en cada individuo agraciado por ella, sólo dependen de la Divina Gracia, según el designio sobrenatural y libérrimo albedrío de Dios nuestro Padre, Rey Absoluto, Criador del Universo.

El armiño es animal tan limpio, que prefiere ser muerto a perder su limpieza. La sublime casta está aquí simbolizada para indicar que Cristo Rey Supremo era de la de Hiperbórea y la Atlántida, según las características somáticas que se advierten en la Sábana Santa, concordantes sólo con el antiguo prototipo egipcio ejemplar en el arte faraónico, según inferimos del relato de Solón, reportado por Platón, resultando, además, que nuestro Dios y Señor Jesucristo es Unigénito de la siempre Virgen, María Santísima, de la segregada Tribu de Leví o Sacerdotal (por ello el color del manto y las estrellas, en alusión a la Maternidad Divina de la Inmaculada Progenitora), y, putativamente, a través de la paternidad adoptiva de San José, siendo Nuestro Dios y Señor Jesucristo prosapia puramente legal de la Tribu del rubicundo y ojiceleste albo Rey David, el cual místicamente nos hace partícipes de su Realeza, nos asocia a su natural de casta selecta, entre todas por Dios escogida y privilegiada sobrenaturalmente, cual medio humano y material culminantemente contributivo, de la Redención, ora acogiéndonos, ora asimilándonos jurídicamente a dicho Linaje (2), es decir, haciéndonos, de un modo u otro, miembros de su Sagrada Estirpe y Casta, y asociándonos íntimamente a la Sagrada Familia.

En el centro del manto, una Cruz, la del Dios Hombre, Salvador, Crucificado. Sobre ella una espada aria en forma de cruz. "Nolite arbitrari quia venerim mittere pacem in Terram, non veni pacem mittere, sed glaudium" (San Mateo, 10, 34), espada bendita, símbolo característico de Nuestro Santo Patrón y Protector, San Pablo de Tarso, la misma con la que, antes de su milagrosa conversión a Cristo y a la Cruz Redentora, persiguió y martirizó a los primeros Cristianos.

Los miembros de la Pía Unión somos Sacerdotes y Agregados de Número Guerreros de Nuestro Dios y Señor Jesucristo Rey Absoluto Infinito, Soberano Universal y Eterno. Formamos parte los Clérigos del Sacerdocio Ministerial investido de su propia Espiritualidad Sacerdotal y además noble y marcial Cristiana, los Agregados de Número con votos privados y Agregados de Número casados o solteros.

Ser Apóstol, Confesor de la Fe, o llegar a ser Mártir de la misma, constituyen las gratuitas opciones que la Divina Providencia nos proporciona, para que nos sean aplicados los divinos méritos de la Redención de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, para lo cual enarbolamos nuestro estandarte de Sacerdocio Sacro y Milicia Espiritual Cristiana, en lo posible desde el doble estamento de Sacerdocio y Nobleza, Agregados de Número, más prestando meticulosa atención a todo detalle y disciplina, para, por esta vía, propiciar la sentencia absolutoria y enaltecedora que pronuncie Nuestro Redentor y Remunerador misericordioso cuando exclame: " Euge serve bone, et fidelis: quia super pauca fuisti fidelis, super multa te constituam; intra in gaudium Domini tui." (San Mateo, 25, 21).

San Pablo ostentaba la condición jurídica de Ciudadano Romano, de lo que estaba orgulloso haciendo expresamente gala de ello, y era el más culto de los Apóstoles, de tal manera que sus enjundiosas epístolas siempre han sido divina y profundamente didácticas desde el primer siglo de existencia de la Santa Iglesia. Por ello destacamos la sapiencia, Sacerdotalidad Ministerial y Milicia Espiritual Cristiana predicada por San Pablo, inspirado por Dios, marcialidad pues, mentalmente eminente, que nosotros aplicamos con predilección y esmero al estudio y formación en todos los saberes, para que, como Sacerdotes y Agregados de Número exitosamente deseosos de ser sabios Guerreros Espirituales católicos, podamos atraer a las almas postergadas por la perfidia y envidia de los réprobos gobernantes degenerados modernos, contra cuyos ataques nos defendemos con la Cruz Espada divina de Nuestro Sacratísimo Fundador, Emmanuel, de modo que, en piadosa imitación de San Pablo y de su inteligencia, notoria en sus epístolas divinamente inspiradas, que dieron lumen de Sabiduría a una Iglesia, hostigada por los secuaces del Maligno, seamos luz en el mundo, también en medio de la hodierna diabólica tempestad que veja cruelmente y eclipsa a la Iglesia Santa de nuestro Divino Fundador, Cristo, padeciéndose desde hace decenios una espantosa masiva apostasía, como jamás la ha habido antes.

El manto está rematado por la Corona Real, símbolo de la Stma. Virgen, "Mater et Regina Apostolorum et Regina Omnium Sanctorum", a la cual acudimos siempre, reconociendo el poder mediador que su Divino Vástago, Jesucristo, le ha obsequiado respecto de su adorado Corazón, y rezamos diciendo: ¡Oh excelsa celestial Tesorera del Sacratísimo Corazón de Jesús, que es el manantial inagotable de todas las gracias, el cual podéis abrir a vuestro gusto, para derramar, sobre los hombres, todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra Vuestro Divino Hijo, concedednos, os lo suplicamos, tan maravillosas sobrenaturales joyas de gozosa Vida Eterna! Nuestra bondadosísima Madre, merecedora de nuestro culto de hiperdulía, Medianera e Intercesora Suprema ante el Redentor, nos concederá las gracias que le pidamos y convengan a nuestro espíritu, estado y condición. Así sea.

El manto está en campo de argén, color que se asocia a la luz, la bondad, la inocencia y la virginidad. Se le considera el color de la perfección. En heráldica, representa fe y pureza, la simplicidad, el despojo de todo lo terreno a favor de lo divino. Cualidades, todas ellas, que el Guerrero Espiritual de Nuestro Rey Supremo debe poseer. Su ejército viador Sacerdotal y de Agregados de Número es vasallo incondicional de su Dios y Señor, Soberano del Reino Celeste y del universo mundo. El Sacerdote Guerrero y Agregado de Número Espiritual Cristiano, cumpliendo fielmente con sus deberes en seguimiento cabal a Nuestro Divino Rey, "Omnia bene fecit". Los miembros de esta Pía Unión quieren perfeccionarse y santificarse, cumpliendo con pulcritud, las simples, y no obstantes perfectas actividades cuotidianas, llevándolas a cabo con plenitud, satisfaciendo sacrificada, plenamente, y con vocación de largueza y heroísmo, las necesidades espirituales y corporales y de decoro de los propios miembros, cultivando también el celo apostólico por las almas, según los talentos que Dios Nuestro Señor nos ha dado. Así lo impetramos y esperamos pues, el celestial premio y galardón, simbolizados en la corona de laurel que timbra el blasón, cuando oigamos a nuestro Dios y Señor, Cristo amantísimo y amadísimo, Hijo Unigénito de su Inmaculada y por siempre Benditísima Madre, que nos diga: “Venite benedicti Patris mei, possidete paratum vobis regnun a constitucione mundi.” (San Mateo, 25, 34).

El blasón se encuentra enmarcado en una cartela de oro, color del sol, de lo divino, del hombre que ha superado las pruebas y se conoce a sí mismo. En heráldica representa la nobleza, la lealtad, el honor, la magnanimidad, la riqueza, el poder, la luz, la constancia y la sabiduría. El oro significa la "Ética Solar", la Moral Divina Cristiana absoluta, el esplendor del triunfo integral eclesial, la regia recompensa que Cristo, Nuestro Dios y Señor otorgará de cierto a quienes, hasta el tránsito al Más Allá, hayan perseverado en la lealtad a Dios y su Santa Iglesia llevando a plenitud los talentos dados.

Por lema, el que lo es de nuestro Obispo y Fundador, Mons. de Rojas Sánchez-Franco: “Per Eam, et cum Ea et in Ea”, pues a la victoria, a Cristo Señor Nuestro, sólo podemos llegar por, con y en María Stma., luchando por, con y en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, nuestro Rey.

Como soporte diestro, un águila nimbada de San Juan Evangelista, siendo este uno de los principales Patronos y Protectores de la Pía Unión, y de cuyo linaje apostólico desciende Mons. Thuc, y, por ende, Mons. Subirón y Mons. de Rojas, y el sacerdocio de los Presbíteros por ellos ordenados. Haciendo alusión, también, al origen español de la misma, pues esta figura fue escogida por la reina Isabel la Católica, debido a su especial devoción al santo Apóstol, e incorporada en el escudo de los Reyes Católicos y los reyes de las Españas durante los reinados de los Hasburgo, así como en los escudos de Catalina de Aragón y Felipe II como reyes consortes de Inglaterra o María I Tudor hija de Catalina de Aragón y nieta de los Reyes Católicos.

Como soporte siniestro, un lobo de sable rampante, en alusión a San Ignacio de Loyola, Patrón y Protector de la Pía Unión, y a su prominente espiritualidad ignaciana. El lobo aparece como figura en el blasón de los Loyola, así como en el de la familia de los Haro (siendo Don Diego López de Haro fundador de la Villa de Bilbao), y por lo tanto en los escudos de Bilbao y de Vizcaya. Por lo que este evoca, de igual modo, el origen de nuestra fundación, en Bilbao, Vizcaya, España, y la marcada espiritualidad jesuítica de la misma.

La Bandera está formada por dos franjas horizontales de igual tamaño, de azur la superior (color que representa la lealtad, confianza, sabiduría, inteligencia, fe, verdad, sinceridad y piedad, está asociado a la belleza de las cosas, la majestuosidad y la abundancia en el plano espiritual) y argén la inferior (color que se asocia a la luz, la bondad, la inocencia y la virginidad, la perfección, fe y pureza, la simplicidad, el despojo de todo lo terreno a favor de lo divino), colores, en definitiva, de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, Patrona y Protectora de la Pía Unión de San Pablo Apóstol. Situándose el blasón en el centro de la misma. La bandera siempre está en la fiestas de relevancia, junto a la de España en los Oratorios, Capillas e Iglesias de la Pía Unión de San Pablo Apóstol y son rendidas al alzar a Jesús Sacramentado durante el Santo Sacrificio de la Misa.

 

+Paulus de Rojas Episcopus et Dux Piæ Unionis Sancti Pauli Apostoli.

 

(1) Escribo la palabra casta, en vez de raza, porque raza es vocablo de finales del siglo XV en el idioma español, y casta viene de una voz visigoda, que significa caja, o recipiente. "Casta" es la palabra castiza de raza en sentido biológico actual, sin precisiones mendelianas, que no afectan a la semántica.

 

(2) Nuestro Señor Jesucristo es jurídicamente de la estirpe de David por línea agnática putativa de San José, pero, en la carne, es hijo exclusivamente de la Virgen, de la Tribu de Leví, Sacerdotal, que se considera segregada del resto del pueblo comúnmente denominado "hebreo". Ello no empece a la Raza biológica mendeliana de Cristo, cuyas características somáticas se advierten en la Sábana Santa, concordantes sólo con el prototipo egipcio ejemplar en su arte faraónico, que privilegia al Canon atlante, según la enseñanza que Platón refiere transmitía al sabio egipcio Solón encomiando a la Atlántida, cuya existencia narraba, subyaciendo consecuentemente la predilección por el atlante y su figura racial propia.